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Derechos Humanos: 70+1

La Declaración Universal de los Derechos Humanos fue aprobada, por la Asamblea General de las Naciones Unidas, el día 10 de diciembre de 1948. Se cumplen, pues, 71 años de aquel acontecimiento. No es un número redondo, pero nos puede dar ocasión para reflexionar en torno a ello. Planteo tres cuestiones: ¿Hasta cuándo debemos luchar por los Derechos Humanos; a quiénes deben llegar estos derechos y quiénes debemos implicarnos?
En el Evangelio de san Mateo se narra la escena en la que Pedro le pregunta a Jesús cuántas veces debe perdonar a su hermano, ¿hasta siete veces? La respuesta de Jesús es exigente: «No te digo siete veces, sino setenta veces siete» (Mt 18, 22). Nosotros podemos preguntarnos a nosotros mismos y preguntar al Señor: ¿Hasta cuándo debemos seguir luchando por los Derechos Humanos? ¿Hasta setenta años? Y, en tal caso, escucharemos una voz que nos invita a seguir: hasta setenta veces siete o, si prefieren, hasta 70+1. Siempre un poco más.
Sabemos que, como señala el Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, en su número 158, «la proclamación de los derechos del hombre se ve contradicha por la violación de los mismos […]. Lamentablemente existe una distancia entre la “letra” y el “espíritu” de los derechos del hombre». La Iglesia, ante esta realidad, entiende que «el trabajo pastoral se desarrolla en dos direcciones: anuncio del fundamento cristiano de los derechos del hombre y denuncia de las violaciones de tales derechos» (Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, n. 159). Por ello, no podemos cejar en nuestro empeño. Hasta 70+1 veces.
En segundo lugar, es necesario reflexionar sobre el ámbito de aplicación. «Los derechos humanos deben ser tutelados singularmente, pero también en su conjunto: una protección parcial se traduciría en una especie de falta de reconocimiento» (Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, n. 154). La Declaración es teóricamente universal, aunque recoge solo treinta artículos. Mencionemos solo dos ejemplos de ampliación. Desde que se aprobó, «el campo de los derechos del hombre se ha ampliado a los derechos de los pueblos y de las Naciones: ya que, lo que es verdad para el hombre es verdad para los pueblos» (Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, n. 157). Otro ejemplo lo encontramos en el reconocimiento de que «el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal» (Laudato Si´, n. 30). Así pues, no son treinta derechos, son 70+1.
Pero es que, además, el problema no se resuelve con formulaciones teóricas o jurídicas, por importantes que sean estas. Porque, como denuncia el Papa Francisco, «seguimos admitiendo en la práctica que unos se sientan más humanos que otros, como si hubieran nacido con mayores derechos» (Laudato Si´, n. 90). Y de nuevo, las claves simbólicas de la Biblia nos pueden ayudar. En el libro del Génesis se enumeran «los descendientes que les nacieron a Sem, Cam y Jafet, los hijos de Noé, después del diluvio« (Gén 10, 1). Esta lista presenta un elenco de todos los pueblos de la tierra que son, curiosamente, setenta (o setenta y dos). Este número habla de universalidad. La alianza de Dios llega a toda la tierra, así como los derechos humanos deben cumplirse para todos los pueblos. 70+1.
Finalmente, el número de setenta también nos permite preguntar, ¿quiénes son los que deben luchar por los derechos humanos? Sabido es que, en la tradición judía, se atribuye a setenta sabios (los LXX) la traducción de la Biblia hebrea al texto griego conocido como la Septuaginta. Pero estos setenta aparecen en ocasiones como 72. El evangelista Lucas se inspira en esta tradición para decir que Jesús «designó a otros setenta [discípulos] y los envió por delante, de dos en dos» (Lc 10, 1). Algunos manuscritos leen 70 y otros 72. Aplicando esto al tema que nos ocupa ahora, podemos decir que los luchadores por los derechos humanos debemos ser todos: setenta, como número de plenitud, y alguno más como indicador del compromiso personal. No son solo los sabios, los eruditos, los expertos, los juristas, los políticos o los activistas. Somos todos. 70+1. Justo hace un año, en diciembre de 2018, el Papa Francisco dirigió un mensaje a los participantes en la Conferencia Internacional «Los derechos humanos en el mundo contemporáneo: conquistas, omisiones, negaciones», organizada en Roma. Allí decía que, ante la violación de los derechos humanos, «todos somos cuestionados» y que, «por lo tanto, cada uno está llamado a contribuir con coraje y determinación, en la especificidad de su papel, a respetar los derechos fundamentales de cada persona, especialmente de las “invisibles”: de los muchos que tienen hambre y sed, que están desnudos, enfermos, son extranjeros o están detenidos (cfr Mt 25, 35-36), que viven en los márgenes de la sociedad o son descartados».
Así, pues, estos 70+1 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos nos invitan a seguir caminando. No está todo resuelto, ni mucho menos. Como dice un proverbio que se ha aplicado con frecuencia a la lucha por los derechos humanos, «vale más encender una vela que maldecir la oscuridad». Una vela más, una persona más, un derecho más, un año más. Hasta 70+1 velas. Como dice el profeta, por amor a mi pueblo no callaré ni descansaré «hasta que su liberación resplandezca como luz y su salvación brilla como antorcha» (Is 62, 1).

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