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Cuaresma 2021
Cartas de los obispos

Cuaresma 2021. «Vivir una cuaresma con esperanza», por Francisco Conesa

Queridos hermanos:

La Cuaresma, tiempo de conversión, nos invita a revisar con sinceridad nuestra relación con Dios, que se expresa en la vivencia de las virtudes teologales. Quizás no demos demasiada importancia a la virtud de la esperanza, porque nos puede parecer que nos relacionamos con Dios sobre todo creyendo en Él y amándole, pero también «la pequeña esperanza» –como la llamó el poeta Charles Peguy- es importante porque aunque parece una niña que no sabe andar, es la que lleva de la mano a sus hermanas mayores. Para crecer en nuestra relación con Dios, es esencial reavivar la esperanza y pedir al Padre que infunda en nuestro corazón esta virtud, que nos une a Él.

Esperar en Dios significa poner en él toda nuestra confianza, con la certeza de que es un Padre bueno que nos cuida con cariño. Resulta oportuno recordarlo en la situación de pandemia que vivimos, porque el creyente vive todos los acontecimientos con la serena certeza de que Dios le ama y de que es siempre fiel a su palabra.

La virtud de la esperanza nos da también confianza en el perdón, en que la última palabra de Dios es siempre su misericordia. Dice el Papa: «Esperar con Jesús y gracias a Él quiere decir creer que la historia no termina con nuestros errores, nuestras violencias e injusticias, ni con el pecado que crucifica al Amor. Significa saciarnos del perdón del Padre en su Corazón abierto» (Mensaje para la Cuaresma). En este tiempo somos invitados especialmente a dejarnos reconciliar con Dios (cf. 2 Cor 5, 20) y acercarnos al sacramento del perdón para sentir que el Padre nos ama a pesar de nuestras carencias y limitaciones.

Por la virtud de la esperanza y apoyados en las promesas de Cristo, creemos que nuestra vida es un peregrinaje que nos conduce al encuentro con el Padre. Esa esperanza llena de sentido nuestra vida y la convierte en un camino que realizamos movidos por el deseo de entrar en la eternidad de Dios y sentir su abrazo amoroso. A pesar de nuestras flaquezas y de nuestras faltas, confiamos en que el Espíritu nos ayudará a permanecer fieles en ese caminar hacia el Padre.

Quien vive la esperanza de esta manera, participa de una serena paz y de un gran gozo interior, que le ayudan a ser fuerte y paciente en las pruebas y dificultades. Esa persona se convierte también en fuente de esperanza para los hermanos, a los que anima en la lucha y los estimula para que crezcan en la fe y en el amor. Se comprende, entonces, la necesidad grande que tiene nuestro mundo de la esperanza. Muchos de nuestros contemporáneos andan perdidos y sin rumbo, vacíos de sentido y desesperanzados. A todos ellos debemos ofrecer y «dar razón de la esperanza» (1 Pe 3, 15). La oración es un medio que nos ayudará a crecer en la esperanza, porque nos introduce en la intimidad del Padre y nos hace ver desde Él todos los acontecimientos. El recogimiento y el silencio contemplativo son manantial que llena nuestro corazón de esperanza.

+ Francisco Conesa
Obispo de Menorca



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