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De oposiciones a Juez, a monja -Historia de una vocación (y II)

En Conversación con Marta

De oposiciones a Juez, a monja -Historia de una vocación (y II)

La familia de la Hermana Pilar, antes Marta, al completo en la plaza de San pedro en Roma

 

En esta segunda y última parte de la Historia de la Vocación de Marta, también explica Marta por qué una persona joven se entrega a una institución. En esta única entrevista que ha concedido a los medios me cuenta la ​reacción de sus padres; la renuncia al amor carnal en el matrimonio y la familia es una opción; de cómo no podía apagar su sed de Dios y de darse a los demás, lejos físicamente de Cristo en el Sagrario.

Marta me cuenta cómo siendo del Opus Dei, y amando todavía el opus Dei, deja esta institución y decide dedicarse a sí misma, a sus amigos, a pasarlo bien… Pero la inquietud de entrega no desapareció. Un bajón ante la dureza de las oposiciones, se toma un descanso. Luego da un vuelco su vida.

Jordi Picazo*, en Barcelona

 

«Cada uno tiene que hacer en esta vida lo que ha venido a hacer».

 

 ¿Cómo hacer entender a la gente que optar por la vida exclusivamente contemplativa no es un rechazo o repugnancia por la vida de familia?

«A ver, ¡yo!, voy a ser religiosa; pero de entrada no voy a ser contemplativa, voy a ser misionera, entonces eso te lo podría responder mejor una contemplativa. Pero bueno, te voy a hablar desde mi vocación concreta a la vida consagrada de misionera. Siempre podría dar el salto a la contemplativa dentro del Instituto, gracias a Dios, porque si no, no funcionaría nada. Tenemos hermanas que son contemplativas…».

 

No es un rechazo entonces, un dejar de lado, como un descartar algo de menos valor, que sería la vida en el matrimonio…

«No hombre, no. ¿Minusvalorar? Para nada. Cada uno tiene que hacer en esta vida lo que ha venido a hacer. Entonces no es mejor ser contemplativo, que ser misionero, que ser padre de familia. Es más: un padre de familia que se empeñara en ser contemplativo… si su vocación es ser padre de familia… nunca sería feliz siendo contemplativo».

Bueno, en el Opus Dei [Marta había sido años atrás numeraria del Opus Dei] se combinan las dos cosas, ¿no?, contemplativos en medio del mundo.

«En medio del mundo… sí».

Es tan nuevo que la gente todavía no se ha enterado.

«Sí. Lo que pasa es que estoy convencida que cada uno tiene una misión concreta planeada por Dios, y así el padre de familia buscando la santidad mientras es un buen padre de familia; la madre de familia pues tres cuartos de lo mismo, o “¡la soltera en medio del mundo!»

¿Por qué una institución? Es típico de gente joven ir de “apóstol de pata libre”, ir a la suya, individualmente, a buscar tus propios objetivos: tú vas a una institución, es menos común en gente joven, aunque tú eres más madura que la media, ¡estabas preparando o-po-si-cio-nes- a-juez! … en lugar, decía, de “yo crearé estilo, crearé escuela”.

«[Se ríe] Eso no quiere decir nada … Porque yo no soy nadie para crear estilo ni para crear escuela, y eso solo lo puede hacer quien recibe la gracia fundacional de Dios. Una institución no la crea uno porque le da la gana».

Me refería más bien a picotear de espiritualidades, como muchos amigos tuyos, a “pues vamos a este retiro de los no sé qué, vamos a este happening cristiano”, en cambio tú, a las servidoras de la Virgen de Matará.

«Porque he encontrado aquí la manera de vivir mi fe coherentemente, el sitio para mí. Yo cuando veo lo que Dios quiere para mí, no decido congregación, no decido institución. Eso viene después, el buscar tu sitio dentro de todas las realidades que existen en la iglesia, que son todas asimismo válidas, igualmente buenas, pero bueno, uno tiene que, al final, decidir: leo, conozco, hablo con gente, con personas que pertenecen a esas congregaciones, veo todos los testimonios de YouTube, “me los trago todos” [ríe] y al final, una se siente identificada con unas y no con otras.

