Firmas

La conversación de Jesús de Nazaret con la samaritana

samaritana

Jesús de Nazaret regresando de Judea a Galilea atraviesa Samaria por el estrecho valle entre los montes Herbal y Garazín y llegando cansado al pozo de Jacob  sienta a su borde, en cuya tierra se hallaba la tumba de José de Egipto a quien su padre Jacob le había dado en herencia. Manda a sus discípulos a buscar comida a la ciudad de Siquén que quedaba a unos centenares de metros. En esto, una mujer samaritana que había tenido cinco maridos y ahora convivía con otro hombre se acerca al mencionado pozo con un cántaro para tomar  agua.

Jesús de Nazaret le dice: “Dame de beber”. Ella le contesta: “Cómo tú, siendo judío, te atreves a pedirme agua para beber a mí que soy una mujer samaritana”. Los judíos y los samaritanos no se trataban entre ellos, debido a que ambos tenían ciertas diferencias religiosas y culturales en la interpretación de la Ley Mosaica. Le responde: “Si conocieras el don de Dios y quien es el que te dice dame de beber, tú, le hubieras pedido agua y él te hubiera dado agua viva”.

Le contesta: “No tienes con que sacarla y el pozo está hondo, ¿dónde tú sacas esa agua viva? ¿ Es qué tú eres más que nuestro padre Jacob que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos”. Le responde: “Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua de la que yo le daré no tendrá sed jamás y se convertirá en fuente de agua que brota para la vida eterna”.  Ella contesta: “Señor, dame de esa agua para que yo no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla”.

Entonces, Jesús le dice: “Vete, llama a  tu marido y vuelve acá”. Le contesta: “No tengo marido”. Le responde: “Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es tu marido, en eso has dicho la verdad.  Le contesta: “Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en este monte Garazín a Yahvé y vosotros decís que el lugar donde se debe adorar es Jerusalén”. Le responde: “Créeme, mujer, que ha llegado la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis a Dios Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis, nosotros adoramos a uno que conocemos porque la salvación viene de los judíos. Pero ha llegado la hora en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad porque Dios Padre desea que le adoren así”.

Le contesta: “Sé que va venir el Mesias, el llamado Cristo, cuando él venga nos lo enseñará todo”. Jesús le dice: “Yo soy, el que está hablando contigo”. La samaritana deja el cántaro y corre a Siquén y decirle a sus vecinos: “Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?”. Muchos samaritanos de Siquén fueron verle y le piden que se quede  con ellos en esta ciudad. Se quedó aquí dos días predicando el reino de Dios. Los vecinos le decían a la samaritana: “Ya no creemos en tus palabras, nosotros mismos le hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del Mundo” (Jn. 4,1-42).

De dicha interesante conversación de Jesús de Nazaret con la samaritana en el pozo de Jacob sacamos las siguientes conclusiones:

Primera.- Jacob es padre de las gentes de Judea, Samaria y Galilea, sean judíos y samaritanos.

Segunda.- Jesús conversa con una mujer samaritana que tiene una interpretación distinta a la de los judíos sobre la Ley Mosaica y que tuvo cinco maridos fallecidos, y que ahora convive con otro hombre como pareja.

Tercera.- Le pide agua de beber del pozo de Jacob, y a cambio le ofrece  agua viva que quien la beba no tendrá sed jamás. Se vale de esta comparación  para expresarle que la credibilidad y fe a su persona y a sus palabras son fuente de agua viva que le garantiza la vida eterna.

Cuarta- Ella le manifiesta que espera al Mesías, quien le enseñará todo.

Quinta.- Jesús le contesta: El Mesías soy yo, el que habla contigo.

Sexta.- Entonces, deja el cántaro y va avisar a sus vecinos de Siquén quienes vienen a verlo y le piden  que se quede con ellos. Jesús se queda con ellos dos días creyendo muchos en él y diciendo: Verdaderamente es el Salvador del mundo.

Este precioso texto evangélico es exclusivo del evangelista Juan y no aparece en los sinópticos. Ciertamente, Jesús de Nazaret es el Mesias y el Salvador del mundo, fuente de agua viva de vida eterna para las personas que le creen y le aman.

 

José Barros Guede

A Coruña, 18 de septiembre del 2013

 

 

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