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Crónica del Encuento Nacional de Jóvenes Cofrades (28/30 octubre 2016)

Crónica del Encuento Nacional de Jóvenes Cofrades (28/30 octubre 2016)

De buena noticia para nuestra Diócesis puede considerarse el recién celebrado IV Encuentro Nacional de Jóvenes de Hermandades y Cofradías , en el que, del 28 al 30 de octubre, han participado alrededor de un millar de jóvenes llegados de toda España.

 El pabellón del colegio Maristas -donde se celebraron mesas redondas-, la Plaza de la Inmaculada -donde se vivió el sábado por la tarde un Vía Crucis extraordinario- y la Catedral -donde se celebró la Eucaristía conclusiva de las jornadas- han sido los escenarios donde se ha vivido con intensidad este Encuentro.

Un Encuentro en el que se han ido combinando los momentos de reflexión y compartir experiencias, iniciativas y vivencias… con los momentos más lúdicos apropiados para el crear lazos de amistad… con los momentos de celebrar y vivir la Fe que nos une.

Y fue en la Eucaristía conclusiva donde nuestro Obispo, animó a los jóvenes a «tomar ejemplo de Zaqueo» y a «subir a la cruz si queremos contemplar a Jesús, acercarnos a él, abrirle nuestra casa y nuestro corazón. Jesús dijo a Zaqueo “hoy quiero alojarme en tu casa”… El que se siente amado… ¿cómo no va a abrir su corazón y su vida entera?».

«Tenemos que hacer como Zaqueo, que se pone en pie, se levanta y acoge al Señor» -añadió nuestro Obispo- «La conversión es ponerse en pie y mirar a Cristo que nos dice “Toma tu cruz y sígueme”. Seguir a Jesús supone dejar que se aloje en nuestra vida y poco a poco ir cambiando nuestra mente, nuestro corazón y nuestra conducta. Ojalá nosotros sabiéndonos pobres, pequeños y pecadores sepamos tomar ejemplo de Zaqueo» .

PALABRAS FINALES CONCLUSIONES DEL IV JOHC

 Siendo hoy, domingo 30 de octubre de 2016, llegando al final de este IV Encuentro Nacional de jóvenes cofrades, no quisiera extenderme mucho en estas conclusiones, si es que conclusiones podemos llamar a este final, ya que no me gustaría que ninguno de vosotros cerrarais en vuestro corazón este Encuentro tan especial.

Las voces de los jóvenes cofrades han resonado en Palencia más fuerte que nunca, demostrando que su implicación en las cofradías, aparte de necesaria, es un hecho habitual que nace siempre desde el respeto y la pasión, siempre con una pizca de ilusión y alegría. Somos jóvenes, los mismos que hemos cantado y bailado por Palencia, los mismos que nos hemos emocionado en el Via Crucis, los mismos que ante el Señor, nos postramos y damos gracias por todo lo vivido.

 

 Los Encuentros Nacionales de Jóvenes han conseguido dejar huella en vuestros corazones, han llenado vuestra vida de amigos y de hermanos, han supuesto un cambio para vosotros y para vuestras Juntas de Gobierno, los jóvenes son el presente, los jóvenes hemos llegado para quedarnos.

 Que Palencia haya servido para volver a encontrarnos, abrazarnos, conocernos y hacernos un poco más grandes, para comprobar de las voces de otros hermanos, que hay creer fuerte, que hay que apostar por este presente que necesita corazones desbordantes de energía como los vuestros, de un toque de locura que nos lleva a cambiar nuestras vidas con un único objetivo: estar orgullosos de ser jóvenes cofrades y cristianos cada día.

Un año para volver a vernos, pero seguramente horas para volver a hablarnos y estar pendientes los unos de los otros, para recordarnos que el amor en Jesús, es el amor que nos mueve a querer nuestras Cofradías, nuestras Semanas Santas, nos mueve a querernos tan solo viéndonos una vez al año.

 Jóvenes cofrades, volved a tomar vuestra Cruz, vendrán tiempos difíciles, no estáis solos en este camino. Sed testigos de lo aquí acontecido, sed Testimonios vivos de nuestra Semana Santa, de nuestro Señor Jesucristo.

