Editoriales Ecclesia

Cuidar y amar la vida: toda la vida, la vida de todos y en todas las circunstancias – editorial Ecclesia

Cuidar y amar la vida: toda la vida, la vida de todos y en todas las circunstancias – editorial Ecclesia

            La Iglesia católica en España celebra el 25 de marzo la Jornada de la Vida. Lo hace en el contexto de una de las fechas litúrgicas más hermosas y significativas de todo el año cristiano: la solemnidad de la Anunciación y Encarnación del Señor, el día en que Dios se hizo hombre, se hizo vida humana, en todo igual que la nuestra, excepto en el pecado.

Es esta una de las jornadas eclesiales más recientes y quizás por ello de las de menor visibilidad y repercusión, más allá de su importancia, belleza, urgencia y transversalidad. Y es que la Jornada de la Vida no es solo un necesario alegato contra el aborto –«un abominable crimen», como lo definió el Concilio Vaticano II, del que jamás deberíamos acostumbrarnos, ni nunca minimizar o contemporizar-, es una proclama en favor de toda la vida y la vida de todos, primer y fundamental derecho.

De la vida humana, sí, desde su concepción hasta su ocaso natural. Y si ya repugnó a la conciencia recta la ley española de 2010 que convirtió, legalmente, el aborto en un derecho -¡qué sarcasmo!-, hemos asimismo de estar prevenidos y contribuir con todos nuestros medios para que no acontezca lo mismo –la misma barbaridad jurídica- en relación con la eutanasia, por mucho que algún destacadísimo líder político español hable ya, en vísperas electorales, del «derecho a la eutanasia». La vida es siempre sagrada. Y lo es mucho más cuando se halla en debilidad: en la debilidad sin defensión posible de un niño todavía no nacido; y en la debilidad, también sin apenas amparo, de un anciano o de un enfermo grave.

Y estas verdades, inscritas en la naturaleza y en la ley de Dios –no nos olvidemos el quinto mandamiento-, han de ser protegidas, defendidas y promovidas siempre y sin excusas de ningún género.  Y ello, máxime, aunque no es ni mucho menos la razón principal, en medio del actual y suicida invierno demográfico de las llamadas sociedades del bienestar y del progreso, como sucede en España.

Con respecto a la eutanasia –llámesela como eufemística y falazmente se la quiera llamar- bueno será recordar, como hacen los obispos españoles de la Subcomisión de Familia y Vida, que la «capacidad de servicio a la vida y a la dignidad de la persona enferma, aunque sea anciana, mide el verdadero progreso de la medicina y de toda la sociedad». O dicho con otras palabras: que la altura moral y del verdadero bienestar y progreso de una sociedad se calibra y demuestra por su respeto, apoyo y cuidado hacia las personas más necesitadas.

La Jornada por la Vida es asimismo oportunidad para combatir la «cultura del descarte», de la insolidaridad, del egoísmo y del hedonismo.  Amar y cuidar la vida es apostar por los más necesitados y excluidos. Es promover verdaderas políticas de inclusión y de justicia social. Es estar alertas ante posibles nuevos indicios y atisbos de recesión económica. Y apostar y comprometernos por la mayor calidad de vida posible para todos.

Frente a los sucesos terribles de abusos en el seno de la Iglesia y en tantos otros ámbitos de la sociedad, cuidar y amar la vida es exigencia para rechazar, sanar, extirpar y prevenir estas aberraciones, que lastran, mancillan, marcan y hieren la vida de las víctimas y de sus familias. Y ha de serlo también para respetar las sentencias judiciales y sus periodos de condenas. E igualmente evitar la difamación, la caza de brujas y la persecución hacia quienes, habiendo resarcido sus obligaciones con la Justicia, desean reinsertarse.

 

 

Print Friendly, PDF & Email

Añadir comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.