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Crónica de la primera mesa redonda celebrada en el Congreso Nacional de Misiones

Crónica de las mesas redondas celebradas en el Congreso Nacional de Misiones, organizado por Obras Misionales Pontificias (OMP). Un acontecimiento que busca reavivar la pasión misionera. Durante cuatro días, se mostró la realidad de la Iglesia misionera, desde una perspectiva amplia. El congreso se celebró en Madrid del 19 al 22 de setiembre de 2019

 

 Por José Manuel Coviella C.

El Congreso, con cerca de 400 inscritos trató, a través de cinco grandes conferencias, once comunicaciones entre mañana y el sábado y tres mesas redondas, de dar a conocer «lo que los cristianos hacen para cambiar el mundo».

El Congreso contó con la presencia del presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), monseñor Ricardo Blázquez; el secretario general de CEE, monseñor Luis Argüello, el cardenal de Madrid Carlos Osoro que clausuró el Congreso y con la asistencia también de otros obispos. Asistieron, asimismo representantes de OMP internacional, Guy Bognon, secretario internacional de la Obra de San Pedro Apóstol, quien pronuncó la conferencia de inauguración y de OMP Venezuela, Uruguay y Bélgica.

En la mañana del día 19 tuvo lugar la inauguración del ‘Congreso nacional de Misiones’ por parte de monseñor Francisco Pérez, presidente de la comisión episcopal de misiones, y el director de las OMP, José María Calderón. Tras recordar a Anastasio Gil, el añorado director de las OMP, fallecido hace ahora un año, dio las gracias a obispos, teólogos y demás personas que hicieron posible el Congreso, para que “España siga siendo un país de verdadero espíritu misionero”.

 

Primera mesa ronda, el día 19, con el título : Obispos en Misión

Moderados por Dolores Golmayo, intervinieron:

Monseñor Eugenio Arellano, Vicario Apostólico de Esmeraldas. Ecuador. Monseñor Juan José Aguirre, obispo de Bangassou. República Centroafricana.

Monseñor Miguel Ángel Sebastián, obispo de Sarth. Chad

 

Monseñor Eugenio Arellano, nace en el municipio navarro de Corella, el día 11 de noviembre de 1944. Ingresó en la congregación de los Misioneros Combonianos en Moncada (Provincia de Valencia). El 18 de diciembre de 1972 fue ordenado sacerdote. En 1977 fue enviado a Ecuador, como misionero en el Vicariato Apostólico de Esmeraldas.

El 1 de junio de 1995, Juan Pablo II le nombró como nuevo Vicario Apostólico de Esmeraldas y como nuevo Obispo Titular de la antigua Sede de Cellae in Proconsulari. El día 27 de abril de 2017, ha sido elegido como nuevo Presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana (CEE), durante el trienio 2017-2020.

Pasó a presentar la misión por el conocida. Estoy, dijo, en el Vicariato Apostólico de Esmeraldas. Se trata de una parte del Ecuador, situada al noroeste del Ecuador. Este país pequeño es muy variado, donde hay doce nacionalidades indígenas, con sus culturas y lenguas. Yo, dijo, estoy trabajando con personas que llamamos afro-ecuatorianos. Son descendientes de los africanos que trajeron en tiempos de la colonia, mis paisanos de aquellos años, para así no maltratar a los indígenas y maltratar a los negros. El clima es tropical con mucho calor. Cuando vengo a España percibo que existe una indefinición para todo; aquí se vive en la indefinición. En esta zona donde yo vivo del Ecuador me atrevería a decir que es de las pocas reservas de humanidad que quedan. Son pobres, han sido descuidados por todos los gobiernos de turno. Lo digo con claridad -ojalá estuviera aquí el embajador- ; han sido descuidados por negros y por pobres. Tienen, sin embargo, muchas posibilidades de desarrollo. Si, porque vivimos en un terreno que es todo desembocadura de grandes ríos, de costas; hay pesca, hay playas, hay posibilidades de turismo, posibilidad de industria. Pero nadie invierte. Las gentes son pobres, no tienen nada y se les atiende en momentos de elecciones. Entonces si. Van y prometen y después se olvida.

