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Cuando tomar parte es un imperativo moral y ciudadano – editorial Ecclesia

Cuando tomar parte es un imperativo moral y ciudadano – editorial Ecclesia

Bajo el lema «Nosotros tomamos parte», Cáritas Española acaba de presentar la Memoria de su actividad durante el pasado año 2016, en el que su acción social y de caridad llegó a 3.508.319 personas (la mitad en España y la otra en proyectos de cooperación internacional).  Más de 358 millones de euros (el 9% más que en el año anterior) fueron invertidos por nuestras 79 Cáritas diocesanas (6.000 Cáritas parroquiales) y traducidos en recuperación de dignidad, justicia y esperanza gracias a la labor de sus casi 85.000 voluntarios y 4.800 trabajadores contratados.

Cáritas, que ha vuelto a mejorar también en índices de austeridad (el porcentaje destinado a gestión y administración es  tan solo de 5,9 céntimos de cada euro invertido en programas sociales) y en transparencia, se nutre en más del 75% de aportaciones privadas y particulares, sobre todo tantos y tantos miles de óbolos de nuestros fieles católicos.

Todo estos datos (ver páginas 12 a 14 de nuestro número de hoy) y toda esta labor expresan que Cáritas y lo que Cáritas significa y que una buena parte de la sociedad están «tomando partido por las personas y sus vidas, y por combatir las realidades de injusticia que afectan a millones de familias excluidas en nuestro país y en muchas regiones de todo el mundo». Y que en esta toma de partido y de postura, no caben ambigüedades ni neutralidades, pues es un imperativo moral estar al lado del que sufre, del más vulnerable y excluido y, por ello, proceder a su promoción y rechazar políticas contrarias a la solidaridad, a la equitativa distribución de los recursos y a la justicia social.

La Memoria 2016 de Cáritas ofrece también relevadores datos de su quehacer durante los años más crudos de la crisis económica, que tanto nos ha golpeado y cuyas secuelas no están todavía, ni mucho menos, sanadas,  entre ellas, la fractura, no suficientemente saturada, de la cohesión social.

Tomar parte, pues, por la resolución de esta situación y, por ello, en pro del servicio impagable que presta Cáritas, no es un ejercicio de vana autocomplacencia, sino la expresión de un renovado compromiso de ser siempre Iglesia al servicio de los pobres, como reza la emblemática y programática instrucción pastoral de la CEE de hace dos años y medio.

Por estos motivos de fondo, como la cohesión social, la solidaridad y la equidad (no hay justicia sin el cumplimiento de las leyes, máxime de la ley de leyes como es una constitución), resulta,  a nuestro parecer, de todo punto evidente afirmar que las medidas tomadas por el, hasta el pasado 27 de octubre, Gobierno de la comunidad autónoma de Cataluña  vulneraban la legalidad y a la concordia que demandan un Estado social y de derecho como el nuestro y los derechos y expectativas justas y legales de sus ciudadanos.

Como ya señaló ecclesia en su Editorial del número del 14 de octubre pasado, la Iglesia no pone en duda la legitimidad de la posiciones nacionalistas, pero enseña que estas deben ser justificadas con referencia al bien común de toda la población directa o indirectamente afectada y que, con la Doctrina Social de la Iglesia y el magisterio de la CEE en la mano, «poner en peligro la convivencia de los españoles, negando unilateralmente la soberanía de España, sin valorar las graves consecuencias que esta negación podría acarrear, no sería prudente ni moralmente aceptable».

Por ello, hace tres semanas, ecclesia llamó –y sigue haciéndolo ahora- a salir de la actual situación desde la legalidad democrática vigente en España (la que emana de la Constitución) y desde el compromiso de todos y entre todos en pro de la concordia, el bien común y el diálogo leal.

Tras los acontecimientos de la tarde del 27 de octubre (ver páginas 3 y 8),  el cardenal Blázquez hizo pública la siguiente declaración: «Como arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española quiero manifestar mi tristeza por la declaración que tuvo lugar ayer en Cataluña. Reitero mi apoyo al orden constitucional y defiendo su restablecimiento. Pido a Dios por la convivencia pacífica de todos los ciudadanos».

También a la Constitución apeló la Comisión Permanente de la CEE, el  pasado 27 de septiembre (ecclesia, número 3.904, página 9), de modo que tomar parte por la Constitución y la concordia nos parece asimismo un inexcusable imperativo moral y ciudadano.

 

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