Opinión

De título a título… saber y sentir, por José Moreno Losada

EL TÍTULO DE DOCTOR

De título a título… saber y sentir

Por José Moreno Losada. Sacerdote de Badajoz

A lo largo del año en curso, alentados por el papa Francisco, estamos centrados en las obras de la misericordia. Cada mes, en la parroquia de Guadalupe vamos dando unos auxilios litúrgicos de cara a la reflexión, la oración y el compromiso guiados por obras de misericordias concretas. Este mes de noviembre lo hemos dedicado a aquellas que hablan de “enseñar al que no sabe y corregir al que yerra”. Y es, en estos días, cuando me llega la notificación de la Universidad de Extremadura de que ya puedo pasarme a recoger el título oficial del grado de Doctor que obtuve en el enero pasado.

Al recogerlo y firmarlo en la frialdad de la burocracia de una ventanilla, con un personal muy amable y conocido, he sentido, a la vez, gozo y nostalgia, satisfacción e inquietud, vergüenza y compromiso, ilusión y hastío… No sé ponerle los sentimientos adecuados, pero ha sido tensional a la vez que sacramental. Lo han enrollado y lo han colocado en su tubo correspondiente -de donde saldrá pocas veces, porque poca falta le hará a este señor mayor que soy yo…

El regalo de Lidia

He llegado a mi despacho y allí lo he contrastado con el dibujo que me regaló mi sobrina Lidia -de seis años- hace unos días, acerca de Adán y Eva y el relato de la Creación y el pecado. Ella se lo sabe divinamente, tal como lo ha plasmado en su pequeña obra de arte luminosa que presenta con más alegría que yo he recogido el título, porque le sabe a más grande y tiene grandes sentimientos.

Y, desde su dibujo, he mirado sonriente la foto que tengo puesta en mis espaldas en el despacho donde aparecemos su abuelo Maximino -mi hermano pequeño- y yo cuando éramos como ella en la escuela de Granja de Torrehermosa. Cuando hacíamos dibujos –yo, malísimos, porque los hacía con la mano izquierda y no me dejaban usarla- y, mientras los enseñábamos como ella, mi madre nos decía que menos dibujar y más escribir y leer.

El recuerdo de toda una vida

Al mirarla, siento todo el tramo que he recorrido desde aquella escuela pública hasta esta Universidad de Extremadura, pasando por el Instituto libre adoptado del pueblo, el Seminario Menor y Mayor de Badajoz, las Escuelas y el Instituto de Secundaria de Cheles, San Jorge, Olivenza, la Universidad Pontificia de Salamanca, los años de profesor en el Seminario y en el Instituto Teológico Extremeño… desde los cinco años hasta los cincuenta y siete. Todo un trayecto de vida escolar en la que continuo, preparando a maestros de Educación Infantil, para que puedan ayudar a los niños pequeños a hacer un dibujo como el de Lidia sobre la Creación amorosa de Dios y la debilidad del pecado humano.

Mirando todo el proceso y las miles de personas que me han ido enriqueciendo y con las que he compartido vida, como estudiante o profesor, siento un agradecimiento inmenso, porque me han enseñado y también me han corregido oportunamente para caminar en buena dirección. Agradezco, sobre todo, la capacidad de saber sintiendo que me han propiciado, y de sentir sabiendo; aquí no sólo ha cabido la enseñanza formal, sino todo lo vivido y experimentado en el encuentro y el quehacer diario.

En el silencio de una plegaria


Hoy me siento orgulloso de la escuela, del saber, del compartir y del enseñar, y quiero orar desde la foto con mi hermano en la escuela de los pequeños, con el dibujo de Lidia y desde el título de Doctor –al hilo del Salmo que nos recuerda que si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles-:

Señor, tu eres el verdadero Maestro. Nos dice tu Evangelio que Tú enseñabas con autoridad. Primero fuiste discípulo de tu Padre, viendo lo que Él hacía y decía. También supiste aprender de tus padres en Nazaret y de todas las cosas que pasaban en la vida.


Después, quisiste dar a los demás todo lo que sabías y tenías, y te pusiste en camino para llegar a todos y enseñarles, especialmente a los más sencillos y pobres. Fuiste Maestro, siendo siervo, poniendo todo al servicio de los demás. Esa fue tu verdadera sabiduría: “Amaos unos a otros como yo os he amado”.


Tú nos invitas a ser tus discípulos, a que aprendamos en la vida como lo hiciste Tú. Has puesto en nuestras manos multitud de personas y cosas buenas para educarnos. Hoy te quiero dar gracias por todo lo bueno que he encontrado en este camino, en las escuela desde la infancia hasta los últimos estudios e investigaciones en la universidad pública. Me siento afortunado en medio de un mundo donde la mayoría no tiene estas oportunidades.


Ayúdame a aprovecharlas a fondo para que llegue a saber con profundidad para servir más y mejor a los demás, para hacer el mayor bien al mayor número posible.
Dame un corazón sabio en misericordia para que sepa enseñar a los que no saben, luchar para que todos tengan escuelas dignas y que siempre sepa arrepentirme cuando me confunda en la vida y alguien en tu nombre sepa corregirme. Que con todos sepa buscar la verdad y nunca me crea dueño de ella”.

José Moreno Losada. Sacerdote de Badajoz

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