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Crónica del quinario de la Adoración Nocturna de Alcalá de Guadaíra en honor y gloria de Jesús Sacramentado

Crónica del quinario de la Adoración Nocturna de Alcalá de Guadaíra en honor y gloria de Jesús Sacramentado

Cuando aún tenían en sus retinas las dulces imágenes y espirituales momentos vividos en torno a Cristo Eucaristía en la Vigilia diocesana de Espigas celebrada en Coria del Río, la Antigua y Franciscana Sección de Alcalá de Guadaíra de la Venerable Archicofradía Sacramental de Adoración Nocturna Española, de la que es presidente honorario su Eminencia Reverendísima el Cardenal Fray Carlos Amigo Vallejo, Arzobispo Emérito de Sevilla, ha celebrado, del lunes 18 al viernes 22 de junio, un Quinario en honor y gloria de Jesús Sacramentado, que ha constado de Santa Misa, Exposición Mayor de S.D.M., Bendición y Reserva.

El Quinario se ha celebrado en la Capilla del Monasterio de Santa Clara, donde reside la Adoración Nocturna en Alcalá, collación de la Parroquia de Santiago, donde se fundó la Sección Adoradora el 31 de octubre de 1902.

El oficiante ha sido el conocido y admirado Padre Manuel Ángel Cano Muñoz, vicario parroquial de Santiago el Mayor, que desarrolla una intensa obra social en la asociación que él fundó y sigue presidiendo, AFAR (una asociación sin ánimo de lucro, declarada de utilidad pública, que desde hace 30 años viene luchando en Alcalá de Guadaíra contra la exclusión social mediante el desarrollo de programas de intervención dirigidos a personas gravemente excluidas o en situación de riesgo de exclusión social). Además, el Padre Manuel Ángel es un sacerdote de profunda espiritualidad eucarística, como quedó acreditado en su Pregón Eucarístico de 2010, organizado por esta Sección Adoradora.

La Eucaristía se ha dedicado cada día a adoradores dífuntos: D. Miguel Ángel García Ruiz (Rey Melchor 1974), Padre D. Alfredo Galindo Bozada, SDB (primer alcalareño que ingresó en la Congregación Salesiana), D. Juan María Alvertos Díaz (Rey Melchor 1969), D. Paulino García-Donas López (desde que su abuelo D. Paulino García Donas fundara en 1902 la Sección adoradora, los García-Donas, siempre han sido modelo de cristianos de espiritualidad eucarística), Joaquín Bono Hartillo (Rey Gaspar 1966) y D. Antonio Bono Hartillo (Rey Melchor 1977, fue presidente de la Sección adoradora).

El Padre Manuel Ángel en los días de Quinario en torno a Jesús Sacramentado ha ido desgranando la esencia de la Adoración Nocturna al Santísimo Sacramento. Comenzó en el primer día recordando emocionado cómo, con apenas siete años, siendo monaguillo en su pueblo del Toboso, el adorador Paco Marrullas, con autorización de sus padres, le llevaba de la mano al encuentro con el Señor Sacramentado. Recuerda como si fuera un ayer apenas ido, las preciosas vivencias de esas vigilias con el Señor. Allí le decían: “tenéis que ser buenos, tenéis que hacer las cosas que hacía Jesucristo”. Y él recuerda, con esa mente infantil, que pensaba conquistar el mundo entero con esas ideas, pensaba que haría un trabajo para que le sirviera al Señor. Y en realidad, se ha dedicado a eso, no solo en todas las funciones propias del orden sacerdotal, sino de preocupación y entrega total por los que no tienen nada, por los marginados. Efectivamente, el Padre Manuel Ángel Cano, aun siendo una persona de mente privilegiada, músico, organista, compositor, poeta, escritor, prosista, pintor, que muy joven ya era organista de la Basílica Papal de Santa María la Mayor de Roma, lo dejó todo para irse de misionero. Desde entonces, lleva toda una vida con los pobres, los marginados, los drogadictos, los enfermos, los desamparados, siguiendo el camino marcado por Jesucristo. Al mirarle a los ojos, descubrimos una mirada llena de paz, de alegría. Seguro, que todos los adictos a los que ha rescatado de las garras de la droga, seguro que todos los abandonados a quienes nadie quería cerca, descubrieron en su mirada, los ojos misericordiosos del Padre.