«A mis padres los tengo como una locomotora».

 

«Y me preguntas por qué: bueno, fundamentalmente por la espiritualidad, la importancia que se le da a la formación humana y espiritual, y no digo que en otras no sea así. Y la espiritualidad, en cuanto basada en la doctrina clásica de la iglesia y a los doctores clásicos de la iglesia: santo Tomás, santa Teresa, y a la vez con ese aire, sin dejar la doctrina clásica de la iglesia, por supuesto, pero con ese aire nuevo que es Juan Pablo II, que es quien facilita la consolidación del Instituto, quien facilita la aprobación de los Estatutos, y nuestro patrón. Esto a mí me hace también mucha ilusión: Juan Pablo II es para mí… tiene un punto familiar: mi tío Quique falleció hace cuatro años, era un “chalado”, ¿no? [sonríe y se emociona] y en un viaje a Roma, tendría 17 años o así, saltó al papamóvil, lo agarraban por abajo, y el Papa [Juan Pablo II] lo agarró por los brazos, lo cogió y lo subió al papamóvil, le dio un abrazo…

«Pues eso, san Juan Pablo II, patrón espiritual de la congregación, y san José en primer lugar, el Gran Olvidado. Han escrito un libro de los favores que nos ha hecho san José: san José y san Juan Pablo II».

Y a tus padres, ¿cómo los tienes?

«A mis padres los tengo como una locomotora».

¿Los dos, padre y madre, o más a uno que al otro?

«Más a mi padre que a mi madre».

Lógico, el padre… sufre!, más, por la hija

«¡Sufre! ¡Has dicho la palabra! Mi madre está triste porque me voy, y mi padre… sufre porque me voy. A mi madre la tengo llorosa… de hecho de mi madre me gusta mucho el proceso suyo a la hora de entender esto. De entrada, yo se lo dije a mi madre, mi padre se iba al Camino de Santiago al día siguiente, y dije “¡uy!”, hablé con la superiora y le dije, “Madre, yo a mi padre es que no se lo puedo decir hoy, porque fíjese, se va mañana al Camino de Santiago, le voy a dar el Camino” y me dijo muy inteligentemente la Madre, -“Oye Marta, pues díselo a tu madre, ella lo conoce bien, y que decida ella, decidís en qué momento se lo decís”.

«Así que se lo digo a mi madre. Y mi madre, – “estás loca, eres una inconsciente, cómo se te ocurre, así de entrada”, ¿no? Bueno, la reacción más lógica del mundo, yo llevaba mucho tiempo huyendo de esto, pues qué va a decir mi madre. Y, – “evidentemente a tu padre no se lo vamos a decir” y yo… – “bueno, pues nada”, y esa misma noche viene mi madre y – “Marta, he pensado que se lo tenemos que decir a papá, es una deslealtad absoluta no decírselo, cómo no se lo voy a decir”».

Pobre hombre, con todo lo que se ha esmerado, ha sudado, ha ponderado…

«¡Qué te parece!, [ríe] mi padre sufre más: mi padre conoce la Iglesia desde dentro, y conoce la realidad de la Iglesia y conoce todo lo bueno, y también conoce lo menos bueno. Al final la Iglesia no deja de estar compuesta por personas que se equivocan, y papá conoce esa realidad; también sufre un poco y le da un poco de vértigo el pensar que me pueda encontrar en alguna situación o con alguna persona de estas de lo menos bueno, dejando claro que lo menos bueno son esas personas que no hacen las cosas bien, no la Iglesia en sí, y creo que este es un punto interesante [a no perder de vista] (aquí mp3 de 7 minutos)».

