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Derechos, deberes y progreso
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Derechos, deberes y progreso

Han pasado ya cincuenta años desde aquel 14 de mayo de 1971 en el que el papa san Pablo VI publicó su carta  Octogesima adveniens.  Tras mencionar los problemas sociales que presentaban entonces una mayor gravedad, el Papa reflexionaba en la segunda parte sobre las aspiraciones fundamentales y sobre las ideologías que trataban de imponerse en la sociedad.

  1. Según él, hay que reconocer la doble aspiración de las personas a la igualdad y a la participación. En ellas se afirma al mismo tiempo la dignidad de la persona humana y su libertad (OA 22).
  2. Para defender y estructurar esas dos aspiraciones, se ha propuesto la defensa de los derechos humanos. Pero, a causa de las injustas discriminaciones étnicas, culturales, religiosas y políticas, esos derechos son desconocidos y burlados, o se quedan en puras formalidades.
  3. El Evangelio promueve el respeto privilegiado a los pobres y el servicio al prójimo. Pero si no hay solidaridad, aun la afirmación de la igualdad puede esconder un individualismo donde todos defienden sus derechos sin hacerse responsables del bien común. Solo el amor asegura las condiciones de la paz, al afirmar nuestra fraternidad universal  (OA 23).
  4. Por eso, además de los derechos, se han de recordar los deberes de cada uno de cara a los demás. Ahora bien, el sentido y la práctica del deber están condicionados por el dominio de sí, así como por la aceptación de las responsabilidades y los límites de la libertad de la persona o del grupo (OS 24).
  5. Ni el Estado ni los partidos políticos pueden imponer una ideología que lleve a la dictadura de los espíritus. Pablo VI denuncia la ideología marxista, su materialismo ateo, su dialéctica de violencia, su modo de entender la libertad y su negación de toda trascendencia. Pero la fe cristiana tampoco apoya la ideología liberal, que estimula la búsqueda exclusiva del interés y del poder (OA 26).
  6. Toda ideología social puede dejar enajenado al ser humano y convertirse en un nuevo ídolo, en el que se apoya una justificación para la acción, aun violenta, que desemboca en una auténtica esclavitud (OA 27-28).
  7. Superar las ideologías podría abrirnos a la trascendencia, pero puede también generar un nuevo positivismo: el de la técnica como forma dominante del dinamismo humano, como modo invasor de existir, como lenguaje que olvida la cuestión de su sentido (OA 29).

A la vista de los diversos movimientos históricos, el Papa propone un cuidadoso discernimiento sobre la aplicación concreta de sus ideas filosóficas y sobre la pretendida supremacía de la ciencia y de la técnica. Y concluye que el verdadero progreso consiste en el desarrollo de la conciencia moral. Esta es la que ha de impulsar a la persona a vivir la solidaridad y a abrirse libremente a los demás y a Dios.



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