Zona Cero

La importancia de cuidarnos

Todos los días entro a mi trabajo y siempre es lo mismo. Pero no se asusten, es bueno de lo que les voy a hablar. Se trata de una bonita rutina y que quiero compartir. En la portería, todos los días, una sincera sonrisa, una cara acogedora y un ´buenos días´es lo primero que uno se topa cuando entra a la sede del gobierno de la Iglesia de Vitoria. ¿Se debería presuponer? Pues sí, pero hablando la semana pasada con amigos, todos coincidían en lo “borde” o “antipáticos” que son en la mayoría de sitios de atención al público. Pero tuve la suerte de  poder contar esta excepción a la regla.

¡Y qué importante es esto! En la actual situación en la que nos encontramos con noticias que no son buenas –se mire por donde se mire–, las personas debemos poner todo de nuestra parte para crear un clima de armonía, de optimismo y también de profesionalidad en el caso laboral, cosa que fomenta las otras dos destrezas. Ayer, por la fiesta del Pilar, el Obispo de Vitoria incidió mucho durante su homilía en la necesidad de querernos, de cuidarnos, de no envenenarnos y de tener siempre la alegría del Evangelio por bandera. Por eso me acordé de lo importante que es tener esa buena disposición que tiene mi compañera cada vez que entramos en esta sede. Es todo un ejemplo de comportamiento basado en los valores evangélicos que tanto debemos cuidar y promover quienes trabajamos en este terreno. No siempre es así; también en organismos eclesiales nos encontramos –muy pocas veces para ser sincero– con malas caras, contestaciones imprudentes y desaires cuanto menos llamativos. Por eso es importante empezar por casa.

Cuando hay cariño y empatía en el trato, todo fluye mejor. Cuando hay una atención educada y calurosa, la persona se siente en el centro. Cuando cuidamos y queremos, lo importante cobra vida y lo secundario se queda atrás. Es muy importante que quienes estamos en los órganos de gobierno de la Iglesia nos tratemos bien, nos cuidemos, porque de esa manera podremos hacer mejor nuestro trabajo de cara a la sociedad a la que servimos. Si nosotros así nos comportamos, estaremos siendo ejemplo de cristiano y no hay mayor evangelización que el propio estilo de vida. Cuidarnos entre nosotros y así saber cuidar a quien lo necesite. Este es el camino en nuestro día a día.

Ojalá tengamos siempre esta actitud. No solo por serlo, si no también por parecerlo. Son muchas ya las personas que coinciden en la “amabilidad de la chica de portería” o lo “maja y atenta que es siempre”. Y esto ya es un paso enorme para la actividad de la Iglesia, ejemplo del mensaje cristiano y primer paso para que el resto de las cosas salgan bien. Agradezco enormemente a mi compañera de recepción por recordarme cada mañana al entrar al Obispado que una sonrisa cambia la jornada y optimiza los resultados.

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