Opinión

Cuatro itinerarios, una Misión

El Congreso Nacional de Laicos no ha sido concebido como un acontecimiento temporal, sino como un auténtico proceso. Esta palabra, ciertamente iluminadora, tiene dos acepciones que resultan de aplicación al caso. De un lado, conjunto de fases sucesivas; de otro, acción de ir hacia delante. Esto es lo que estamos persiguiendo: partiendo de las diócesis, en clave sinodal y de discernimiento, avanzar en la definición de los objetivos del Congreso y en el camino que abriremos después entre todos.

En este proceso ocupan un lugar central cuatro itinerarios que guardan relación directa con nuestra vocación y misión como laicos. Representan el camino natural de quienes, tras conocer a Cristo, nos hemos vinculado a la Iglesia de la mano de nuestros hermanos para fortalecer nuestra fe y dar testimonio de ella a otros. Al mismo tiempo, concretan la tarea a la que estamos llamados: anunciar explícitamente a Jesucristo; acompañar a quienes están en nuestras vidas en sus anhelos y necesidades y en su encuentro con Él; identificarnos paulatinamente con su modo de ser, de sentir, de pensar, de actuar; comprometernos en la transformación de la realidad para que responda al sueño de Dios. Primer anuncio, acompañamiento, procesos formativos, presencia en la vida pública. Es mucho lo que estamos haciendo como Iglesia en relación con estos ámbitos, y tendremos oportunidad de conocer algunas experiencias durante el Congreso. Pero aún más es lo que podemos hacer, cada uno de nosotros, a nivel individual y como comunidad, para ser transmisores de la fe, como lo hicieron con nosotros, como Cristo espera de nosotros.

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