Rincón Litúrgico

Decepción y tentación. Domingo 22 del tiempo ordinario A

“Todo el mundo se burlaba de mí. Cuando hablo, tengo que gritar, proclamar violencia y destrucción. La palabra del Señor me ha servido de oprobio y desprecio a diario” (Jer 20,7). El profeta Jeremías se lamenta ante el Dios que lo ha llamado y enviado a proclamar su palabra. Esa misión no le ha traído más que disgustos.

Se comprende que el profeta haya pensado en hacerse el sordo ante la llamada de Dios. No quisiera seguir hablando en su nombre. Pero la palabra de Dios es como un fuego que abrasa su interior. Una palabra que ha de escuchar. Un fuego que no puede apagar.

Con el salmo responsorial, nosotros proclamamos nuestra convicción ante el Señor: “Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios” (Sal 62,4).

San Pablo nos exhorta a “discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto” (Rom 12,2).

LOS SUEÑOS Y EL FRACASO

 En Cesarea de Filipo Jesús preguntó a sus discípulos quién era él para ellos. Pedro confesó a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Cabe preguntarse cómo imaginaba Pedro al Mesías esperado por su pueblo. La respuesta la dio Jesús, al anunciar a sus discípulos que iría a Jerusalén. Allí le esperaban las denuncias de los jefes del pueblo, la muerte y la resurrección (Mt 16,21-27).

Simón Pedro se sublevó interiormente contra esa suerte que Jesús parecía aceptar con una resignada tranquilidad. Así que se llevó aparte a Jesús, como si temiera suscitar el rechazo de sus compañeros hacia el Maestro. No pretendía acusarlo en público, pero no podía ocultarle sus sentimientos. Por eso le increpó: “Lejos de ti tal cosa, Señor. Eso no puede pasarte”.

  • “Lejos de ti tal cosa, Señor”. No era esa la idea del Mesías que él había recibido de sus antepasados. No era ese futuro de dolor y de muerte el que él esperaba para Jesús, al que consideraba ya como el Señor.
  • “Eso no puede pasarte”. Nunca había entendido él que el fracaso estuviera incluido en la llamada al seguimieto que Jesús le había dirigido a la orilla del lago. Al igual que Jeremías, Pedro se sentía decepcionado. De pronto, todos sus sueños se desmoronaban.

LAS VOCES Y EL SUSURRO

La respuesta de Jesús parece escandalosa a muchos cristianos: “Ponte detrás de mí, Satanás. Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios”. Esa advertencia a Pedro se dirige a cada una de nosotros. Es una palabra que hay que escuchar.

  • “Satanás”. No olvidemos que esa palabra significa “tentador”. Jesús no identifica a Pedro con el demonio. Pero en sus palabras resonaban entonces y resuenan ahora las tentaciones que pretenden ofrecer un panorama de fáciles triunfos
  • “Ponte detrás de mí”. Jesús no rechaza a Pedro. No le pide que se aleje del grupo de los discípulos, sino que recuerde precisamente el papel del “discípulo”. También nosotros estamos llamados a seguir los pasos del Maestro, que nos precede por el camino.
  • “Eres piedra de tropiezo”. Eso es lo que significa el escándalo. Jesús es fiel a la voluntad divina. Conoce el camino y no está dispuesto a abandonarlo. Tampoco nosotros podemos ser un escándalo para los que tratan de seguir el camino de Dios.
  • “Tú piensas como los hombres, no como Dios”. Esa es una de las tentaciones de los evangelizadores, según el papa Francisco. Tenemos más miedo a la soledad que al error. Preferimos escuchar las voces de la multitud antes que el susuro de Dios.

 – Señor Jesús, con las palabras que tú nos enseñaste, pedimos al Padre que no nos deje caer en la tentación. La gran tentación de poner nuestros planes y proyectos por encima y contra la realidad de tu llamada. No permitas que nos apartemos de ti. Amén.

José-Román Flecha Andrés

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