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De la banca y el sector informático a los Museos Vaticanos. Esta es la historia de la hermana Emanuela Edwards

La hermana Emanuela Edwards pertenece a las Misioneras de la Divina Revelación, religiosas que ostentan la responsabilidad de ser las guías oficiales de la Basílica de San Pedro y los Museos Vaticanos. Esta monja británica es la responsable de los grupos de habla inglesa y gracias a la conversación con Gerardo Ferrara para el CARF (Centro Académico Romano Fundación), conocemos más detalles de su vocación, de su trabajo en el día a día en el Vaticano y su vida como religiosa.

Estudió Economía y llego a directiva pero el plan del Señor era otro

Cuenta para Ferrara como su vocación estuvo latente desde muy joven, participando en las peregrinaciones juveniles diocesanas a Lourdes y siendo un miembro activo del grupo de jóvenes de su parroquia. Años después, ya acabado el periodo escolar, se graduó en Ciencias Económicas por la Universidad de Manchester y empezó  trabajar en el sector bancario y después como consultora de servicios informáticos. A la pregunta de su hermana pequeña sobre su vocación religiosa ella contestaba con total claridad: «¡De ninguna manera!».

Mientras su vida de fe seguía creciendo como laica comprometida —fue la directora del primer grupo de oración en Inglaterra dedicado a la Virgen de la Revelación—, su carrera profesional iba creciendo, asumiendo cada vez ámbitos de mayor responsabilidad hasta llegar a ser directora de operaciones.

Sin embargo, fue en unas vacaciones a Roma cuando su vida cambiaría para siempre.

«El amor por Él sobrepasa todos los demás amores».

«Con el paso del tiempo noté que, aunque disfrutaba de mi trabajo, cuando enseñaba la fe, me sentía más realizada. Tuve una experiencia parecida a la de los discípulos del camino a Emaús que dijeron: “¿No ardía nuestro corazón dentro de nosotros mientras nos hablaba en el camino?” (Lc 24, 32). Finalmente, en 2005, durante unas vacaciones en Roma, fui a la gruta de “Tre Fontane” (Tres Fuentes) donde apareció la Virgen de la Revelación.Una vez allí le pregunté al Señor qué quería que hiciera con mi vida. En ese momento, vi a dos Hermanas de las Misioneras de la Divina Revelación y supe que estaba destinada a ser como ellas».

Al principio supuso un cambio radical que requirió de todo un proceso de asimilación de lo que, en palabras de la Emanuela Edwards, fue el camino de la Divina Providencia.  Fue al consultarle a la madre Rebecca Nazzaro, superiora de la orden, en una de sus visitas al Reino Unido, sobre cómo se sabía identificar el llamado del Señor, cuando ella respondió con las palabras que llevarían a cabo la transformación de su corazón: «El amor por Él sobrepasa todos los demás amores».

Después de un período de discernimiento y un tiempo intenso de oración y reflexión con frecuente adoración eucarística, Edwards estaba totalmente convencida de la llamada de Jesús y dejó su país natal para entrar a la comunidad de las Misioneras de la Divina Revelación en Roma.

Hermana Emanuela Edwards
La hermana Emanuela Edwards, británica, que pertenece a las Misioneras de la Divina Revelación, fue enviada por su Congregación a estudiar Comunicación en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz para adquirir competencias para encauzar la Nueva Evangelización

 

Comunicación, fe y arte: el itinerario de la hermana Edwards en Roma

Tras su paso por la Pontificia, la hermana Emanuela tiene claro que «uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo, es la comunicación de la fe a los jóvenes. Nuestra herencia cristiana debe volverse interesante y desafiante y ser comunicada a todos. ¡Debe hacerse de tal manera que pueda reforzar la fe de los que creen, mientras que al mismo tiempo se extienda a la periferia para hablar del amor de Dios por todos, incluso para aquellos que normalmente no estarían interesados!», ha dicho en el CARF la misionera que ha vivido en Roma su propia África, su propio territorio de misión. «Las obras maestras artísticas o las iglesias que albergan las historias de los santos y mártires brindan oportunidades para que las personas experimenten la fe. En nuestro tiempo, la gente puede hacer una visita cultural y, a través de la belleza del arte o el testimonio de la fe, escuchar el mensaje del Evangelio por primera vez. Por lo tanto, la Iglesia debe usar su patrimonio cultural para hablar de Dios porque visitar estos lugares y explicar su historia, representa una oportunidad para contar la fe cristiana de una manera cautivadora. El Papa León I preguntó una vez: “¿Por qué debe esforzarse la mente cuando la vista instruye?”. Y claro, de una manera sencilla, poderosa y hermosa las grandes obras maestras artísticas cuentan las maravillosas historias de la fe que todos pueden entender. ¡Mi África es Roma!».

Valorar la transmisión cultural que a lo largo de la historia ha ido custodiando la Iglesia católica, ponderar la potencia del patrimonio disponible y ser capaz de comunicarlo, está en el trabajo cotidiano de Emanuela Edwards en los Museos Vaticanos y espera poder seguir aportando para mostrar la belleza en medio del ruido, del “bla bla bla”, del que nos habla Jep Gambardella al final de La gran belleza.

 

Hermana Emanuela Edwards
En la imagen, la hermana Emanuela Edwards posa con profesores y alumnos de la Facultad de Comunicación Social e Institucional de la Facultad de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma. «Gracias a Dios y a la formación que recibí en la Facultad de Comunicación de la Santa Cruz, me desenvuelvo más fácilmente entre mi trabajo como guía oficial de las giras “Arte y Fe” en los Museos Vaticanos y la Basílica de San Pedro. Además, soy la responsable de tareas de comunicación de mi Congregación. El programa de formación de la Santa Cruz ha sido muy relevante y útil», afirma.

 



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