«El problema, y más en la gente joven, es que la sexualidad está mal entendida»

 

Muchos ven la rotura sin embargo e insisto, entre lo que dejas tú, que es una vida matrimonial, a favor del celibato apostólico por el Reino de los Cielos; sin embargo es lo mismo, pienso yo, salvando las distancias el celibato es una esponsalidad con Dios, y es signo, testimonio de la unión de Dios con su Iglesia, igual que lo es, en su dimensión trinitaria, la unión física de los esposos…

«Me has dado la respuesta»

Gracias por esa frase, pero, la pregunta está en la respuesta más que la respuesta en la pregunta, y me explico: la gente sigue viendo un corte entre vivir la sexualidad, mal o bien, con el dedicarse a Dios.

«Yo creo que el problema, y más en la gente joven -lo digo porque me he movido mucho tiempo en el mundo y con mis amigos- es que la sexualidad está mal entendida. La sexualidad no puede ser un fin en sí mismo; los afectos no pueden ser un fin en sí mismos. Cuando uno vive a afectividad y la sexualidad como buscando la propia satisfacción pierde todo el valor, no sirven de nada. Cuando uno muestra afecto a otra persona, lo demuestra entregándose, ¿no? No recibiendo. Aunque implícitamente recibe, pero uno no hace eso para recibir. Y [sin embargo] es así como se vive hoy, uno conoce a un chico, en una discoteca y tal, uuuh, pim, pam, y ha perdido todo el valor. Ha perdido todo el sentido, y está mal entendido.

«El tema de las relaciones sexuales hoy en día está sobrevalorado, aunque claro que sí que somos humanos, ¿eh? Y eso es una renuncia, ¡es una renuncia! Cuando uno opta por el celibato, renuncia al amor carnal, y no nos podemos engañar, hay que llamar a las cosas por su nombre: y eso es una renuncia y es verdad. Pero hay que entender la sexualidad correctamente. La sexualidad es entrega. A veces ves a una pareja juntos, y piensas, ¿hasta cuándo estarán juntos, hasta que busquen una novedad, al aburrirse? En cambio cuando ves a una pareja, el uno pendiente del otro, de la felicidad del otro… Ahí está la clave. La sexualidad tiene que ser entrega. Igual que el celibato es entrega» (aquí mp3 de 3 minutos)».

Leí recientemente que si Dios hubiera confiado solamente en el poder de las palabras, habría fundado un periódico.

«[Ríe] Buena esa».

Se podría decir que Dios en el Antiguo Testamento fundó un periódico, que sus jefes de sección y redactores eran los profetas y que finalmente dijo un día “Bueno, esto no funciona, la gente no se entera”, y salió Él a la calle. Y con Jesucristo esto ya ha cambiado, ahora la misión es “Id y predicad”, manda a los discípulos a que difundan la palabra ¿no? Ese es el cambio. Dios es un romántico incurable, que por respeto a la libertad del hombre muere en la Cruz.

Por lo tanto pienso que los que dicen que la “sola fide” te da la salvación me parece que “pisan huevos”, pues si ese fuera el caso Dios hubiera chasqueado los dedos, no habría necesitado morir por nosotros. Muere para que sigamos teniendo libertad. Por ello es tan adecuado el cambio promovido por Benedicto XVI para mejorar la traducción de las palabras de la Consagración en la Misa: “por muchos” en lugar de “por todos”, puesto que quien no quiera no se salvará. No los que no sepan, que para ello reconocemos la existencia del Bautismo de Deseo. Ese tema, así, de la libertad humana respetada por Dios, es un Tema, con mayúscula.

«¡Eso…, eso es inexplicable! Es uno de los grandes misterios: ¡por qué! Dios nos quiere tanto que nos quiere libres. Pero eso pasa con todo. ¡Un padre que obligara a su hijo a quererle! ¡Qué valor tendría esa estima del hijo por el padre!; pues es un poco lo mismo. Dios se muere de ganas de que todos le amenos, de que todos le queramos. Pero ¿qué valor tendría, si nos obligará a amarle, si nos obligará a quererle?».

