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Dejémonos contagiar por la confianza, la solidaridad, la esperanza, la responsabilidad y el amor, ¡no por el virus!

Queridos hermanos y hermanas en Cristo Resucitado,

Estamos a punto de las fiestas de Navidad. El mes pasado, lo iniciamos rezando juntos con ocasión de la fiesta de Todos los Santos y de la conmemoración de los Fieles Difuntos, manteniendo así el recuerdo entrañable de familiares, amigos, hermanos en la fe y desconocidos, además de los que nos han dejado a lo largo de estos meses de pandemia, víctimas del coronavirus. Ahora, en pleno tiempo de Adviento y caminando hacia la Navidad, nos disponemos a mirar con esperanza el futuro inmediato y acompañando la inseguridad sanitaria y económica que afecta a tantos hermanos y hermanas nuestros debido a los continuos rebrotes de contagio que se están produciendo en diversos lugares, también entre nosotros en nuestra isla, situación que pide con urgencia que actuemos con prevención y mucha responsabilidad ante esta extensión del mal que afecta a todas las edades y capas sociales. Nunca tan bien dicho que se trata de «portarnos bien».

1. Una Iglesia integrada en el pueblo, al servicio de todos y de los más necesitados

Hemos estado atentos y hemos querido cumplir las prescripciones que nos venían de las autoridades sanitarias y políticas durante todo este tiempo. Ha sido y es ejemplar el cumplimiento de estas normas en las iglesias y lugares de culto, como también el comportamiento en otras dependencias para llevar a cabo las habituales actividades pastorales. Hemos querido hacerlo detalladamente y sirviendo de la mejor manera posible los intereses de la salud personal y pública, renunciando incluso a algunos derechos individuales y orientándolo todo al bien común. Nuestra contribución como Iglesia se ha concretado sobre todo en la acogida que están realizando las parroquias mediante la atención a los enfermos y acompañando a las familias en el duelo, además de las ayudas en lo más básico, atención que va en aumento tanto a nivel material como espiritual. De ello son un ejemplo diario los capellanes, los religiosos y religiosas, los trabajadores y trabajadoras de Cáritas, junto a los numerosos voluntarios y voluntarias de Cáritas diocesana y de las Cáritas parroquiales, como también los agentes de la pastoral de la Salud y del Duelo, quienes casi sin descanso están prestando su servicio. De la misma manera, es también la Iglesia que actúa a favor del pueblo que sufre, cuando

numerosos médicos, enfermeros y enfermeras cristianos, junto con tantos otros profesionales en el entorno de la sanidad, están dando la vida en la primera línea de la pandemia en hospitales, clínicas y residencias. Nunca les agradeceremos lo suficiente el bien que están haciendo, siempre al lado de los enfermos, incluso al lado de los enfermos, en la mayoría de casos sustituyendo a la familia en la dramática circunstancia de no poder estar al lado de su familiar enfermo en el momento de la despedida. De ello, tenemos ejemplos constantes.

2. Dirigimos nuevamente una llamada firme y urgente a la responsabilidad personal y colectiva de todos

Y así seguiremos, ya que esta es la misión que nos ha encargado Jesús y que constituye uno de los aspectos más prioritarios de nuestra pastoral. Por ello, también seguimos realizando una llamada a la responsabilidad personal y colectiva para que sean observadas las normas que las autoridades sanitarias ponen en nuestro conocimiento para que las cumplamos y las hagamos cumplir. Las conocemos sobradamente, tanto las que nos afectan de forma individual como las que nos exigen un compromiso colectivo y que nos obligan en conciencia, ya que se trata de defender y conseguir un bien superior, la salud individual y la de todos. En el Evangelio, Jesús nos lo deja muy claro situándolo como primer valor.

Esta dramática situación, desenmascarando la vulnerabilidad humana, su inconsistencia y su necesidad de redención, cuestionando tantas certezas en la base de nuestras vidas, nos ha colocado –escribe el papa Francisco– ante interrogantes fundamentales sobre la felicidad y sobre el tesoro de nuestra fe cristiana. ¿Dónde están las raíces más profundas que nos sostienen a todos en esta tempestad? ¿Qué es realmente importante y necesario? La pandemia –sigue el Papa– es una señal de alarma que nos lleva a reflexionar precisamente sobre todo eso, y es un tiempo de prueba y elección para que podamos orientar nuestras vidas de una manera renovada a Dios, nuestro apoyo y nuestra meta.