La gente tiene un sentido muy positivo de las realidades y con ese rostro que tienen siempre iluminado por la sonrisa; es una sonrisa de gentes que no indica una manera de ser superficial o inconsciente de los problemas que tienen. No. Es una sonrisa que para mi, durante estos 33 años de estancia, es un acto de fe. Sonríen porque saben que hay un Dios que tarde o temprano les va a tender la mano. Tienen esa experiencia. Dios está con ellos. Ellos saben que Dios está de su parte. Y lo saben sin leer libros, sin hacer cursos de teología; saben que Dios al que sufre no lo deja. Y son experiencias vividas y por eso tienen esa visión positiva de la realidad. Algo de lo que siempre encuentro chocante cuando vuelvo a España es que Vds, protestan por todo, lo critican todo, han perdido el sentido del agradecimiento. En cambio esta gente sabe agradecer y así escuchas como el esposo le dice a la esposa: “gracias, por esta camisa tan linda que me has planchado”; o la esposa al esposo: “gracias, mi amor, por estos hijos tan bellos que hemos hecho”. El sentido del agradecimiento. Agradecer a Dios y agradecer a los hombres. Por pobres que sean, ningún hijo se levanta de la mesa sin decir: “gracias papi, gracias mami”. Me gustaría que se recuperasen aquí en España, estos valores. Son valores cristianos, humanos. Este pueblo con el que convivo tienen el don de la acogida. Ellos saben acoger como hacen los pobres. Ellos se “quitan el bocado” para dárselo al que viene. Acogen en su mesa a todos; en su casa te ofrecen lo que tienen. Son acogedores. Pero fíjense, cuando la pobreza se convierte en miseria ya no es bienaventurada. Es maldita pobreza, no tiene nada de bienaventurada. No tiene nada de bienaventurado que mueran porque no tienen médico ni medicinas; no tiene nada de bienaventurado que un niño tenga un desarrollo anormal porque no ha sido bien alimentado. Sufrimos estas consecuencias. Está asimismo el problema de la droga.Yo estoy en una zona fronteriza con Colombia, en la ruta del narcotráfico, sobre todo la cocaina. Nuestras costas interiores están llenas de narcotraficantes, con la violencia que eso genera y el poder de corrupción tan grande que tiene el narcotráfico. La droga corrompe todo. Y en ese contexto de pobreza de debilidad, porque la pobreza les hace débiles y así pueden incurrir en estos delitos. El escudo de Esmeraldas pone “libre por rebelde y por rebelde grande”. Esa es la característica de idiosincracia de mi pueblo. Ellos son rebeldes, marcados por la esclavitud, tienen un sentido de la propia dignidad y de la libertad que es algo maravilloso. Que bonito es ver a estas gentes, pobres, con esa gran dignidad y mucho más cuando se sienten creyentes, hijos de Dios.