Qué les dices a tus amigos apartados de Dios, para hacerles entender que Dios a ti te pide esto, pero que a ellos, es que también les pide esto. El proyecto del hombre de Dios es la santidad, sin santidad no se alcanza ese proyecto.

 

«Dios nos quiere tanto que nos quiere libres».

«El tema de mis amigos es muy especial, me gusta llamarlo así. Yo fui a [colegio] Canigó hasta 4º de ESO, y entre mis amigos la formación es muy escasa, y entre los amigos de la universidad ya ni te cuento. Pero es gente muy, muy buena, y lo bueno de todo esto es que el grupo de la universidad se hace amplio, y se han ido incorporando y hemos hecho como mucho plan. Y es así un grupo muy plural, y a nivel de formación religiosa, por ignorancia pura y dura y porque nadie les ha hablado de Cristo, es muy bajo. No es que no crean porque no creen. Todo el mundo ha oído hablar de Dios, pero es que uno se enamora de Cristo Dios-Hombre.

«Y me preguntas cómo les explico; para ellos ha sido la gran sorpresa de la vida, las tengo llorando por las esquinas porque no entienden cómo una lo deja todo: “lo dejas todo, tía, ni calefacción ni nada” –“quien os ha contado estas cosas raras, ni calefacción?”, les digo, que al final … Pero es que las tengo llorando de la impresión que supone que alguien lo deje todo hoy en día teniendo todo al alcance de la mano. Lo que decía mi madre: “Yo llevo muchos años rezando por las vocaciones sacerdotales, religiosas, pero una reza por las vocaciones de otros, del hijo del vecino”; ¿no? Y cuando le toca a uno… pues cuesta más.

«Y la renuncia a tener [los hijos] cerca físicamente… pues cuesta. Pero los hijos son de Dios y eso yo me lo creo y para mí es un honor que Dios se haya fijado en un hijo mío para esto y que un hijo mío, pudiendo hacer cualquier otra cosa haya dicho que sí. Y ahí mi madre llora, ese día fue un drama, pero un poco en la línea esa, no entienden que uno quiera, y es que la palabra es querer, ¿no? Dejar las comodidades y dejar la realidad en la que vivimos, ¡siglo XXI!, para materialmente no tener nada, y para ellas espiritualmente esto falla ahí, para mí es tenerlo todo. “Lo dejas todo”. “No, no, no lo dejo todo, dejo esto para ganarlo todo”, les digo. A mí lo que me cuesta dejar ahora, es dejarlas a ellas, dejar a mis amigos, a mi familia, pero lo material…

«Y esto es gracioso porque cuando les contaba todo esto me preguntaban “¡por qué, que ves!” Y lo que te decía antes, yo soy muy racional, y el guiarse por el sentimiento, por la plenitud, por ese gozo, me era suficiente, pero para tomar una decisión así necesito como más seguridad, ¿no? A veces somos un poco tontos, pero bueno, yo esa seguridad la buscaba, me puse a hacer una lista de pros y contras: 800 contras, ¡o más! Y 3 pros.

«Y yo no quería entrar más en los pros, ¿vale? Porque al final es como desnudarse. “Y qué, ¡cuáles son los pros! No lo entiendo, a ver si así lo entendemos!”, me decían. Y son tres pros, el poder estar ¡siempre!, tan cerca de Dios como he podido estarlo estos días en que lo he buscado, el tenerlo, el ser consciente que no necesito más que un sagrario cerca, y sé que así lo voy a tener a Él, y lo voy a tener muy cerca. Y el servir. A mi servir me llena y me ha llenado siempre, el darme a mí misma. Me hace feliz. Y que el día que yo llegue al cielo! No quiero llegar sola… Al cielo tenemos que llegar todos! ¿No? Y ellas también…. Y yo les decía: el día que yo llegue al cielo, mi cielo no sería lo que tiene que ser el cielo para mí, esa plenitud y ese todo, si no estuvierais vosotras (aquí MP3 de 8 minutos)».

«¡Por qué! Porque me he enamorado de Dios».

