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Decretales del Papa Benedicto XVI para la canonización de Santa Bonifacia Rodríguez Castro

“Debemos ser todas para todas siguiendo a Jesús, que olvida su condición y su rango de Dios y se hace pequeño como los hombres porque vino a servirlos y no a ser servido por ellos”.

Cuando Bonifacia Rodríguez de Castro dirige estas palabras a su comunidad de Salamanca se estaba retratando a sí misma sin ella saberlo. A su vida de continuo servicio se le pueden aplicar las palabras del Señor: “El que quiera servirme, que me siga y donde yo esté, allí también estará mi servidor” (Jn 12, 26).

 

Nace en Salamanca (España) el 6 de junio de 1837 en el humilde taller de un sastre. Aprende en su adolescencia el oficio de cordonera, con el que comienza a ganarse la vida a los 15 años. Muy devota de san José y dela Inmaculada Concepción, crea con un grupo de amigasla Asociación Josefinaen su propio taller, que se convierte en un centro de prevención de la mujer trabajadora.

 

Funda en Salamanca con Francisco Javier Butinyà i Hospital, jesuita catalán,la Congregaciónde Siervas de san José el 10 de enero de 1874. Se trataba de un novedoso proyecto de vida religiosa femenina, inserto en el mundo del trabajo, que miraba a la mujer trabajadora pobre en los comienzos de la revolución industrial española. En sus Casas-Talleres de Nazaret las Siervas de san José les ofrecían trabajo para preservarlas de los peligros que corría su dignidad al trabajar fuera de casa. Fallece en Zamora (España) el 8 de agosto de 1905 muy querida de todos y venerada como santa.

 

La Beata Bonifacia Rodríguez de Castro es testigo de grandes valores evangélicos:

Vive el mandamiento del Señor con toda generosidad, haciendo del amor fraterno su sello de identidad y del amor a los pobres su primordial dedicación. Dotada de extraordinario sentido evangélico, distingue los caminos de Dios y los humanos, optando libre y claramente por los primeros sin vacilación alguna, con total resolución y seguridad, sin titubeos, a lo largo de toda la vida.

 

Dios es para ella un padre amoroso y providente, en el que vive abandonada “llena de fe y confianza”. Esta fe y confianza en Dios se alimentan de oración intensa y la hacen resistente y fuerte en las contrariedades. Perdona y olvida humillaciones, calumnias e injusticias, sigue de cerca los pasos de Jesús y deja que su silencio y perdón le sellen los labios, y se convierten en luminoso y heroico ejemplo de humildad. Nunca se le oye la menor queja, considerándose dichosa de poder imitar el silencio de Jesús y su caridad en perdonar a los que lo crucificaron.

 

Madre y maestra de mujeres trabajadoras, ellas son “las niñas de sus ojos”, les da por entero la vida pues, por defender la prevención de la mujer pobre sin trabajo como genuina misión del Instituto, padece persecuciones y rechazos. Sabe sufrir con la madurez de quien lo espera todo de Dios, “siempre igual, tranquila y bondadosa” y “no se preocupaba más que en agradar a Dios en todas las cosas”.

 

Su aporte específico a la espiritualidad dela Iglesiaes el seguimiento de Jesús en los años de Nazaret, hermanando la oración con el trabajo en la sencillez de la vida cotidiana. “Hermanar oración y trabajo” intenta actualizar para el mundo del trabajo del siglo XIX el “buscar y hallar a Dios en todas las cosas” de san Ignacio. El aspecto central de su misión se orienta a la mujer trabajadora pobre en situación de riesgo, generando espacios de vida y trabajo en los que la vivencia de Nazaret se convierte en un medio de evangelización y promoción que le permite ver reconocida su dignidad.

 

El Proceso Ordinario Informativo comienza en Zamora en 1954 y concluye en 1962. La Investigación HistóricaDiocesana se instruye en 1995 y el Decreto sobre la validez del Proceso y de la Investigaciónse otorga el 2 de febrero de 1996. Siguiendo los pasos establecidos en el Derecho, en presencia del Beato Juan Pablo II se promulga el Decreto super virtutibus el 1 de julio de 2000 y el Decreto super miraculo el 20 de diciembre de 2002, celebrando él mismo la ceremonia de beatificación el 9 de noviembre de 2003 en la Plaza de San Pedro. Con vistas a la canonización, la curación de Kasongo Bavon fue considerada científicamente inexplicable en la Consulta Médica de la Congregación de los Santos el 2 de julio de 2009 y considerada milagrosa y atribuida a la intercesión de Bonifacia Rodríguez en el Congreso Peculiar de los Teólogos el 30 de octubre del mismo año, lo que fue decidido por los Padres Cardenales y Obispos en la Congregación Ordinaria del 16 de marzo de 2010. NOS mismo hemos autorizado la promulgación del Decreto super miraculo el 27 de marzo de 2010 y en el Consistorio del 21 de febrero de 2011 hemos decidido la canonización dela Beata Bonifacia Rodríguez de Castro, presidiendo el solemne Rito el 23 de octubre de 2011 enla Plaza de san Pedro del Vaticano.

 

Hoy, pues, en la solemnidad de la misa celebrada en la Plaza de San Pedro, proclamamos estas palabras:

 

Para honor de la Santísima Trinidad, exaltación de la fe católica y crecimiento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y la Nuestra, tras madura reflexión y después de haber pedido frecuentemente la ayuda divina y el parecer de muchos de Nuestros Hermanos en el Episcopado,

 

Proclamamos y designamos santos a los Beatos Guido María Conforti, Luis Guanella y Bonifacia Rodríguez de Castro y los inscribimos en el Catálogo de los Santos, estableciendo que en toda la Iglesia sean reconocidos como Santos.

 

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

 

Esto que decretamos, queremos que sea válido y firme ahora y en el futuro, sin que obste nada en contra.

 

Dado en Roma, junto a San Pedro, bajo el anillo del Pescador, día veintitrés del mes de octubre del año del Señor dos mil once, séptimo de Nuestro Pontificado.

 

Ego, Benedictus

Catholicae Ecclesiae Episcopus

 

Marcellus Rossetti, protonot. apost.

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