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Declaraciones del Papa en el vuelo dirección a EEUU

«Hoy el mundo está sediento de paz»

Conferencia de Prensa del Papa Francisco  durante el vuelo Santiago de Cuba – Washington (22-9-2015)

Padre Lombardi: Santo Padre: Gracias por estar aquí con nosotros durante este vuelo intermedio; así mantendremos una conversación con usted para reflexionar un poco sobre esta primera etapa del viaje, a Cuba, que ha sido tan hermosa como laboriosa.  
Tenemos una lista de algunos colegas que han preparado algunas preguntas. Las preguntas se harán en español o en italiano, y le piden que responda primero en español a nuestra amiga cubana, que será la primera en intervenir; y después los demás preguntaban si era posible emplear también el italiano, porque por regla general lo entienden mejor. El guaraní esta vez lo dejaremos a un lado…
La primera pregunta la hace nuestra amiga Rosa Míriam Elizalde, que es de Cubadebate.

 Rosa Míriam Elizalde: Gracias. Santidad: Ha sido realmente un honor y un placer acompañarle en este viaje, y también una gran alegría. Creo que mi pregunta resultará algo previsible: Me gustaría saber cuáles son sus criterios sobre el bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba, y si hablará de ello ante el Congreso estadounidense.

Papa Francisco: La cuestión del bloqueo forma parte de la negociación. Esto es público: ambos presidentes han hecho referencia a ello. Por lo tanto, es algo público, que va en la dirección de esas buenas relaciones que se están buscando. Mi deseo es que se llegue a un buen resultado en esto, que se alcance un acuerdo que satisfaga a las partes: un acuerdo, desde luego. Respecto a la posición de la Santa Sede en relación con los bloqueos, los Papas anteriores han hablado de ellos —no solo de este caso, sino también de otros de bloqueo—. Hay una doctrina social de la Iglesia a este respecto, a la que yo me remito y que es precisa y justa. En relación con el Congreso de los Estados Unidos —¡el discurso lo tengo hecho, pero no puedo decirlo!—, estoy pensando en lo que querré decir al respecto, pero no de manera específica sobre este tema, sino, en general, sobre el de los acuerdos bilaterales y multilaterales, como signo del avance en la convivencia. Pero este tema en concreto —hablo de memoria, no quisiera decir tonterías— no se menciona, casi seguramente que no.

Padre Lombardi: Ahora damos la palabra a otra Rosa: hemos empezado con dos señoras que se llaman Rosa, lo cual es un buen auspicio. Rosa Flores, de la CNN. Ella tiene la palabra. ¿Puedes preguntar en italiano, si te es posible? O en español… El Papa nos contestará en italiano.

Rosa Flores: Santo Padre: Buenas tardes. Soy Rosa Flores, de la CNN. Hemos oído que más de cincuenta disidentes han sido arrestados fuera de la Nunciatura porque intentaban tener un encuentro con usted. La primera pregunta es: ¿Le gustaría tener un encuentro con los disidentes? Y, si semejante encuentro tuviera lugar, ¿qué les diría?

Papa Francisco: Ante todo, no tengo noticia de que haya pasado eso: no tengo noticia alguna de ello. Alguien podría decir: «Sí, no, no lo sé». Directamente, no lo sé. Sus dos preguntas son futuribles… Me gustaría que sucediera. Me gusta encontrarme con toda la gente. Ante todo, porque creo que todas las personas son hijas de Dios, por derecho. En segundo lugar, todo encuentro con una persona lo enriquece a uno siempre. Sí: me gustaría encontrarme con ellos. Si usted desea que le siga hablando de los disidentes, le puedo decir algo muy concreto. Ante todo, estaba muy claro que no concedería ninguna audiencia, porque han pedido audiencia no solo los disidentes, sino también personas de otros sectores, con inclusión de diferentes jefes de Estado. No: yo estoy de visita en el país, y solo eso. No estaba prevista ninguna audiencia: ni con los disidentes ni con otros. Segundo: desde la Nunciatura ha habido llamadas telefónicas a algunas personas que forman parte de ese grupo de disidentes… El cometido del nuncio era comunicarles que, con placer, a mi llegada a la catedral para el encuentro con los consagrados, saludaría a los que allí estuvieran. Un saludo. Eso sí es verdad… Pero como nadie se presentó a saludar, no sé si estaban o si no estaban. Yo saludé a todos los que estaban allí. Saludé, sobre todo, a los enfermos, a los que estaban en silla de ruedas… Pero nadie se identificó como disidente. Desde la Nunciatura se realizaron algunas llamadas para invitarlos para un saludo de paso…