Y la gran pregunta final, que es la primera y la última a la vez, ¿por qué?

«¡Por qué! Porque me he enamorado de Dios. Me he dado cuenta, [pero] yo ya lo sabía, ¿eh? No he dudado nunca que Dios existe y que Dios me ama, pero quizá era un poco teórica, toda la vida… bueno, he estudiado en un colegio católico, mis padres son católicos practicantes, ¡muy buena gente! Uno al final le debe gran parte de la vocación a sus padres. Si mis padres no me hubieran… no sé; si mis padres no me hubieran dado también la libertad. Nunca me han impuesto la fe, no me ha obligado a nada, ¿no? Me han dado esa libertad de encontrar a Cristo.

«Lo que te digo, mi fe era muy teórica, muy de colegio, muy de misa los domingos, muy de … pero el día que tú te encuentras con Cristo, el día que tú dejas esa teoría de lado, y tú individualmente lo buscas y lo experimentas, ahí cambia todo, ahí cambia todo [repite]; uno no va a misa porque toca ir a misa sino porque necesita ir a misa, porque necesita encontrarse con Él, porque necesita tenerlo cerca. Ahí está un poco la clave de todo: el necesitar a Dios; y Dios nos necesita a todos, Dios nos quiere a todos, un poco en la línea de lo que decía antes: Dios nos hace libres y respeta nuestra libertad, pero está deseando que le queramos.

«Y es que, el otro día precisamente hablaba con una amiga y le decía yo a ella, – “es que basta que le des esto, que le abras un poquito el corazón, que le digas, quiero, ¡quiero!, conocerte. ¡Quiero! ¡Quiero querer!” Aunque no quieras; el “¡quiero querer conocerte!” “Quiero tener esa necesidad de ti”; no la tengo pero quiero tenerla, para que Dios se vuelque y derrame su gracia así [gesticula mostrando abundancia con las manos] a “cascoporro”, ¿no? Está deseando hacerlo. Basta que le des un poquito, y también en esta línea, lo que te contaba antes, todo el tiempo que yo he huido… y cuando ahora me preguntan –“¿cómo estás?”, digo –“estoy bien, estoy muy contenta, pero estoy impresionada”. Y es que me impresiona no lo que viene, lo que viene da un poco de vértigo, quizás, porque vas un poco a lo desconocido en realidad. Pero me impresiona: me impresiona el proceso. Y el haber sido consciente de que huía de Dios mucho tiempo, y que le daba un poco la espalda; a nivel individual, ¿eh? Porque a nivel práctico yo seguía yendo a misa, ¡de cara al público! Yo era una buena cristiana, ¿no? Podrían ponerme la e-ti-que-ta [gesticula] de buena cristina. Pero yo he sido consciente de que he huido un poco de todo esto, y a pesar de ello, ¡oye! Tengo casi 30 años, y estos 30 años…

[Interrumpo] No es nada.

«[Sigue] … en los que a pesar de ello Dios no se ha cansado de llamar a la puerta, y ha esperado el momento, y esto es precioso también, y cuando hablo con mis amigas se lo cuento: -“yo llevo muchos años rezando por mi marido y por mis hijos [futuros], y cuando yo he rezado por mi marido y por mis hijos, a mis casi 30 años, ¡cuántos años rezando!, había una vocecita interior que me decía ‘Marta, tranquila, todo llega, cuando estés preparada’. Y yo le decía ‘[da una palmada enérgica] preparada para qué, ¡tío! Preparada para qué, no entiendo, para qué tengo que estar preparada, a estas alturas ya, carrera acabada, habiendo trabajado, oposición en proyecto’…” No, no entendía. Pues sí, claro que tenía que estar preparada» (aquí mp3 de 5 minutos).

Puedes leer aquí (haz clic para el enlace)la Primera Parte de esta entrevista.

*Jordi Picazoes máster en Filología Inglesa y profesor, y está colegiado como periodista en Reino Unido y España.

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