En el segundo día, mostró que da igual que sea Adoración Nocturna, adoración al alba, adoración vespertina. Lo importante es que sea Adoración al Santísimo Sacramento. Lo importante es que nos postremos de rodillas ante quien es el creador, redentor y santificador nuestro. Hizo ver a los presentes, cómo goza el Padre ante la presencia de sus hijos, los adoradores. Y mostró la adoración como el cultivo de la amistad con el Señor, a quien amamos. A su compañía acudimos y le confiamos nuestros problemas y nuestras preocupaciones.

En el tercer día, siguiendo con los pensamientos en torno al Santísimo Sacramento, o a la presencia de Jesús en el Cuerpo y la Sangre, que son las especies eucarísticas, en esa presencia que constantemente los cristianos vivimos cuando celebramos la Santa Misa, esa presencia que sentimos cuando decidimos ir un rato a rezar en secreto. En esa intimidad el Padre se manifiesta. Y lo podríamos aplicar cuando acudimos a adorar al Santísimo, porque es Jesucristo quien está realmente presente aquí. Y Jesucristo está a la derecha del Padre. Por lo tanto, el Padre está arriba y es el Espíritu el que le une al Hijo y nos lo comunica. Por lo tanto, cuando adoramos al Santísimo Sacramento, también adoramos a la Santísima Trinidad: adoramos al Padre, a Jesucristo y al Espíritu Santo. A Él acudimos con la pesada carga de nuestra Cruz, y Él nos alivia, nos proporciona la fuerza para llevar y superar nuestros problemas. Para el Padre Manuel Ángel, adorar a Jesús es hacer en la tierra lo que hacía Jesús: ayudar a los pobres, pero sin presumir de ello (que tu mano derecha no sepa lo que hace tu izquierda).

En el cuarto día de Quinario, se centró en la presencia de Jesucristo en el Pan y el Vino. Enfatizando que no está solo, que siempre está con su Padre. Recordó que cuando Jesús se iba a despedir de sus discípulos dijo “subo a mi Padre y a vuestro Padre, subo a mi Dios a y vuestro Dios”. Sabía Jesús que tenía que padecer mucho. Le costaría muchísimo pasar por la tierra entre nosotros: daría la vida por nosotros. Pero quedó para siempre con nosotros, y nos espera en el Sagrario. Y agradece cuando dejamos lo que estamos haciendo, o lo que podríamos hacer, para estar un rato con él. Y recordó a los fieles asistentes, cómo Jesús indicó cuáles eran los pensamientos que agradan al Padre, cuál es la oración que le gusta escuchar: “Padre nuestro que estás en el cielo…”

En el quinto día de Quinario cerraba las consideraciones que había ido vertiendo sobre la presencia de nuestro Señor en el Santísimo Sacramento del altar. Conviene conocer el contenido íntegro de su homilía:

Todos los evangelios, de estos días nos han ayudado para saber qué es lo que el Señor quiere de nosotros, cómo le gusta que vivamos, cómo le gusta que nos tratemos y naturalmente, bastaría con ir recordando lo que nos decía: “Cuando recéis no seáis abundantes en palabras, creyendo que pensando mucho o gritando más os escuchará el Señor. El Señor sabe perfectamente lo que necesitáis cada uno en el fondo de vuestro corazón, y nos enseñó a orar. Así habréis de orar: Padre nuestro que estás en el cielo”. Naturalmente, nosotros, con esa actitud, como consideramos el Padre nuestro en su día, vamos atesorando en el cielo y el Señor nos va guardando nuestro tesoro.