Rosa Flores: Pero ¿qué les diría…?

Papa Francisco: No sé qué les diría… Diría cosas lindas a todo el mundo, pero lo que uno dice, se le ocurre en el momento.

Padre Lombardi: Ahora tenemos a Silvia Poggioli, de la National Public Radio de los Estados Unidos, que es una gran radio estadounidense.

Silvia Poggioli: Perdone; quisiera preguntarle: Durante los decenios en que Fidel Castro estuvo en el poder, la Iglesia cubana sufrió mucho. En su encuentro con Fidel, ¿percibió usted que tal vez él estuviera algo arrepentido?

Papa Francisco: El arrepentimiento es algo muy íntimo, un asunto de conciencia. En el encuentro con Fidel hablé de historias de jesuitas conocidos, porque le llevé como regalo también un libro del padre Llorente, muy amigo suyo, un jesuita, y, asimismo, un cedé con las conferencias del padre Llorente, y le regalé también dos libros del padre Pronzato que seguramente él apreciará. Hablamos de esas cosas. Hablamos mucho de la Encíclica Laudato si’, porque él está muy interesado en el tema de la ecología. Fue un encuentro no muy formal, sino espontáneo; también estaba presente su familia, también mis acompañantes, mi chófer; pero él y yo estábamos algo separados, con su mujer y él, y los demás no podían oír, aunque estaban en la misma habitación. Hablamos de esas cosas; mucho, de la Encíclica, pues se preocupó mucho de ello. Del pasado no hablamos. Bueno, sí: del pasado: del colegio de los jesuitas, de cómo eran los jesuitas, de cómo lo hacían trabajar; de todo esto, sí.

Padre Lombardi: Ahora damos la palabra a Gian Guido Vecchi —a quien creo que usted conoce—, de «Il Corriere della Sera», italiano.

Gian Guido Vecchi: Santidad: Sus reflexiones, e incluso sus denuncias, sobre la inequidad del sistema económico mundial, el riesgo de autodestrucción del planeta, el tráfico de armas, son también denuncias incómodas, en el sentido de que afectan a intereses muy grandes. En vísperas de este viaje se han formulado consideraciones bastante peregrinas —incluso medios muy importantes del mundo entero se han hecho eco de ellas—, también por parte de algunos sectores de la sociedad estadounidense, que llegaban a preguntarse si el Papa era católico… Ya había habido discusiones por parte de quienes hablaban del «Papa comunista»; ahora incluso: «¿Es católico el Papa?». ¿Cuál es su opinión ante estas consideraciones?