Pensemos en la magnitud del problema: en ello nos va la salud personal y colectiva, nos va la actividad económica, nos va en ello la salud del planeta. Jamás habríamos pensado que fuese toda la humanidad la que quedase involucrada y comprometida. Por ello, la responsabilidad –que es la vacuna inmediata de que disponemos– es mayor y afecta al bien común, nos afecta a todos sin distinción. No podemos regresar a la normalidad de antes, tenemos que ser creativos de una realidad nueva para todos. El papa Francisco nos dice que cuando estaba redactando la encíclica Fratelli tutti, «irrumpió de manera inesperada la pandemia de Covid-19 que dejó al descubierto nuestras falsas seguridades. Más allá de las diversas respuestas que dieron los distintos países, se evidenció la incapacidad de actuar conjuntamente […] Si alguien cree que sólo se trataba de hacer funcionar mejor lo que ya hacíamos, o que el único mensaje es que debemos mejorar los sistemas y las reglas ya existentes, está negando la realidad» (FT 7).

Se trata de apostar por la dignidad de cada persona y por los derechos humanos. «El respeto de estos derechos –dice el papa Francisco– es condición previa para el mismo desarrollo social y económico de un país. Cuando se respeta la dignidad del hombre, y sus derechos son reconocidos y tutelados, florece también la creatividad y el ingenio, y la personalidad humana puede desplegar sus múltiples iniciativas en favor del bien común». Y en ello estamos a la hora de organizar dentro y fuera del ámbito de nuestras actividades eclesiales. Debemos seguir con el ánimo renovado cada día, haciendo todo lo que tenemos que hacer, aunque sea con limitaciones humanas y medios más pobres. La celebración de las próximas fiestas de Navidad y Año Nuevo serán seguramente una prueba, ya que no

disminuiremos en nada la vivencia de lo esencial. Ya lo experimentamos la pasada Semana Santa y Pascua, y lo experimentamos en la cotidianidad.

3. Las celebraciones navideñas, vividas en lo que es esencial, el nacimiento de Jesús

Según las últimas resoluciones, debemos tener en cuenta el número propuesto de personas en los encuentros sociales y familiares, exceptuado el caso de las personas convivientes, a las que no se aplica esta recomendación. El aforo máximo de los lugares de culto sigue siendo del 30%. Siguen vigentes todas las anteriores normas relativas a llevar siempre la mascarilla, el lavado de manos, la distancia y las que ya indicamos sobre les medidas cautelares en las celebraciones litúrgicas, especialmente en la Eucaristía, como recibir la comunión en la mano y respetar las medidas higiénicas. Hay que tener igualmente en cuenta las restricciones nocturnas de circulación para vigilias de oración o celebraciones afectadas por la franja horaria que se haya decretado.

Estas últimas indicaciones afectarían ciertos horarios acostumbrados para los Maitines o la celebración de la Misa de la noche de Navidad o alguna otra. Es aconsejable que dichas celebraciones se hagan, aunque se adelanten unas horas para no verse afectadas por la restricción horaria. Debido al aforamiento limitado y a que los asientos a ocupar son contados para toda la celebración, se ruega que no se entre y salga de la iglesia en cualquier momento (como, p.e., pasa en algunos lugares después del canto de la Sibila). Si alguien lo hiciera, piense que sería un gesto de poca solidaridad, ya que quedarían asientos vacíos, que, por razón del aforamiento restringido al 30%, no podrían ocuparse por alguien que hubiera deseado entrar y permanecer.

En la Catedral, la celebración de la noche de Navidad –a las 19:00– se retransmitirá en directo por streaming, y por IB3TV a las 23:00 en diferido.
En el Santuario de la Virgen de Lluc, la misma celebración será a las 18:00 y será retransmitida por streaming y por Canal 4 TV en directo. Desde la Diócesis y mientras sea posible se recomienda la participación presencial en las celebraciones, a excepción de aquellas personas que, por razón de edad, enfermedad u otro impedimento físico, están dispensadas. La intención es seguir con los horarios normales establecidos en cada lugar y facilitar la participación de todos.