El proceso de evangelización con ellos se lleva con las comunidades. Hay presencia de sacerdotes, religiosas y generalmente un centro de enseñanza. Nosotros creemos mucho en el poder de la educación. Por eso hemos empleado mucha energía y medios. En estos momentos en los colegios y centros de educación que dependen de la misión, tenemos inscriptos unos 70.000 alumnos (un tercio de la población), a través de un convenio que se hace con el gobierno para estas zonas fronterizas. El gobierno nos considera como presencia suya. Centros educativos y algún centro de salud. En los pueblos grandes hay una iglesia con uno o dos sacerdotes o un diácono permanente o una comunidad religiosa. En los pueblos pequeños no. Se les atiende con un ritmo mensual; los pueblos muy alejados se les visita cada dos meses. Ahora bien independientemente de las visitas del sacerdote y religiosas, el objetivo es que haya una vida cristiana activa. Para eso el mayor trabajo es formar dirigentes a los que llamamos guías. Son los que presiden las celebraciones; los catequistas son los que dan todas las semanas catequesis a niños y adolescentes, y también los que preparan a los adultos para el bautismo. Hay otro ministerio al que llamamos los “rezanderos”. Los “rezanderos”, son, dicen ellos, los que echan los rezos a los muertos. También hay otros líderes que aunque está muy relacionados con la comunidad social y brotan de ahí, los llamamos líderes sociales. Son los líderes de las diferentes organizaciones campesinas. Con estos líderes, el problema que tenemos es que cada cuatro años, cuando el gobierno hace elecciones, los quieren y así vienen a las iglesias y les tientan, les ofrecen la posibilidad de ser alcaldes y nos los llevan. De manera que cada cuatro años tenemos que ir renovando estos servicios, que encontramos en cargos públicos. A veces es positivo, porque están formados y tienen una conciencia recta.

Así trabajamos en las comunidades, la atención va a formar estos líderes. En la parroquia suele haber siempre una casa con dormitorios separados con sus duchas. En el centro unas cocinas y un comedor y aulas. Ahí se les tiene de 2 a 4 días. Generalmente antes de los tiempos litúrgicos fuertes o cuando vienen los momentos de las lluvias torrenciales. En esos momentos en que no se puede trabajar en ningún sitio, en esas circunstancias, se les moviliza, se les trae a la misión y ahí se les forma.

¡Qué difícil lo tienen los pobres!. Aquí salen muchos jóvenes formados. Y aunque tenemos refinarías de petróleo, no tendrán trabajo, porque para que les den el puesto de trabajo tienen que pagar, tienen que comprar y corromper a otro. Lo he denunciado muchas veces. He ido a los ministros de turno y les he dicho: “Vds. están dañando todo. Vean que mensaje reciben estos jóvenes. No hay espacio para el pobre”.

Como Iglesia, dijo, tenemos que ser más fuertes, menos mansos. Termino diciendo que lo más bello que me ha pasado es poder vivir mi fe con esa gente. Ellos me enseñaron como rasgos del rostro de Cristo. Y me enseñaron a confiar en el Señor.

Monseñor Juan José Aguirre

Juan José Aguirre Muñoz M.C.C.J. (Córdoba, 5 de junio de 1954) es un religioso misionero comboniano y obispo español de la Iglesia católica, titular de la diócesis de Bangassou (República Centroafricana) desde el año 2000.

Juan José Aguirre ha sido promotor de numerosas obras de atención y promoción social en la diócesis. Cursó los estudios de filosofía en Moncada (Valencia) y de teología en Roma y París. Fue ordenado sacerdote en setiembre de 1980 en Roma. Destinado a la República Centroafricana, donde llega en 1980. Ordenado Obispo de Bangassou en el año 2000 tras ser nombrado coadjutor de su predecesor

Como obispo, ha denunciado en numerosas ocasiones a través de la prensa internacional las duras condiciones de vida a las que se enfrentan sus diocesanos, particularmente con ocasión de los numerosos ataques del llamado Ejército de Resistencia del Señor a la población civil del sureste del país y tras la rebelión de la coalición Séléka en 2012-2013, que condujo al golpe de Estado con que se puso fin al gobierno de François Bozizé, y que coincidió con brutales saqueos y pillajes contra los habitantes de Bangassou y las obras de la diócesis.

