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Del esperar a la vulnerabilidad, lo que un jesuita aprendió de los esquimales

Bert Daelemans SJ fue por voluntad propia hasta Alaska. Belga, teólogo  y artista, imparte clases de teología en la Universidad de Comillas. Había llegado el momento de su tercera probación, y tenía que hacer algo diferente. Ser sacerdote en medio de la naturaleza tenía poco en común con dar clases en una ciudad de millones de habitantes… y allí fue después de 30 días completos de ejercicios espirituales.

De su experiencia  con los equimales de Alaska ha surgido un libro, A orillas del Yukón, en el que cuenta su experiencia.. Sobre este tema ha tratado con Fernando Cordero en una entrevista de Youtube, en el canal Cruzando Fronteras. Entre otras cosas, Daelemans ha destacado cinco aprendizajes:

1. Esperar

«Esperar… cronológicamente. Allí hay que esperar el avión, que cambie el tiempo, que  el pez muerda el anzuelo. Hay que esperar la primavera y a la naturaleza. Esperar es confiar que Dios se haga presente en medio de nosotros».

2. La naturaleza

«Dependen mucho de la naturaleza y la viven como hogar con cercanía. Tienen un sentido de pertenencia y la ven como santuario. Es majestuosa».

3. Los ancestros

«Impresiona ver el respeto y gratitud hacia los ancestros, que viven como espíritus benignos y malignos. Pero también muestran un profundo respeto por los ancianos, que son los valores que guían y dan identidad a un pueblo. De generación en generación se transmite quiénes somos y cómo podemos sobrevivir. Hay respeto por el anciano de una manera que no he vivido tanto en Europa».

4. Sencillez y alegría

«Es difícil. Hay oscuridad en invierno y hielo, y una alta tasa de alcoholismo y suicidio. Pero a pesar de los obstáculos salen adelante con los sentidos, porque cazar y pescar son vidas sencillas. Es posible ser feliz con poco y permite conectar».

5. La vulnerabilidad

«Lo más bello de todo es que el umbral que nos permite conectar con la persona es la vulnerabilidad. Ese es el mayor regalo que he recibido. Llegué fácilmente a mis límites, había preparado muchas cosas y cuando llegué, no las tenía. Dependía de los abrigos que me regalaban… pero sobre todo dependía del cariño que recibí».

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