  “CARTA A LOS JÓVENES COFRADES”

Eduardo de la Hera Buedo

Queridos jóvenes:

Os habéis reunido, estos días soleados de octubre, en nuestra ciudad de Palencia para renovar vuestra fidelidad joven a la santa Cruz. Habéis celebrado, así, vuestro IV Encuentro Nacional, bajo este cielo castellano que no engaña. Asomados al horizonte ancho y generoso de estas tierras.

 Vosotros sabéis que la Cruz es misterio. Como la vida misma. Es misterio, porque nunca comprenderemos del todo el amor que Dios volcó sobre nosotros al entregarnos a su Hijo. Y es también paradoja porque -lo sabéis muy bien, Él nos lo dijo- hay que morir para vivir. Morir a egoísmos, para vivir en fraternidad. Morir, hoy, a mil esclavitudes, para vivir en libertad. Morir. Como el grano de trigo muere para explosionar en cosecha abundante…

 El sacrificio parece, en ocasiones, “muerte”, pero es vida y da mucha vida. Lo saben los jóvenes voluntarios, generosos y cristianos. Lo sabéis vosotros, cuando os abismáis con Cristo en la noche oscura del viernes santo para resurgir, nuevos y renovados, en la mañana de Pascua. Los jóvenes de hoy sabéis mucho de cruces: conocéis el sufrimiento, el paro, las promesas incumplidas, el vacío, la soledad. Como le ocurrió a Él. Vino para que resucitáramos, cada día, abrazados a la cruz de la vida misma…

 La cruz nos acompaña desde que nacemos hasta que morimos. A todos acompaña. Y hay cruces de todos los tamaños y para todas las espaldas. Hay cruces para niños y jóvenes, para los de casa y los de fuera…

 Podéis asomaros, en el verano, a los campos de Castilla, y conoceréis lo que es morir para vivir. En ellos veréis muchas semillas enterradas y convertidas en espléndidas cosechas. De la muerte surge la vida. Del invierno, la primavera.

Os agradecemos que hayáis venido a Palencia a “cofradear” (perdón por el verbo). Quiero decir a “confraternizar”. Cofradía significa esto mismo: hermandad. ¡Madre mía, cómo necesitamos fraternidades en la Iglesia! ¡La Iglesia ya no sería Iglesia, si nos fallara la comunidad, la fraternidad, el grupo!

 Es sana y santa vuestra alegría. Lo hemos visto, cuando os habéis hecho presentes en los distintos actos organizados. Os brota de dentro. De la Pascua más limpia y radiante que lleváis con vosotros. Sin duda, brota de vuestra unión a Cristo.

 La cruz para vosotros (y para todos los cristianos) es un símbolo mayor: es Cruz con mayúscula. Un símbolo menor puede ser el escudo del Real Madrid, o del Barcelona, o del Betis, o del equipo que sea. No porque un equipo de fútbol no sea algo importante (Dios me libre de ofender a la afición). Pero la Cruz es un símbolo mayor porque nos habla de un Dios que se abaja tanto, que lo comparte con nosotros todo, menos el pecado. Comparte hasta el mismo sufrimiento, hasta la mismísima muerte (¡y menuda muerte la suya!). Un Dios así, ¿verdad, jóvenes, que es interesante? ¿Verdad que un Dios así merece la pena abrirle las puertas de la fe y del corazón?

 La cruz nos acompaña, como el báculo al peregrino, en el viaje que hacemos aquí, en la tierra. Con una cruz nos signan en el bautismo. Y con una cruz nos despiden, cuando nos vamos de este mundo para resucitar con Cristo.

 ¿Con qué señal seremos despedidos de este mundo? Con la misma señal que lleváis colgada del cuello o, tal vez, tatuada en el brazo. Con este símbolo mayor de nuestra fe. Por eso la cruz nos merece no sólo respeto, sino también adoración.

 ¡Os deseamos todo lo mejor desde Palencia! Llevaos en el corazón la bendición del Cristo del Otero. Nuestro Cristo, También el vuestro, el de todos. Y siempre, su Cruz, la que da sentido hondo a nuestras cruces.

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