Por la calle

De macarrones y vacunas, por Txomin Pérez

Tengo antojo de macarrones con chorizo… pero no existen ni los macarrones ni el chorizo. Me siento. Lleva su tiempo. Resumiendo hasta el extremo. Necesito un agricultor que prepare el campo, siembre y cuide lo sembrado. Lluvia y sol cuando toca. Y, por fin, coseche. Habrá que procesar el trigo y hacer los macarrones. Un ganadero y un cerdo que al principio será pequeño. Cuando esté gordo —no es de un día para otro— será sacrificado y su carne, con el concurso de los gremios del pimentón, la sal y el ajo, se convertirá en chorizo. Y a esperar el tiempo suficiente para que se cure.

Ya tengo lo «básico». ¿Tiempo estimado para que yo me cocine unos macarrones con chorizo… partiendo del cero absoluto? Tirando por lo bajo: un año y medio, quizás dos.

Casi todo en la vida, hasta lo más simple… lleva su tiempo. Fabricar una vacuna segura contra un virus del que conocemos cosas nuevas cada día, partiendo casi de cero, se me antoja más complicado. No hace mucho oía que «los tiempos de los políticos, de los periodistas y los de la comunidad científica no son iguales». Sería de agradecer respetar el tiempo de los terceros… y ser serios con el anuncio de «cuándo tendremos una vacuna». No es momento de cuentos de la lechera y falsas expectativas. Y a todos nosotros que vivimos en la sociedad del «lo quiero ya…» no queda otra que ejercitar la paciencia del santo Job… haciendo lo que hay que hacer: mascarilla, lavarse las manos y distancia de seguridad.

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