Papa Francisco: Un cardenal amigo mío me ha contado que fue a verlo una señora, muy preocupada: muy católica, algo rígida, la señora, pero buena, buena, católica, y le preguntó si era verdad que en la Biblia se hablaba de un anticristo. Y él se lo explicó. —«¿Y también en el Apocalipsis, ¿no?». Y después si era verdad que se hablaba de un antipapa… —«Pero «¿por qué me pregunta eso?», le dijo el cardenal. —«Porque estoy segura de que el Papa Francisco es el antipapa». —«¿Y por qué? —le pregunta él—. «¿Qué se lo hace pensar?». —«¡Que no utilice zapatos rojos!». Así es, verídico… Motivos para pensar que uno es comunista, que no es comunista… Yo estoy seguro de no haber dicho nada más que lo que está en la Doctrina Social de la Iglesia. En el otro vuelo [el de regreso del viaje a Latinoamérica], una colega suya —no sé si está aquí para corregirme— me dijo, cuando fui a hablar a los Movimientos populares; me dijo: «Usted ha tendido la mano a este Movimiento popular —más o menos era así la cosa—, pero la Iglesia, ¿lo seguirá?». Y yo contesté: «Soy yo el que sigue a la Iglesia», y en esto creo no equivocarme, creo no haber dicho nada que no esté en la Doctrina Social de la Iglesia. Las cosas se pueden explicar. Tal vez una explicación ha dado la impresión de ser un poquitito más «izquierdosa», pero sería un error de explicación. No. Mi doctrina sobre todo esto, sobre la Laudato si’, sobre el  imperialismo económico y sobre todo esto, es la de la Doctrina Social de la Iglesia. ¡Y si es necesario que rece el Credo, estoy dispuesto a hacerlo!

Padre Lombardi: Damos la palabra a Jean-Louis de la Vaissière, de la agencia France Presse.

Jean-Louis de la Vaissière: Buenas tardes, Santo Padre. Gracias por este viaje, siempre interesante. Durante su último viaje a América Latina, usted criticó duramente el sistema capitalista liberal. En Cuba, parece que sus críticas al sistema comunista no son tan severas: eran mucho más blandas. ¿Por qué estas diferencias?

Papa Francisco: En los discursos que he pronunciado en Cuba, me he referido siempre a la Doctrina Social de la Iglesia. Las cosas que hay que corregir las he dicho con claridad, no «perfumadas», no con blandura. Pero también en relación con la primera parte de su pregunta: más de lo que escribí duramente, de lo que escribí en la Encíclica, y también en la Evangelii gaudium, sobre el capitalismo salvaje o liberal, yo no he dicho; todo está escrito ahí. No recuerdo haber dicho algo más que eso. No sé; si usted lo recuerda, ayúdeme a recordarlo… ¡Dije lo que escribí, que es bastante! Es bastante, es bastante. Y además, es casi lo mismo que he contestado a su colega: todo eso está en la Doctrina. Pero, aquí en Cuba —acaso esto esclarecerá un poco su pregunta—, el viaje ha sido un viaje muy pastoral, con la comunidad católica, con los cristianos, incluso con aquellas personas de buena voluntad, y por eso mis intervenciones han sido homilías… Incluso con los jóvenes —que eran jóvenes creyentes y no creyentes, y, entre los creyentes, de diferentes religiones—, ha sido un discurso de esperanza, también de aliento al diálogo entre ellos, a caminar juntos, a buscar las cosas que nos unen, y no las que nos dividen; a tender puentes… Ha sido un lenguaje más pastoral. En cambio, en la Encíclica, había que tratar cuestiones más técnicas, y también las que usted ha mencionado. Pero, si usted recuerda algo que yo dije en el otro viaje, dígamelo  en voz alta, porque —le aseguro— no me acuerdo.

Padre Lombardi: Ahora damos la palabra a un viejo conocido nuestro, que es Nelson Castro, de Radio Continental, que viene de la Argentina…

Papa Francisco: …Y que es un buen médico…

Nelson Castro: Buenas tardes, Santo Padre. Vuelve la pregunta sobre el tema de la disidencia, bajo dos aspectos: ¿Por qué se ha tomado la decisión de no recibir a los disidentes? Y, segundo, uno de ellos se acercó a usted y fue alejado y detenido… Mi pregunta es la siguiente: La Iglesia católica, ¿tendrá un papel que desempeñar en la búsqueda de una apertura a las libertades políticas, habida cuenta del que ha jugado en el restablecimiento de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos? Este tema de las libertades, que es un problema para quienes en Cuba piensan de manera diferente. ¿Será un papel en el que la Santa Sede piensa para la Iglesia católica en el futuro de Cuba?

