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Cuaresma: conversión, fe y caridad práctica, por Julián López Martín, obispo de León

Cuaresma: conversión, fe y caridad práctica, por Julián López Martín, obispo de León

Queridos diocesanos: «Convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1, 15). Con estas palabras el sacerdote impone la ceniza en las cabezas de los fieles que participan en la liturgia inaugural de la Cuaresma, tiempo verdaderamente privilegiado del año litúrgico. La frase recoge el mensaje esencial de la primera predicación de Jesús en Galilea, poco después de que Juan fuese detenido y encarcelado. Conversión y fe en el Evangelio aluden a la tarea y a la gracia de este tiempo que nos prepara para la gran celebración de la Pascua. Convertirse y creer son dos pasos del itinerario cristiano tan estrechamente ligados entre sí que no es posible la conversión sin la fe, como tampoco la fe sin una sincera conversión.

En los años pasados nuestra Diócesis ha tenido ocasión de profundizar en el significado de la fe guiados por el respectivo programa pastoral del curso. En el presente, que cierra el plan quinquenal orientado a la escucha de la Palabra de Dios para poder dar fruto (cf. Mt 13, 23), se ha puesto el acento en la práctica de la caridad bajo el lema tomado de la Carta de Santiago: “La fe sin obras está muerta” (2, 26). En este sentido la invitación del miércoles de ceniza a unir conversión y fe, tiene una aplicación muy concreta, la que se deriva de la necesidad de traducir ambas actitudes en una caridad efectiva y real. No en vano entre las obras recomendadas durante la Cuaresma se encuentra la limosna bajo cualquiera de sus formas: ayuda a una persona necesitada, donativo fijo u ocasional a través de las instituciones como Caritas, servicio desinteresado, etc.  Cuando Santiago alude a la necesidad de las obras como piedra de toque de la fe, está aludiendo a  los imperativos y consecuencias de haber acogido la Palabra de Dios. No en vano, con la fe reconocemos en las personas necesitadas el rostro de Cristo. Lo dijo Él mismo: «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25, 40).

Este año contamos también con un precioso mensaje para la Cuaresma, el primero propuesto por el Papa Francisco. Os escribo, precisamente, en vísperas de encontrarme con él en el curso de la Visita ad limina. No sé qué nos dirá, pero estoy seguro que no dejará pasar la ocasión de la proximidad de la Cuaresma para recordarnos algunas de las reflexiones que hace en el referido mensaje, a fin de que nos sirvan a todos para el camino personal y comunitario de conversión y de fe que nos propone este tiempo litúrgico. Por eso os invito a leer dicho mensaje, a meditarlo y a tratar de ponerlo en práctica. Comentando las palabras de San Pablo: «Siendo rico, se hizo pobre por vosotros…» (2 Cor 8, 9), afirma el Papa: “Cristo, el Hijo eterno de Dios, igual al Padre en poder y gloria, se hizo pobre; descendió en medio de nosotros, se acercó a cada uno de nosotros; se desnudó, se ‘vació’, para ser en todo semejante a nosotros”. Esto quiere decir que a imitación de Cristo, “los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas”.

Esforcémonos, pues, en vivir la Cuaresma mirando a Cristo y tratando de adivinar su rostro en los pobres. La fe nos ayuda a descubrir este rostro, y la conversión a servir y a amar a Cristo en esas personas en las que ni siquiera nos fijamos. Como afirma también el Papa Francisco: “Es necesario que las conciencias se conviertan a la justicia, a la igualdad, a la sobriedad y al compartir”. Con mi cordial saludo y bendición:

+Julián, Obispo de León



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