4. Fiestas de l’Estendard, san Antonio y san Sebastián

También de cara al último día de diciembre y al mes de enero, la Iglesia de Mallorca, como lo hacemos cada año, convocamos a la celebración de la Eucaristía del día 31 de diciembre, fiesta de l’Estendard, en la cual –dada la significación de la Jornada– invitamos a orar especialmente por nuestro pueblo mallorquín y por los que nos gobiernan. El papa Francisco nos insiste para que todos asumamos nuestra responsabilidad en la creación de un pueblo de hermanos como fraternidad abierta, haciendo lo posible para llegar a la amistad social y a la caridad política, que supone haber desarrollado un sentido social que supere toda mentalidad individualista. «Cada uno es plenamente persona cuando pertenece a un pueblo, y al mismo tiempo no hay verdadero pueblo sin respeto al rostro de cada persona. Pueblo y persona son términos correlativos» (cf. FT 182).

De la misma forma, en todas las celebraciones litúrgicas de la fiesta de San Antonio, Abad, tan arraigadas en nuestra tierra y que constituyen el origen de tantas fiestas populares, es importante que los actos litúrgicos de oración y la Eucaristía se celebren, aunque sea observando la normativa de aforamiento y medidas sanitarias. Os invito a que

en este día oremos especialmente por nuestra Iglesia de Mallorca, por todas las parroquias y comunidades que la formamos, por las actividades pastorales, las vocaciones al sacerdocio, a la vida religiosa y a los ministerios laicales, por la educación cristiana en las familias y en los colegios, añadiendo las intenciones concretas de cada lugar, teniendo sobre todo cuidado de los más débiles.

Igualmente, la fiesta de san Sebastián, patrono de la ciudad de Palma. Dicha celebración tendrá un carácter especial de rogativa para pedir la intercesión del santo mártir para que seamos liberados del mal de la COVID-19 y de tantos otros males, ya que el santo –en tiempos de pandemia– es especialmente invocado como intercesor ante Dios por este motivo, como lo ha sido en otras ocasiones de desgracia a lo largo de la historia e, incluso, siendo esta invocación el origen y el sentido de esta fiesta tan nuestra. En este día oramos así: Oh Dios, que nos alegras todos los años con la solemnidad de nuestro patrón, san Sebastián: concede a todos los fieles de esta Ciudad proclamar con el corazón y con la vida la fe que él confesó en su martirio. Y la oración que reza toda la Iglesia pide que el Señor nos conceda el espíritu de fortaleza, para que, aleccionados por el ejemplo de san Sebastián, aprendamos a obedecer a Dios antes que a los hombres.

5. Intensificar la plegaria, hacernos próximos, vivir una buena política, defender la libertad religiosa y, con los derechos humanos, el derecho a la vida

Desde este comunicado, dirijo un llamamiento a los creyentes de nuestra Iglesia y a todas aquellas personas de buena voluntad que quieran adherirse, a intensificar la oración en este tiempo de pandemia y, al mismo tiempo, a hacernos muy próximos a los que más sufren sus consecuencias, tanto en el cuerpo como en el espíritu.

Tenemos que hacerlo, sobre todo en un momento en el que por parte del gobierno del Estado quieren recortarse libertades y se lanzan propuestas que deshacen el espíritu fraternal y democrático que ha de guiar nuestra convivencia ciudadana. Esto nos hace padecer y mucho. Es intolerable presenciar con frecuencia en los hemiciclos el espectáculo de agresividad, insulto y falta de diálogo de los que –representándonos– tendrían que ser un modelo de gestión cívica. Lo vemos en relación al campo educativo en todo lo que se refiere a los derechos que tienen los padres respecto al tipo de educación que quieren para sus hijos. Lo vemos, entre otros aspectos, en la intención de excluir de la enseñanza la asignatura de Religión y recortar o abolir el derecho a la libertad religiosa, como también marginar la atención a los más débiles. Lo vemos en la inoportunidad de una ley a favor de la eutanasia expresamente introducida en un momento en que hay tanto sufrimiento en los ancianos y los que están más faltos de salud. Una decisión injusta más contra los más vulnerables, sin respetar el primero de los Derechos Humanos, que es el derecho a la vida, y todos los demás que son su consecuencia.