Muchas gracias por la invitación. Voy a compartir con vosotros mi experiencia en el corazón de África (la República de Centroáfrica), donde llevo 29 años; soy obispo de Bangassou. Siempre he intentado estar cerca de los pobres. Llegué con 22 años y me mandaron a una zona que estaba a siete días en coche del primer teléfono, del primer médico. Recuerdo que después de mi primera misa, estando en la sacristía, la persona que estaba conmigo ayudándome a quitar las ropas, me dijo, ve a la puerta, fuera, porque te quieren bendecir. Y me indicó que pusiera las manos en postura de recibir. Lo hice así y fueron pasando y me escupían en las manos. Ya cuando pasaron todos y me retiraba, me indica que todavía hay que ir a otra zona donde están los leprosos. Son también gentes de la comunidad, que te quieren bendecir. Yo nunca había visto a nadie con muñecas en aquella situación o con los brazos y pies de aquella manera; les faltaba las partes blandas del cuerpo (orejas, nariz…) (eran leprosos). Y la persona que me acompañaba me dice: mira con el mismo cariño que has tocado la forma en la Eucaristía, tócalos también a ellos, tócalos, porque es el mismo Cristo. Ese fue mi segundo bautismo.

Después de la guerra hemos quedado 25 curas. Otros salieron con un shok post traumático debido a las amenazas; la mitad de las monjas de la diócesis también salieron. Hemos vivido la destrucción de todo. Terribles vivencias sufridas producen (pues se llega a soñar con esas escenas) el shok. Cuando se viven esas situaciones hay que hacer actividades para superar la depresión y esos estados de ánimo. Para superar eso yo, dice, propongo comportarse como las ranas, como los sapos. Son unos animales que viven en la superficie luchando por cazar y no ser cazados y de repente, cuando no tienen fuerza, pegan el salto y se van a la profundidad y allí en la profundidad cargan las pilas. Pues bien, sin hacer este ejercicio cada día de cargar las pilas en el Señor, nuestra vida se hace muy difícil.

Hay un proverbio africano que dice: cuando dos elefantes se pelean, la que más sufre es la hierba que está bajo sus pies. Cuando dos elefantes o tres o cuatro depredadores que luchan por las materias primas, la que más sufre es la hierba que son los más pobres, que son estos viejecitos, que son los niños huérfanos, son las mamas o padres, enfermos de sida en fase terminal. Estamos allí por ellos.

Nos queda la fe. El 11 de marzo de 2013 llegaron los Séleka. Eran un verdadero huracán de violencia y sin piedad. Hoy quedan 12 “señores de la guerra”, la mitad de ellos no son africanos. Pretenden dividir y tomar las grandes riquezas de África, que terminan en multinacionales de China, Rusia, de Europa y la zona del Golfo. Y la gente sencilla de dentro del país es quien paga los “platos rotos”. Frente a este grupo de los Séleka, nacieron grupos de gentes jóvenes no musulmanes (los Séleka si son, en su mayoría, musulmanes); estos grupos lucharon aún con más violencia. A estos jóvenes los estamos intentando integrar en diversos proyectos: de carpintería, de panadería y otros. Han sido tremendamente violentos, tienen las manos manchadas de sangre, pero estamos intentando devolverlos a la sociedad. Hemos vivido momentos muy difíciles; en esos momentos yo sentía que Dios estaba ahí, Dios estaba conmigo. Hemos puesto el seminario a disposición de muchos musulmanes; allí están desde hace tres años. Los hemos acogido; no es fácil y no todos lo ven correcto, pero los mantenemos, son nuestros huéspedes, son el rostro de Cristo. Allí los tenemos. A seis curas los han matado en estos últimos dos años y una monja (Sr. Inés, española); capillas han sido destruidas, muchos catequistas muertos o expulsados. Una Iglesia completamente perseguida y despojada de todo.

