Opinión

De novatadas, futuros médicos y maestros…, por José Moreno Losada

De novatadas, futuros médicos y maestros…, por José Moreno Losada

De alguna manera “somos lo que hacemos” y, sobre todo, “cómo lo hacemos”. En la universidad, lo que hacen los jóvenes es estudiar, pero el estudio se puede entender y vivir de muchos modos. Lo que más configura como persona al universitario, en este momento de su vida, es el estudio. Pero pueden situarse ante él de dos formas totalmente distintas: se puede hacer un estudio desencarnado, individualista, que tan sólo busque responder a las demandas que formula el mercado, aceptando los conocimientos que se transmiten de forma acrítica; o se pueden intentar aprovechar todas las posibilidades que ofrece la universidad para fraguar el tipo de persona que aspiran construir. Cuando se hace así, se produce un estudio solidario, comprometido, liberador.

 Está claro que tendremos un tipo u otro de persona según nos situemos ante el  estudio, tanto alumnos como profesores. De lo que se trata no es de que los jóvenes pasen por (y de) la universidad, sino de que la universidad pase por ellos y sean verdaderamente universitarios. Debemos tener la aspiración a un verdadero estudio, que construya personas, profesionales y ciudadanos de primer orden. En general, un estudio constructivo será aquel que enseñe a aprender, emprender, sorprender, comprender y reprender.

Traigo este tema a colación de una anécdota que ocurrió el otro día en la Universidad de Extremadura. La primera semana los alumnos dedican bastante tiempo, fuerzas y ganas a las novatadas, se salen de madre en el mejor de los sentidos y, aunque el rectorado se expresa claro y fuerte sobre este tema, no siempre las cosas van por su mejor camino. Así sucedió hace unos días.: los alumnos de Medicina, los novatos amenizados por los veteranos, hicieron procesión hasta la Facultad de Educación que está en la otra punta del campus. El cometido de la misma era finalizar ante la puerta de ésta gritando que los alumnos de Magisterio no estudian, sino que dibujan, recortan, colorean… de esta manera, pretendían ridiculizar sus estudios y su carrera. De alguna manera se podía entender que, de este modo, manifestaban su superioridad en corte de nota para entrar en medicina y su futuro trabajoso y difícil, frente al periodo más o menos vacacional de estos otros estudiantes.

La anécdota me sirvió para plantear el primer tema que trabajo en mi asignatura: el por qué del estudio y de la escuela. De ahí nacieron reflexiones, todas riquísimas, pero extraigo una de ellas, de una alumna de Educación Infantil, con el ánimo que lo que ocurrió el otro día sólo fuera una anécdota tonta de cuando se pierden las nociones de la racionalidad y de lo razonable. La verdad que el choque entre los alumnos en la puerta no fue saludable en los gritos, en lo que se refiere a los futuros médicos, ni educativo –les tiraron huevos- en lo que corresponde a los futuros maestros.

Pero escuchemos a Laura:

“Hay momentos en la vida que nos hacen reflexionar y en clase de Pedagogía y Didáctica de  la religión fue un momento para ello. No sólo por las preguntas propuestas en clase, tales como: ¿Por qué estudio?, ¿Para qué estudio?, ¿Cómo estudio? Sino porque esas preguntas nos han llevado a responder muchas otras: ¿Soy afortunada?, ¿Privilegiada? Y sí, puedo decir que soy afortunada, afortunada por nacer en este país, que aunque no pasa por su mejor momento, sigue siendo la mejor opción entre muchas, sigue siendo en su defecto un país de privilegiados. Al entrar en clase con Pepe, tras la anécdota de las novatadas, nos planteo la cuestión de si magisterio una carrera fácil, si está valorada, o es el resultado de una nota de corte baja. Los estudiantes de magisterio hemos tenido que escuchar continuamente como se infravalora nuestra carrera, como se nos  etiqueta, con un simple: “Pinta, recorta y colorea”, con la que muchos/as de nosotros/as no nos sentimos identificados. Hemos sido los menos valorados a los ojos de los estudiantes de las demás carreras de nuestra universidad y conocidos como la carrera más demandada simplemente porque su nota de corte está en un 5.

Ahora, es el momento de que la nueva generación de profesores/as haga ver al resto que están equivocados, que esta carrera es mucho más importante, valiosa y necesaria de lo que ellos/as piensan. Hablo por mí, desde mi propia formación y desde mi propia persona. ¿Por qué estudio? Estudio, no sólo porque esta sociedad valora más un titulo en un currículum y su nota, que la experiencia y los conocimientos adquiridos a lo largo de la formación, sino que estudio por vocación, por amor a lo que hago, por la motivación de superar mis objetivos cada día, de superarme a mi misma como persona. Estudio por demostrar a los demás que “pintar, recortar y colorear”, es la base fundamental de todas las personas, incluso de los médicos; ¿O acaso los médicos no cortan la piel de los enfermos?, ¿De los heridos?, ¿No pintan letras que forman un nombre en las pulseras de los enfermos? ¿No pinta, recorta y colorea un arquitecto? Entonces, ¿Qué pasaría si nadie les hubiese enseñado a “pintar, recortar y colorear”?¿O a escribir?

También se nos interpelaba acerca de si sufrimos o disfrutamos estudiando. Yo siento que disfruto estudiando esto que es mi vocación, que estudiar me aporta nuevos conocimientos, nuevos objetivos, una mirada hacia el futuro, una mirada hacia un cambio mejor que puedo provocar yo misma, una satisfacción personal, una formación… Y me siento esperanzada hacia una visión de un futuro profesional, hacia un cambio de mentalidad sobre la facultad de educación, sobre los profesores/as que allí estudiamos y nos formamos como futuros docentes. Me siento entusiasmada, esperanzada y con un optimismo brutal de que  el mundo se dé cuenta de que los docentes son el pilar fundamental en la formación de nuevas generaciones tanto profesionalmente como personalmente. Espero que magisterio, sea en un futuro, la mejor carrera valorada entre las carreras de las universidades, para que puedan seguir llegando buenos alumnos a la facultad de medicina”.

 

José Moreno Losada. Sacerdote de Badajoz

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