Una vez más hemos de decir que queremos y tenemos derecho a unos gobernantes que demuestren que aman a su pueblo y se ponen incondicionalmente a su servicio, que es el de procurar el bien común e, incluido en él, el de cada persona en particular, ya que es velar por su dignidad humana y la de todos. Siempre nos tendréis a nosotros, la Iglesia, a la hora de defender la dignidad de las personas y colaborar activa y corresponsablemente a favor de todo el pueblo, del que formamos parte. Me han gustado mucho estas palabras del papa Francisco donde dice que «también en la política hay lugar para amar con ternura», y se pregunta: «¿Qué es la ternura? y dice: «Es el amor que se hace cercano y concreto. Es un movimiento que procede del corazón y llega a los ojos, a los oídos, a las manos. La ternura es el camino que han recorrido los hombres y las mujeres más valientes y fuertes. En medio de la actividad política, los más pequeños, los más débiles, los más

pobres deben enternecernos: tienen “derecho” de llenarnos el alma y el corazón. Sí, ellos son nuestros hermanos y como tales tenemos que amarlos y tratarlos» (FT 194). Añadirá esto tan importante para llevar a cabo en este preciso momento que vivimos: «La buena política une al amor la esperanza, la confianza en las reservas de bien que hay en el corazón del pueblo, a pesar de todo. Por eso la auténtica vida política, fundada en el derecho y en un diálogo leal entre los protagonistas, se renueva con la convicción de que cada mujer, cada hombre y cada generación encierran en sí mismos una promesa que puede liberar nuevas energías relacionales, intelectuales, culturales y espirituales».

6. Comuniquemos ánimo y esperanza con gestos de amor, de ternura, de solidaridad, de esperanza y de misericordia

Contando con todo lo que hemos dicho, entre la inseguridad y el miedo que muchas personas manifiestan, quiero comunicaros palabras de ánimo, de consuelo y de esperanza acompañadas del estilo de solidaridad y misericordia que siempre debe definirnos, tan bien explicado por Jesús en la parábola del Buen Samaritano y que el papa Francisco ha puesto como referente luminoso de su carta encíclica Fratelli tutti para nuestra vida.

¡Pongamos atención! Las palabras que nos dirige hablan de «recomenzar» y dice que «cada día se nos ofrece una nueva oportunidad, una etapa nueva. No tenemos que esperar todo de los que nos gobiernan, sería infantil. Gozamos de un espacio de corresponsabilidad capaz de iniciar y generar nuevos procesos y transformaciones. Seamos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas. Hoy estamos ante la gran oportunidad de manifestar nuestra esencia fraterna, de ser otros buenos samaritanos que carguen sobre sí el dolor de los fracasos, en vez de acentuar odios y resentimientos. Como el viajero ocasional de nuestra historia, sólo falta el deseo gratuito, puro y simple de querer ser pueblo, de ser constantes e incansables en la labor de incluir, de integrar, de levantar al caído; aunque muchas veces nos veamos inmersos y condenados a repetir la lógica de los violentos, de los que sólo se ambicionan a sí mismos, difusores de la confusión y la mentira. Que otros sigan pensando en la política o en la economía para sus juegos de poder. Alimentemos lo bueno y pongámonos al servicio del bien» (FT 77).

Hay mucho camino por recorrer y no podemos pararnos. La responsabilidad política es de todos y es en este camino que nos encontramos y tenemos que recorrerlo juntos. El trabajo de la Iglesia –y de los cristianos en concreto– es y tiene que ser siempre discreto, humilde, muchas veces relegado al silencio. Pero sabemos que es una labor fecunda, que arraiga y bien sabe de dónde le viene la fuerza. ¡Por ello camina en la confianza y no pierde la esperanza! Deseémonos el gozo de avanzar así.

Con todo mi afecto y bendición,

+ Sebastià Taltavull Anglada
Obispo de Mallorca



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