Mientras vamos reconociendo el mensaje, cada mensaje que nos ha ido dando estos días el Señor, nosotros sin darnos cuenta hemos ido guardando todas esas ideas ante nuestro Señor. Es verdad que hay tantas cosas que se nos escapan, quizás porque el Señor no quiere que en estos momentos las aprendamos, y se lo decía a sus discípulos: “Hay cosas que vosotros no las podéis entender, porque no las digo para vosotros. Las digo para otras generaciones que también tendrán interés en estar a mi lado”. Pero es cierto que nosotros meditando en la presencia de Jesús Sacramentado adquirimos sabiduría, adquirimos aquellos elementos que necesitamos para tener la paz interior. No habrá una paz más estable que la que proceda de la justicia. Y nos cuesta aceptar que la justicia empieza por uno mismo y, si tú eres justo contigo mismo, lo serás también con los demás. Es decir, que todo lo que vas a exigir a los demás, te lo tienes que exigir primero a ti mismo. El Señor nos enseña a andar solos, pero no nos deja solos andando, viene siempre a nuestro lado. Todos estos días hemos escuchado: habéis oído que se dijo amarás a tu prójimo, odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos, rezad por los que os persiguen y estamos guardando tesoros en el cielo con esa actitud que nos ha ido enseñando el Señor para que realmente nos sintamos hijos, y seamos de verdad hijos de un Padre que siempre vela por nosotros. El Padre celestial que hace salir el Sol sobre malos y buenos, y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Porque si amáis solo a quienes os aman, ¿qué méritos tenéis? Eso lo hacen también los que no creen en Dios, los pecadores, los publicanos. Eso lo hacen ellos también. Y no piensan que tienen ningún tesoro en el cielo. No guardéis en la tierra cosas para tener más, poseer más, porque tantas veces guardamos cosas que no necesitamos, que estamos guardando lo que otros necesitan, pero el egoísmo ese de tener, poseer y dominar es un afán propio de nuestra naturaleza. Y nosotros nos dejamos llevar por ella.

Hoy el Señor ha sido escueto: no atesores tesoros en la tierra, donde la polilla los roe y, además, están expuestos a que los ladrones se los lleven. Y habrás guardado algo que vas a necesitar justo cuando te falta. Cuando lo tenías no te acordabas ni valorabas. No pensabas en el valor que tenía, y ahora que te lo han robado dices: con las cosas que podía hacer yo con esto que me han quitado. Por lo tanto, queridos hermanos, todos estos días nos han enriquecido por los consejos del Señor. Y hoy termina con el no atesoréis, porque si lo perdéis nadie lo va a reponer, pero si guardáis en el cielo, si en el cielo tenéis vuestro corazón, allí nadie os lo va a arrebatar.

Pero, ¿quién tiene su corazón en el cielo? Dice el Señor: “donde está tu tesoro, allí está tu corazón. Y si nosotros no pensamos en el cielo y no le damos valor a las cosas del cielo, es posible que nuestro corazón ande por un lado y por otro muy distraído, como decía Santa Teresa de Jesús: “Andando distraídos con tantas cosas hermanos que ya no sabemos ni siquiera si tenemos corazón”.

Las conversaciones con el Señor son meditaciones a su lado, y no solamente como decimos, al lado del Santísimo Sacramento, sino meditaciones al lado del Padre, meditaciones al lado del Espíritu, porque el Espíritu va a venir sobre nosotros y nos va a decir las palabras que quiere que le digamos al Padre. Por eso es el Espíritu el que nos guía. Es el Espíritu el que nos da sabiduría y es el Espíritu el que nos hace acercarnos a Dios.

Finalizó dando las gracias a la Sección adoradora por haberle invitado y dio las gracias al Señor por haberle concedido estar con los adoradores en estos cinco días de Quinario en honor y gloria de Jesús Sacramentado. En realidad, son los adoradores, y cuantos han asistido a las Eucaristías de estos cinco días, quienes damos gracias al Señor, por tener sacerdotes como el Padre Manuel Ángel Cano Muñoz.

Texto y foto de Francisco Burgos Becerra (Vocal de Comunicación)
Consejo Diocesano de Sevilla de A.N.E.

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