Carta del Obispo Iglesia en España

Cuando los padres no son creyentes, carta del obispo de Segovia

angel rubio

Cuando los padres no son creyentes, carta del obispo de Segovia, Ángel Rubio Castro

Los padres al engendrar a sus hijos contraen la obligación de educarlos en condiciones de afrontar la vida a su debido tiempo. Son responsables de la educación de sus hijos. La razón de la educación es asegurar el progreso del linaje humano por medio de la transmisión de lo mejor que tienen los padres.

El fin de la educación es hacer que los hijos puedan desarrollar progresivamente su ser de hombres y personas. Este deber y derecho de los padres con relación a la educación de los hijos no se basa solamente en el hecho de que sobre ellos recae primordialmente la responsabilidad en tan importante cuestión, sino sobre todo en la necesidad que tienen los hijos de recibir la educación precisamente de sus padres y en que nada pueda reemplazar esta educación.

Puede ocurrir que existan padres que no están bautizados, que no son católicos, pero sus hijos no pueden ser  “arreligiosos”. Tienen derecho a una formación religiosa. La que sea. No se puede caer en un indiferentismo religioso.  El silencio muchas veces no es imparcial. La Iglesia católica siempre ha respetado este derecho de los padres y por eso permite que los niños sean bautizados cuando sus padres los presentan al bautismo y prohíbe que sean bautizados los hijos de no católicos sin el conocimiento de sus padres. Este respeto de la Iglesia ha sido tan grande que aún en los Estados oficialmente católicos, incluso en los Estados pontificios, siempre ha respetado ese derecho de los padres.

El hombre en el orden moral está obligado a seguir el dictamen de su conciencia. Y seguir el dictamen de la conciencia, en cuanto a la religión, significa que el hombre tiene obligación moral de practicar aquella religión de cuya verdad se está convencido, y que cumple con esta obligación, al buscar sinceramente la verdad en materia religiosa.

Por eso para los hijos de los padres no católicos que desean que no se dé a sus hijos una enseñanza religiosa católica, el Estado debe ofrecer legalmente la posibilidad concreta de satisfacer este derecho. La legislación civil sobre esta materia se debe orientar hacia la aplicación de la doctrina conciliar sobre libertad religiosa a la situación española. Por eso ningún cristiano en edad escolar, perteneciente a confesiones religiosas distinta a la católica, debería estar privado de educación religiosa de acuerdo con la fe de sus padres. Las dificultades que se presentan en circunstancias concretas, como en nuestro país, donde el número de otras confesiones cristianas es escaso, deberían ser resueltas en cada caso de una manera constructiva. 

No debemos olvidar que la inhibición de los padres en la educación de sus hijos crea una familia sin alma. Muchas veces se pasa de la fe cristiana como obligación a la marginación de una educación fundada en los principios cristianos. La felicidad de las personas, y por tanto de los hijos, guarda una relación intrínseca con el verdadero amor familiar porque está ligada a la realización de la persona, al logro de su plenitud. 

La concesión del Bautismo, en estas circunstancias raras y extremas, impone un examen muy exigente de los motivos de la petición y de las garantías de una futura educación de los hijos en la fe. En estos casos, se tendrán particularmente presentes las cualidades de quienes hayan de ser elegidos como padrinos. Puede ayudar a los párrocos en su discernimiento que los padres hagan las promesas por escrito. Sólo si se garantiza sólidamente la futura educación cristiana de los niños se podrá acceder a la petición. En todos los casos descritos, el párroco habrá de tener muy en cuenta si los abuelos o algún otro pariente podrán cumplir el deber de educar cristianamente al niño y se comprometen a ello. (Cf. Directorio de la Iniciación Cristiana,  nn. 45 y 46)

 

Si los padres viven alejados de toda práctica religiosa al margen de la vida de la Iglesia, es especialmente necesaria la presencia de militantes cristianos, y de hogares cristianos, en la catequización, que de alguna manera supla las deficiencias que el bautizado encuentre en su familia y que, en la medida de lo posible, ayuden discretamente a los padres a una evolución positiva.

 

En estos casos la clase de religión podría ayudar en la educación de la fe porque si los padres no se oponen a la enseñanza religiosa de sus hijos no por ello se lesiona la libertad religiosa, aunque por supuesto no la profesan de una manera consciente y explícita.

 

                                                                              + Ángel Rubio Castro

                                                                                Obispo de Segovia

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