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Opinión

Cuerpo, mente y espíritu…. , desde la Universidad de la Mística, por José Moreno Losada

Cuerpo, mente y espíritu…. , desde la Universidad de la Mística, por José Moreno Losada

Venimos a la existencia de un modo problemático, porque llegamos sin hacer, y esa es nuestra tarea. Desde ese horizonte, descubrimos que hay tres frentes fundamentales a los que atender y desde los que ser: el cuerpo, la mente y el espíritu. Ninguno de ellos se entiende sin los otros porque, en la unidad del ser, encuentran sentido, siendo todos parte de todo. Otra cosa son las divisiones y rupturas que nosotros culturalmente impongamos: unas veces despreciando al cuerpo, otras olvidando al espíritu.

Estas reflexiones habitan mi mente cuando, en el verano, he buscado el descanso para el cuerpo y la paz para el espíritu; las dos cosas al mismo tiempo, aunque en distintos espacios y con distintos procesos.

He privilegiado al cuerpo en los días de estancia junto al mar en la playa de Chipiona, en el santuario de Regla; allí, el yodo del mar, el paseo en la playa, el baño agradable en el Atlántico, el descanso, la conversación tranquila, la brisa en la noche, el amanecer alegre… me han oxigenado y me han reconciliado con el cansancio acumulado y la tensión cargada del curso y los acontecimientos vividos en él. En esos días me he sentido cuerpo y lo he amado y reconocido como joya de mi persona que se ha puesto en las manos para vivir y ser, que tengo que custodiarlo como camino de la felicidad a la que estoy llamado y aspiro en mi interior.

He privilegiado la mente los días de formación que he compartido con los jóvenes estudiantes católicos en la zona de la Vera, en Valladolid y en unos días de estancia tranquila en la casa de silencio y reflexión en Cabezuela del Valle, en el Jerte. Con los jóvenes, nos hemos adentrado en temas de calado profundo en torno a la sociedad, la crisis, la necesidad de liderazgos humanos y de servicio en este contexto cultural, político y económico. Todo a la luz del Evangelio de Jesús orientado desde un humanismo cristiano y un deseo de responder al momento presente con una reflexión lúcida y comprometida. Así fue también en la Asamblea, buscando líneas para vivir el compromiso en los ámbitos estudiantiles y juveniles con el carisma de la entrega por la que optan los que siguen a Jesús de Nazaret, con una identidad que hoy requiere cuidar y formar para no deshacerse en pensamientos que no son propios y vienen impuestos por modas que no nacen de lo sano del espíritu de lo verdaderamente humanista y creativo. El slogan de la asamblea lo decía todo: “Creamos lo que creemos”. Con el compañero Ricardo nos refugiamos en el Jerte y cada uno atendimos a trabajos de reflexión que hemos de entregar para compartir pensamiento y profundidad con otros muchos que seguimos los mismos caminos de nuestro momento histórico.

Y, ahora, en Ávila, como todos los años junto a otros compañeros, venimos buscando el lugar del Espíritu y la mística. Hoy necesitamos como nunca cuidar el espíritu de lo profundo. El cuerpo y la mente en su hacer y resolver necesitan horizontes de sentido, fuentes de vida y alimento  de verdad, luz y alegría. No hay duda de que la felicidad es una tarea interior, que el cuerpo y la mente sin el espíritu de la vida, sin la mística del vivir, se quedan paralizados en una horizontalidad que les agota y les consume. El propio Nietzsche lo avisaba cuando observaba que sólo el que tiene un por qué para vivir resiste cualquier cómo. Pero ese por qué no puede ser inventado, a lo más soñado, querido, esperado, deseado, y por ello buscado más allá de nosotros mismos como fundamento de lo real y de lo auténtico. En este sentido, me ha gustado realizar los ejercicios espirituales en el marco de la universidad de la mística.

Se trata de una fundación, CITES, entidad sin ánimo de lucro, inspirada en el espíritu de solidaridad, paz, amor y libertad de los místicos, principalmente Teresa de Jesús, Juan de la Cruz y su escuela. Parten del convencimiento de la bondad inherente al ser humano y buscan ayudar a las personas a descubrir la grandeza de su ser y el gran tesoro de su interioridad. Y que, de este modo, sean en la sociedad germen de valores humanos y evangélicos fundamentales. Los medios que utilizan para formar en valores transcendentes, encarnados por los místicos, son un Máster en Mística, un espacio de encuentro e investigación, favoreciendo la promoción de este centro internacional de la universidad de la mística. Lo hacen de un modo interreligioso, intercultural, de investigación, oración, fraternidad, con multitud de cursos, actividades y encuentros. Ayudan a transformarse para transformar, desde el interior de cada ser humano.

Durante esta semana, he convivido con personas de todo el mundo, todos en búsqueda del sentido en el espíritu de lo interior de la persona. Y, realmente, he quedado maravillado. Nosotros hemos sido más de cincuenta sacerdotes de distintas diócesis españolas que, en el silencio, hemos sentido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él, conscientes de que ese amor nos transforma para saber ser cuerpo partido y mente compasiva en la entrega y el servicio de una vida con sentido en el ministerio presbiteral a favor de los hermanos en un mundo de verdad y de justicia.

El próximo año celebraremos el quinto centenario de Santa Teresa de Jesús; late de fondo la corazonada de la posible visita del Papa Francisco, pero no olvidemos que lo grande es esta gigante del espíritu que, cinco siglos después -porque supo aunar cuerpo, mente y espíritu-, sigue siendo maestra y doctora que produce universidades de la mística para los hombres del siglo veintiuno, que tienen que recuperar el cuidado del espíritu para ser una humanidad nueva.

Hoy, más que nunca, hemos de recuperar el sentido de la mística que nació de estos dos grandes santos españoles: Teresa de Jesús y Juan de la Cruz.

José Moreno Losada. Sacerdote de Badajoz



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