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Crónica del Congreso en Nairobi (Kenia) sobre el Papa Pablo II y la Iglesia en África, por José-Román Flecha

Como arzobispo de Milán, el cardenal Giovanni Battista Montini había ya recorrido diversos países de África con el objeto de visitar a los misioneros ambrosianos.

Siendo Papa, en 1967 escribió la Carta Apostólica Africae Terrarum  en la que recordaba su propia sorpresa ante aquel continente, evocaba los valores tradicionales de su cultura e invitaba a los cristianos africanos a emprender un camino de “inculturación”  de la fe.

 

Una enorme importancia habría de revestir su visita pastoral a aquellas tierras. Como se sabe, el día 31 de julio de 1969, en una famosa homilía pronunciada en Kampala exhortaba a los cristianos de África a ser “misioneros de sí mismos”.

 

Han pasado los años. Otros dos papas han visitado a las iglesias africanas. Ahora ya ha tenido lugar la segunda asamblea especial que el Sínodo de Obispos ha dedicado a África y la importante exhortación apostólica  Africae Munus.

 

Con el intento de recoger ese precioso legado, el Instituto Pablo VI, que tiene su sede en Concesio (Brescia), y la Universidad Católica del Este de África (UCEA) con sede en Nairobi (Kenya) han organizado en esta ciudad los días 1 y 2 de agosto de 2012 un importante congreso sobre “Pablo VI y la Iglesia en África”.

 

Las sesiones se iniciaron con la conferencia del cardenal Policarpo Pengo, arzobispo de Dar-es-Salaam, sobre “La herencia del Vaticano II y la identidad de la Iglesia en África”, en la que subrayaba tanto el espectacular crecimiento de la Iglesia en África como el aumento de las pequeñas comunidades cristianas que ofrecen la expresión más concreta del modelo de la Iglesia como una familia. Por otra parte, señalaba algunos desafíos urgentes, como la verdadera conversión y el testimonio de vida, el fomento de la catequesis y la formación cristiana, la necesidad de encarnar el evangelio en la vida y cultura africanas y la escasez de medios para llevar a cabo la evangelización y la formación.

 

A lo largo de aquellas dos jornadas los trabajos del congreso girarían sobre cuatro ejes:

 

1. El fundamento teológico de la actividad misionera, tema desarrollado por el jesuita Paul Béré, profesor de Sagrada Escritura en la Universidad Católica del África Occidental, con sede en Abidján (Costa de Marfil). Comentando  el texto Mt  28, 16-20 subrayó que en él se pide a los misioneros la aceptación de las culturas (ethnos) diversas y la búsqueda de un lenguaje comprensible para ellas.

 

2. El segundo de los ejes fue la inculturación de la fe cristiana en la evangelización y en la liturgia a la luz de una perspectiva intercultural. El tema fue desarrollado por Mons. Barthelemy Adoukonou, secretario del Pontificio Consejo para la Cultura.  Partiendo del ejemplo de la adaptación africana de la liturgia de la muerte y los funerales experimentada en Benin, reflexionó él sobre los sujetos y la metodología de una inculturación que, según Pablo VI “ha de hacerse con el discernimiento, la seriedad, el respeto y la competencia que exigen la liturgia, la catequesis, la formulación teológica, las estructuras y los ministerios eclesiales”.

 

3. La responsabilidad de la Iglesia con relación a la sociedad, y la promoción de la paz, la justicia y el desarrollo de los pueblos, fue analizada por el cardenal Peter Turkson, actual presidente del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz. Utilizando la imagen del “camino del pastor”, tomada de Benedicto XVI,  evocó las patologías que según el mismo Papa amenazan  a las iglesias de África: el fundamentalismo religioso, el materialismo práctico, combinado con el pensamiento relativista y nihilista, males todos que están siendo importados del llamado primer mundo.

 

4. La familia y la educación a la luz del magisterio de Pablo VI estuvo presente en varias intervenciones, pero fue un tema magistralmente desarrollado por la Sra. Augusta Muthigani, que en la Conferencia Episcopal de Kenia ejerce como secretaria general en los temas relativos a la educación en general y a la educación religiosa en especial.

 

Cada una de las ponencias básicas fue acompañada por las intervenciones de otros destacados académicos de las universidades católicas africanas.

 

En un interesante panel, señalado por el lenguaje interpelador,  Mons. John Olorunfemi Onaiyekan, arzobispo de Abuja (Nigeria), el Dr. Nicholaus Segeja, de la UCEA y el P. Giulio Albanese, director de conocidas revistas misionales, abrieron a los asistentes las perspectivas de futuro que se perciben a la luz de los Sínodos de la Iglesia en África.

 

El cardenal Laurent Monsengwo Pasinya, arzobispo de Kinshasa (Congo), evocó y resumió finalmente la herencia del Magisterio de Pablo VI para la iglesia africana actual. Según él siguen teniendo actualidad las advertencias de Pablo VI en su documento Africae Terrarum relativas a la necesidad  de luchar contra el analfabetismo y superar los anticuados métodos de cultivo en la agricultura. El Cardenal apostaba, además por una revisión de la encíclica Humanae Vitae “en un tiempo en que la contracepción se ha visto superada por el discurso sobre el VIH/SIDA”. Otras tres cuestiones pendientes serían  la propuesta de Pablo VI de promover un cristianismo africano, la exhortación a evangelizar las culturas y ofrecer un verdadero testimonio de vida y la necesidad de ampliar los ministerios no ordenados a la gestión de lo temporal según el proyecto de Dios.

 

En el congreso de Nairobi se pudo observar la peculiaridad de las iglesias de África, o mejor de las distintas “Áfricas” que conviven en el continente, como subrayó el P.  Albanese. Pero también quedó de manifiesto que, en esta aldea global regida por la globalización, los problemas de los cristianos de África, con relación a la vida, la familia, la justicia y la educación de la juventud son muy semejantes a los que preocupan a las iglesias de los países presuntamente desarrollados.

 

De ahí que nos hayamos atrevido a proponer a la asamblea la urgencia de articular espacios para futuros encuentros intercontinentales. Se impone con urgencia un diálogo interdisciplinar e interreligioso sobre los desafíos que afectan a las iglesias. No se puede olvidar que el diálogo es precisamente uno de los puntos fundamentales de la herencia que nos dejó Pablo VI en su encíclica Ecclesiam suam.

 

José-Román Flecha Andrés

Miembro del Instituto Pablo VI

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