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«Decálogo de opciones» de la Vida Religiosa

“Podrían ser muchas y muy variadas las opciones, esas que surgen de lo que el Espíritu ha movilizado en nosotros durante este Congreso. Lo que es claro es que, este es un tiempo propicio para optar”. Así afirmaba Gloria Liliana Franco, presidenta de la Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR), en sus palabras de clausura del Congreso Virtual Continental de la Vida Religiosa en América Latina y El Caribe, al presentar un Decálogo de opciones “a partir de lo que hemos hilvanado juntos durante este Congreso”.

Convocados a abrir horizontes: intercongregacionalidad, interculturalidad e itinerancia

El Congreso –que concluyó este 15 de agosto– no se puede agotar aquí, señalaba la presidenta de la CLAR, será necesario actualizarlo en lo cotidiano y a punta de opciones, lo que nos queda es renovar el deseo de ofrendar la vida, ser como pan partido, partirnos, repartirnos, desplazarnos hasta esas parcelas del Reino en las que urge que se comparta el pan.

Asimismo, la religiosa colombiana dijo que, en el “Evangelio de la liturgia de hoy, recordamos que María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, como Ella estamos convocados a abrir horizontes de nueva relacionalidad: Intercongregacionalidad, interculturalidad e itinerancia; nos corresponde movilizarnos, optar”.

Un Decálogo de opciones

1. Optar por la presencia, lugar de la gracia: Estar es la condición para la epifanía, para la manifestación de Dios. Si estamos, las personas y los lugares se constituyen en sagrados, en escenarios teológicos. La gracia habita justo ahí en el lugar de la presencia. Salir, itinerar es la condición para la fecundidad, en el lugar de la costumbre y la parálisis, nos esterilizamos.

2. Optar por la bondadosa cercanía, abrigo ético que dignifica: por el acompañamiento, desde la conciencia de ser convocados al encuentro: con la realidad, con el otro, con el plenamente Otro y esto supondrá receptividad, acogida, hospitalidad. Entender desde lo más profundo que este es un tiempo privilegiado para el encuentro. Las decisiones éticas responsables y respetuosas de la dignidad humana, brotan de la bondadosa cercanía.

3. Optar por la escucha, susurro que trae la conversión: La escucha se constituye en una actitud vital, porque nos ubica en el lugar del otro, ahí donde resuena la palabra, y se hacen nítidas las necesidades reales. Escuchar, libera de protagonismos, del accionar mediático, populista y mesiánico, de la suficiencia de quien cree tener las respuestas.

4. Optar por la palabra, antídoto para la sanación: La palabra posibilita la expresión de la vivencia. Hacer de la narración terapia que sane, que reconcilie, que devuelva el sentido. Permitir que se narre la historia, que el relato de cuenta de la posición y el sentimiento de la víctima. Y optar también por la Palabra con mayúscula, por la que hecha carne habitó entre los seres humanos y dejar que esa Palabra, esa Buena Noticia resuene con la capacidad que tiene de sanar, liberar, dignificar, levantar. Hacer lectura de fe, lectura Encarnada y liberadora.

5. Optar por el discernimiento, escenario del Espíritu: atención al ritmo y a las mociones del Espíritu, por eso es necesario discernir, buscar en el querer de Dios, las bitácoras que actualicen el compromiso y lo hagan pertinente y significativo. Entre los pobres, en las fronteras, al descampado, por los territorios de migración y trata, donde niños y jóvenes ven vulnerados sus derechos y las mujeres las posibilidades de participación… ahí, el Espíritu clama y como con dolores de parto, urge por consagrados apasionados por la vida, dispuestos a darlo todo, generosos y consecuentes con el Sí.

6. Optar por los procesos, posibilidad de desplegar el potencial de la vida: Las acciones aisladas y no articuladas a redes y procesos, terminan siendo muchas veces estériles. Será necesario generar procesos que posibiliten la continuidad de las acciones. Interrelacionados e interdisciplinares, que partan de la realidad, abarquen la vida y den protagonismo a las personas con las que caminamos.

7. Optar por lo comunitario, tejido vital que articula: Generar vínculos de hospitalidad y ternura. En la construcción de ese tejido eclesial que necesita el mundo, nuestra misión como consagrados será la escucha activa, construir redes interinstitucionales, intercongregacionales, generar pactos comunitarios y sociales realistas, contextualizados e inclusivos, en los que se respeten las diferencias, se asuman las distintas culturas, cosmovisiones y estilos de vida. Se trata de hacer la comunión, purificar las relaciones y situarnos desde la horizontalidad en la que todos caben y la voz de todos resuena para abrir caminos y posibilidades.

8. Optar por la misericordia: dinamizador del compromiso solidario: La Vida Religiosa, no debe aplazar más la decisión de abandonar los “odres viejos”; la salida misionera es el camino. Ubicarnos ante la realidad con entrañas de misericordia, dejarnos desacomodar por la realidad, reorganizar estructuras, proyectos comunitarios y opciones en función de los ecos de la realidad… ese es el camino.

9. Optar por la interioridad, fundamento que repuebla de razones para existir: Ir al fondo, la superficie no permite ahondar en lo profundo. Llamados a situarnos ante la realidad, al modo de Jesús y eso supone conocimiento interno de su Persona, configuración con Él, deseos de hacer nuestro su proyecto.

10. Optar por la Casa Común, lugar de la manifestación de Dios: La tierra, las culturas y los más pobres claman. El cuidado de la Casa Común, no da tregua, esta es una opción en la que no caben excusas. A todos compete, empeñarnos en esta tarea, desde la conciencia de la interrelación y la sacralidad de todo lo creado. El rostro de la humanidad se configura cada vez más con matices universales, habitamos una Casa Común y coincidimos en la misma preocupación: el modo como se construye el futuro del planeta.



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