Internacional

Denis Mukwege, el hombre que «sana a las mujeres»

Denis Mukwege, el hombre que «sana a las mujeres», hoy en la audiencia del Papa

Presente hoy en la Plaza de San Pedro entre los fieles, estuvo el Premio Nobel de la Paz 2018, Denis Mukwege, médico y activista congoleño quien, al final de la audiencia general, saludó al Papa Francisco. Asimismo, ante los micrófonos de Vatican News contó la historia de su compromiso en defensa de las mujeres en la República Democrática del Congo que son víctimas de violación.

 

Ciudad del Vaticano, Vatican News, 22 de mayo de 2019

Nacido el 1 de marzo de 1955, en Bukavu, República Democrática del Congo, Denis Mukwege es ahora conocido en todo el mundo. Estudió medicina primero en Burundi y luego en Francia, especializándose en ginecología y obstetricia. De vuelta a casa, fundó en 1998 en Bukavu el «Hospital Panzi», dedicado al tratamiento de las mujeres víctimas de violación, una verdadera plaga en su país.

Más de 40.000 niñas y mujeres congoleñas han sido tratadas por él hasta la fecha. Es considerado el principal experto mundial en la reparación de los daños físicos y psicológicos causados por la violencia sexual. Por su lucha por los derechos humanos, en 2014 recibió el Premio Sájarov del Parlamento Europeo y en 2018 el Premio Nobel de la Paz.

El trabajo de Mukwege con mujeres víctimas de la violencia

Además el hospital que dirige el Dr. Mukwege ayuda a las mujeres a desarrollar nuevas aptitudes para ganarse la vida, ya que muchas de ellas quedan excluidas de las comunidades después de ser violadas. Se ayuda a las niñas a volver a la escuela y se ofrece asesoramiento jurídico a quienes decidan acudir a los tribunales.

Por su compromiso con ellas, también es llamado el «hombre que salva a las mujeres». Asimismo, el Dr. Mukwege trabaja intensamente para sensibilizar a la opinión pública nacional e internacional, defender los derechos de las mujeres y poner fin a la violencia en la República Democrática del Congo. El hospital está situado en la provincia de Kivu del Sur, una zona pobre e inestable debido a los conflictos étnicos alimentados por el tráfico ilegal de inmensas riquezas minerales bajo tierra.

Los enfrentamientos armados son tan frecuentes como los ataques contra civiles, incluidas las violaciones colectivas utilizadas como arma de guerra para chantajear y doblegar a la población.

Mukwege: respetar a las mujeres para volver a la normalidad

En 2012, el Dr. Mukwege escapó de un ataque de hombres armados unas semanas después de su intervención en las Naciones Unidas, donde denunció la situación en la región y a los responsables de la violencia. Obligado a refugiarse con su familia en Europa, a pesar de las continuas amenazas, un año después regresó a la República Democrática del Congo para seguir las actividades del hospital. Hoy, miércoles 22 de mayo, ha tenido un breve encuentro con el Papa Francisco, del que ha hablado así en los micrófonos de Vatican News, entrevistado por Jean Pierre Bodjoko, de Vatican News:

R.- Creo que fue una reunión muy rica. Es un Papa que conoce muy bien los problemas de mi país y que se interesa por los desfavorecidos, los pobres y los más humildes. Cuando uno mira todos los principios defendidos por el Vaticano, como el respeto a la dignidad humana, eso es muy importante. Creo que enseñando a la gente estos valores de amor, estos valores de considerar al ser humano creado a imagen de Dios, esta dignidad que debemos tener, creo que este es un gran valor que estamos perdiendo y debemos encontrar absolutamente los medios y colaborar con otros hombres de Dios que creen en estos valores que Dios ha dado al hombre.

¿Qué lugar ocupan las mujeres hoy en su vida y en su trabajo como ginecólogo, especialmente aquellas que han sufrido violencia? A usted se le conoce como «el médico que sana a las mujeres»…

– Pienso que hay que respetar a las mujeres y creo que para respetar a las mujeres primero debemos considerarlas iguales a nosotros los hombres.

Creo que es la diferencia que hacemos entre el hombre y la mujer lo que nos permite considerar a la mujer como un ser inferior y de esta manera entramos en el proceso de su destrucción, olvidando por completo que ella es igual a nosotros y que ella es nuestro «cara a cara» y que Dios la creó a su imagen. Creo que nuestra sociedad congoleña no podrá ponerse en marcha si no damos a las mujeres el lugar que se merecen.

Usted no es simplemente un congoleño, un africano, sino un ciudadano del mundo, tras la concesión del Premio Nobel de la Paz, que se suma a otros premios que ya ha recibido en el pasado. ¿Este reconocimiento mundial añade algo a su trabajo?

– Soy ginecólogo, obstetra. Trabajo mucho, hago muchas cirugías. Pero desde hace más de ocho años, después de haber practicamente «vivido» en el quirófano donde atendía a las madres y a sus hijas, he dejado la sala de cirugías para tratar de informar al mundo de lo que está ocurriendo en la República Democrática del Congo. Debemos asegurarnos de que la gente no olvide que este país ha sido martirizado durante más de 20 años. Este país ha perdido más de seis millones de personas, a menudo debido a las masacres, el hambre o la falta de atención… ¡Pero seis millones de personas es un número enorme! Y hay cientos de miles de mujeres que han sufrido violencia. Creo que es necesario darse cuenta de que esta situación es muy grave. Solía pasar el 25% de mi tiempo tratando de hacer saber al mundo lo que está sucediendo aquí, pero hoy, con el Premio Nobel, paso un poco más del 50% de mi tiempo haciendo llamamientos. Creo que será un período breve, pero espero que junto a los congoleños con todos sus amigos y todas las personas que rezan y actúan por nosotros, algún día podamos decir por fin que el Congo es un país en paz, donde los niños pueden crecer sin miedo a la muerte, sin miedo a no poder ir a la escuela.

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