Carta del Obispo Iglesia en España

Cuaresma y el síndrome de Hybris, por Josep Àngel Saiz Meneses, obispo de Terrasa

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Cuaresma y el síndrome de Hybris, por Josep Àngel Saiz Meneses, obispo de Terrasa

(14/02/2016)

Hemos comenzado la cuaresma, un tiempo de conversión, de cambio, de renovación profunda. Convertirse no es arreglar el exterior, la fachada; es cambiar la escala de valores, el centro de la vida, el eje que vertebra toda la existencia.

Convertirse en el fondo es ser realista, muy realista, tan realista como para llegar a poner el fundamento de la existencia entera en Dios. Para ello es preciso ponerse delante de Él con sinceridad y sin miedo, confrontar nuestra vida con su Palabra hasta el punto que llegue a iluminar el interior entero, incluidos los puntos ciegos de nuestra psicología, los autoengaños, aquellas zonas que nos da miedo examinar, que quizá año tras año y cuaresma tras cuaresma dejamos sin iluminar porque en el fondo nos da miedo afrontar la reforma que necesita nuestra vida.

Hace tiempo leí varios artículos sobre un síndrome que suele afectar a personas con altas responsabilidades de estado, pero que “mutatis mutandis” es decir, cambiando lo que hay que cambiar y adaptándolo a nuestra situación, se puede aplicar en la práctica a todos, porque todos tenemos responsabilidades, sean grandes o pequeñas, los unos respecto de los otros. Por eso creo que hablar de él puede servirnos para la ascesis de nuestro camino cuaresmal. Se trata del denominado síndrome de hybris, un concepto griego que puede traducirse como “desmesura”. En la antigua Grecia venía a ser como un intento de transgredir los límites impuestos por los dioses a los hombres mortales, un desprecio temerario hacia el espacio personal ajeno, es decir, hacia las demás personas concretas, unido a la falta de control sobre los propios impulsos. El castigo de los dioses a la desmesura (hybris) era la venganza (némesis), que tenía como efecto devolver al individuo dentro de los límites que había traspasado.

En la actualidad el síndrome de hybris es referido más bien a una especie de orgullo o confianza exagerada que la persona tiene en sí misma especialmente cuando se ostenta un cierto grado de responsabilidad con su consiguiente poder. Empezó a calificarse como trastorno de personalidad al observarse ciertas características en personas que tenían un cargo de poder público. Uno de los peligros del poder consiste en que tiende a hacer a la persona proclive al narcisismo, a vivir centrada únicamente en ella misma, a imaginar que lo que piensa siempre es lo correcto y que los demás están equivocados; a creer que todos los que no están de acuerdo es porque son enemigos, o están cargados de envidia, etc. Esta dinámica puede llevar a quien la padece a tratar mal a los mismos colaboradores o a tomar decisiones erróneas, porque se pierde la perspectiva de la realidad global y se acaba viendo únicamente lo que se quiere ver. En resumen, puede llevar a vivir en un plano irreal que los demás no se atreven a cuestionar por miedo a las consecuencias que tendrán que acarrear o a veces por una compasión mal entendida.

El tratamiento consiste en ayudar a la persona a hacer un baño de realidad, a que escuche a los demás, a que considere la perspectiva global, a que huya de todo engreimiento y de toda egolatría. Hemos comenzado la Cuaresma, un tiempo de poda, de cortar las ramas muertas, enfermas y superfluas del árbol de nuestra vida. La operación de la poda no se realiza para hacer sufrir al árbol; al contrario, se poda para que renazca la vida, para que el árbol pueda dar un fruto más abundante y adquiera una forma más bella. Ánimo.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrasa.

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