Hemos estado trabajando durante todo este tiempo intentando que se supere el odio y la venganza; que en el corazón de las personas prime el perdón, que la gente perdone. El perdón es un don de Dios. Un perdón sin condiciones. Sabemos que han destruido y matado a personas queridas, sabemos todo eso, pero el perdón que es un don de Dios, es posible.  Ese perdón que ya viene experimentado por Jesús en el Calvario.Trabajamos para que ese perdón llegue al corazón de tantas personas que han vivido tragedias en sus casas, muertes de padres, hermanos, niños y ancianos. ¡Cuánta desolación!. Os ahorro imágenes violentas; son muy desagradables y no quiero impresionar con esas imágenes. Sí quiero decir que hay unos 650.000 desplazados internos y unos 500.000 refugiados internos en Centroáfrica. Son muchas personas que han perdido todo. Intentamos poner esperanza y luchar por la paz. Promocionar a estas gentes. Las mujeres son decisivas, porque ellas utilizando la palabra y el consejo hacen mucho bien.

Somos una Iglesia perseguida, pero llena de esperanza; tenemos templo, orfanato, talleres de costura, de carpintería, atendemos a muchos jóvenes que aunque tienen las manos manchadas de sangre, queremos que se reintegren. África tiene hoy 1250 millones de personas y en el 2050 se calcula que tendrá 2500 millones. El 40% de la población es menor de 15 años. Hay muchos musulmanes moderados, gente buena. Si África es capaz de gestionar sus riquezas naturales, sin que otras naciones de fuera del Continente, las roben, entonces África será un continente del futuro. Tiene mucho futuro. La Iglesia en el 2020, pensamos que tendrá unos 100.000 curas y 175.000 monjas.

Iglesias con muchos movimientos; las gentes participan, viven la fe. Todos quieren encontrar un sitio donde vivir y hacer más fuerte su fe. Escuelas católicas. Unos 8.000 alumnos en las escuelas católicas, donde musulmanes y no musulmanes estudian juntos; se crea entre los niños una especie de microclima en la escuela que quisiéramos que fuese modelo para los adultos y la vida cotidiana. Los niños, en la escuela, crecen juntos, juegan juntos, comen juntos, oran juntos, estudian juntos. Fomentamos este clima de cohesión social, que se dialogue y tener una mirada de mansedumbre. Superar el deseo de venganza para entrar en un diálogo.

Termino diciendo que hemos celebrado el año misionero extraordinario que hemos dividido en cuatro bloques. El primero giró sobre el encuentro personal con Cristo en la Eucaristía. El segundo (tres meses también) hemos tenido este tiempo para comprobar dónde están los catequistas, quién llevó la fe, quién trajo la fe, cómo se desarrolló la fe en cada zona, parroquia, capilla. El tercer bloque fue de formación. Formación bíblica principalmente. Y el cuarto bloque para aprender el año litúrgico, viviendo que la Palabra se hace misericordia.

Vuelvo con mi gente y esperamos que todo mejorará cuando encontremos sitio para esos 2.000 musulmanes que ahora tenemos en el seminario y puedan volver a sus barrios. Yo ya tengo mis “cosillas”. He tenido varios infartos, tengo varios “stent” en el corazón. Pero con la confianza en el Señor al que pido me de la fuerza de estar con mi gente y caminar con mi gente. Termino diciendo que tengo confianza en el Señor, es la gracia de Dios la que me hace un misionero católico en esta zona de riesgo, porque sin la gracia de Dios no seríamos nada. La Iglesia en África es creíble por esta confianza en el Señor que transmite a las gentes. Muchas gracias.

 

Mons, Miguel Ángel Sebastián

Mons, Miguel Ángel Sebastián. Obispo desde 1999, misionero comboniano nacido en Zaragoza hace 68 años. Ordenado sacerdote en 1965. Se considera africano después de 42 años pasados en Chad.

Sobre la situación del país, monseñor Sebastián dice que, ahora mismo, en Chad se respira tranquilidad. “Es verdad que hemos pasado momentos tan duros como los que están pasando en República Centroafricana o en Sudán del Sur, pero esos momentos ya pasaron”. “La Iglesia Católica es creíble y los gobernantes no nos ponen dificultades. No ayudan, pero aceptan que nosotros trabajemos nuestro campo del desarrollo integral humano. Y la Iglesia en el Chad, además de la evangelización y del anuncio de la Palabra, tiene como meta el desarrollo humano”.

