cruz
Blog del exdirector Jesús de las Heras

Cuatro poemas para contemplar a Cristo Crucificado

Cuatro poemas para contemplar a Cristo Crucificado

 

“En esta tarde, Cristo del Calvario,

vine a rogarte por mi carne enferma;

pero, al verte, mis ojos van y vienen

de mi cuerpo a tu cuerpo con vergüenza.

¿Cómo quejarme de mis pies cansados,

cuando veo los tuyos destrozados?

¿Cómo mostrarte mis manos vacías,

cuando las tuyas están llenas de heridas?

¿Cómo explicarte a ti mi soledad,

cuando en la cruz alzado y solo estás?

¿Cómo explicarte que no tengo amor,

cuando tienes rasgado el corazón?

Ahora ya no me acuerdo de nada,

huyeron de mi todas mis dolencias.

El ímpetu del ruego que traía

se me ahoga en la boca pedigüeña.

Y sólo pido no pedirte nada.

Estar aquí junto a tu imagen muerta

e ir aprendiendo que el dolor es sólo

la llave santa de tu santa puerta”.

(Himno litúrgico de vísperas. Autora. Gabriela Mistral)

 

 

“Nada se ha inventado sobre la tierra

más grande que la cruz.

Hecha está la cruz a la medida de Dios,

de nuestro Dios.

Y hecha está también a la medida del hombre…

Hazme una cruz sencilla, carpintero…,

sin añadidos ni ornamentos,

que se vean desnudos los maderos,

desnudos y decididamente rectos:

los brazos en abrazo hacia la tierra,

el ástil disparándose a los cielos.

Que no haya un sólo adorno que distraiga este gesto,

este equilibrio humano de los mandamientos.

Sencilla, sencilla….

hazme una cruz sencilla, carpintero.

Aquí cabe crucificado nuestro Dios,

nuestro Dios próximo,

nuestro pequeño Dios,

el Señor,

el Enviado Divino,

el Puente Luminoso,

el Dios hecho hombre o el hombre hecho Dios,

el que pone en comunicación

nuestro pequeño recinto planetario solar

con el universo de la luz absoluta.

Aquí cabe… crucificado… en esta cruz…

Y nuestra pobre y humana arquitectura de barro…

cabe… ¡crucificada también!” (León Felipe)

“Nada se ha inventado sobre la tierra

más grande que la cruz.

Hecha está la cruz a la medida de Dios,

de nuestro Dios.

Y hecha está también a la medida del hombre…

Hazme una cruz sencilla, carpintero…,

sin añadidos ni ornamentos,

que se vean desnudos los maderos,

desnudos y decididamente rectos:

los brazos en abrazo hacia la tierra,

el ástil disparándose a los cielos.

Que no haya un sólo adorno que distraiga este gesto,

este equilibrio humano de los mandamientos.

Sencilla, sencilla….

hazme una cruz sencilla, carpintero.

Aquí cabe crucificado nuestro Dios,

nuestro Dios próximo,

nuestro pequeño Dios,

el Señor,

el Enviado Divino,

el Puente Luminoso,

el Dios hecho hombre o el hombre hecho Dios,

el que pone en comunicación

nuestro pequeño recinto planetario solar

con el universo de la luz absoluta.

Aquí cabe… crucificado… en esta cruz…

Y nuestra pobre y humana arquitectura de barro…

cabe… ¡crucificada también!” (León Felipe)

 

 

“En la cruz está la vida y el consuelo

y ella sola es el camino para el cielo.

En la cruz está el Señor de cielo y tierra

y el gozar da mucha paz, aunque haya guerra.

Todos los males destierra de este suelo

y ella sola es el camino para el cielo.

Es una oliva preciosa la santa cruz,

que con su aceite nos unta y nos da luz.

Alma mía, toma la cruz con gran consuelo.

Que ella sola es el camino para el cielo”.

(Santa Teresa de Jesús)

 

 

 

“Cristo, cristal purísimo

que no se rompe nunca.

Cristo, creo en tu cruz

que nutre nuestra arteria.

Bebo debajo de tu trono de espinas,

duermo en tu ala siempre viva,

y no hay porque pedirte por los hombres

porque todos los hombres están en tu memoria,

en tu luz desbordante con que nos amas sin méritos.

Sé que te desvives hasta morir, de nuevo,

en cada instante, por los son

que son ingratos con los otros.

Cristo, cristal purísimo

que no se rompe nunca.

Cristo, creo en tu cruz

que nutre nuestra arteria”. (Gloria Fuertes)

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