Papa Francisco: Ante todo: «ellos», «no recibirlos». No he recibido a nadie en audiencia privada. Y esto vale para todos. Y había también un jefe de Estado que la pedía… Les digo: No; no he tenido nada que ver con los disidentes. La conducta con los disidentes ha sido la que ya les he explicado. La Iglesia de aquí, la Iglesia de Cuba, ha trabajado en una lista de presos a los que conceder el indulto… Indulto que se ha concedido a unas 3500 personas… La cifra me la ha dado el presidente de la Conferencia Episcopal: sí, más de tres mil. Y hay casos que aún están pendientes de estudio.  Y la Iglesia, aquí en Cuba, está trabajando para que se concedan indultos. Por ejemplo, alguien me ha dicho: «¡Qué bonito sería acabar con la cadena perpetua!». Hablando con claridad, la cadena perpetua es casi una pena de muerte escondida. Esto lo dije públicamente en un discurso a juristas europeos. Tú estás ahí, muriendo todos los días sin la esperanza de la liberación. Esta es una hipótesis. Otra hipótesis consiste en que se concedan indultos generales cada año o cada dos años… Pero la Iglesia está trabajando, ha trabajado… No digo que esos más de tres mil presos hayan sido liberados sobre la base de la lista de la Iglesia, no. La Iglesia ha hecho una lista —no sé de cuántas personas—, ha pedido oficialmente indultos y seguirá haciéndolo.

Padre Lombardi: En nuestra lista para esta conferencia, el último es Rogelio Mora, de Telemundo.

Rogelio Mora: Santo Padre: Un médico visita a un enfermo, no a un sano; en menos de veinte años, tres Papas han visitado Cuba. ¿Tiene Cuba alguna enfermedad?

Papa Francisco: No entiendo la pregunta.

Rogelio Mora: Si la visita de tres Papas en menos de veinte años a la isla de Cuba puede interpretarse como si hubiera una enfermedad en esa isla, como si la isla padeciera algo…

Papa Francisco: Ahora te he entendido… No, no. El primero fue Juan Pablo II: la primera visita histórica. Pero era normal: ¡visitó tantos países, incluso países agresivos con la Iglesia! El segundo fue el Papa Benedicto: bien, formaba parte de la normalidad… Y la mía ha sido algo casual, porque yo pensaba entrar en los Estados Unidos pasando por México; inicialmente, la primera idea era Ciudad Juárez, la frontera de México… ¡Pero ir a México sin ir a ver a la  Guadalupana habría sido como una bofetada! Pero es algo pasado… Después, con el anuncio que se dio el 17 de diciembre pasado, cuando se anunció lo que aún era más o menos reservado, un proceso de casi un año… Y, por consiguiente, me dije: «Quiero ir a los Estados Unidos pasando por Cuba». Y la elegí por ese motivo, pero no porque tenga una enfermedad especial que no tienen otros países. Yo no interpretaría así las tres visitas. Hay varios países que los dos Papas precedentes visitaron, algunos de los cuales también he visitado yo; por ejemplo, Brasil: Juan Pablo II lo visitó tres o cuatro veces, y no tenía una «enfermedad especial». Me alegra haberme encontrado con el pueblo cristiano, con la comunidad cristiana cubana. Hoy, el encuentro con las familias ha sido muy hermoso. Ha sido muy hermoso.
Les doy las gracias por el trabajo que los aguarda, que será gravoso, porque tres ciudades… Eran 24 discursos, y en Cuba he pronunciado 8… Muchas gracias por su labor. ¡Y recen por mí!

Padre Lombardi: Mil gracias, Santidad, sinceramente. Y nuestros mejores deseos, porque, si nosotros tenemos trabajo, usted tiene incluso más. Le expresamos, pues, nuestros mejores deseos, y seguiremos colaborando como comunicadores para que lo que usted dice pueda servir realmente para toda la humanidad y para la paz, como decía usted al principio. Gracias.

(Original italiano procedente del archivo informático de la Santa Sede; traducción de ECCLESIA)

 



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