Desde finales de 2018 ha sido nombrado obispo de una zona al sur oeste del país, diócesis de Sarth.

Comienzo, dijo, indicando dónde está Chad. Chad está al norte de la República Centroafricana. Comparte frontera con los siguientes países: – al Norte con Libia (1.055 km.) – al Sur con la República Centroafricana (1.197 km.) y Camerún (1.094 km.) – al Este con Sudán (1.360 km.)- al Oeste con Níger (1.175 km.), Nigeria (87 km.) y Camerún. Ahí hay un lago que se llama lago Chad, en donde por desgracia los terroristas de Boko Haram, siembran el terror. A veces llegan y se esconden en una de las numerosas islas que tiene este lago. Lago que en unos años se teme secará. El país de Chad es en cuanto a superficie más del doble de España. 1.284.000 Km. cuadrados. Una tercera parte es desierto. El Chad colonia francesa hasta 1960, está compuesto desde el punto de vista religioso de el 52% más o menos de musulmanes (todo el norte del país) y en el sur donde están las religiones tradicionales africanas y donde la Iglesia católica empezó hace unos 90 años. Los católicos somos más o menos el 8% que con otras confesiones cristianas llega al 16% y los demás son de las religiones tradicionales africanas. Hay unos 600.000 a 700.000 refugiados. Muchos huyendo de la violencia en Centroáfrica, de la que os ha hablado monseñor Juan José. Es un país rico pero empobrecido por los egoísmos de unos y otros, especialmente a causa del petróleo. En mi diócesis habrá unos 60.000 refugiados.

Chad desde el punto de vista político, social, económico ha vivido más de 30 años de guerra civil. Eso se nota. Una guerra destruye no solo materialmente y transforma los corazones, que después de tantos años de guerra, están llenos de odio. Sobre todo si los que ganan la guerra se convierten en opresores. El pueblo sencillo sufre esa opresión del poder que ostenta todos los poderes. Esta situación hace que mucha gente o gran parre del pueblo (la población rural) lo pase muy mal. En el norte tienen cultura árabe, musulmana. No todos son árabes, pero casi todos son musulmanes. Son los que en el sur nos crean muchos problemas. Aunque en teoría es un país moderno, un estado de derecho, dicen, pero los tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial están en las mismas manos, misma familia, pues es un sistema clánico. Si hay protesta puede derivar en un baño de sangre. Los pobres agricultores no tienen más defensa que sus lanzas. Las autoridades administrativas no hacen nada y los militares siempre están a favor de los del norte. Es un sistema opresor difícil de soportar. Yo en mi visita pastoral les decía: defendeos. Tenéis el derecho a la legítima defensa. Id a los campos acompañados con vuestras lanzas y si vienen los ganaderos con sus ametralladoras, ¿qué podemos hacer? Callar y volver a casa. Pero si os ven armados una vez y otra vez, quizás con el tiempo consigamos cambiar las cosas.

La Iglesia en el Chad, es una Iglesia que ha nacido en el interior de África en 1929, pero en la práctica después de la II Guerra Mundial, año 1946. Por lo tanto es una Iglesia joven, no solo porque ha nacido hace poco sino porque los jóvenes son los que abundan. Sacerdotes jóvenes, religiosos y religiosas jóvenes, laicos jóvenes. Los jóvenes llenan nuestras iglesias y las plazas. Las celebraciones eucarísticas están llenas de jóvenes. Es una gracia del Señor. Hay que resaltar que Chad es un estado laico en el que se permite a las diferentes confesiones religiosas poder llevar a cabo su misión. La Iglesia católica no tiene ningún problema para cumplir su misión del anuncio del Evangelio. Se puede anunciar el Evangelio cuando se quiera y donde se quiera. Celebrar los sacramentos, hacer procesiones, visitar las cárceles, hacer reuniones. Eso si no se puede tocar el mundo islámico. Intentamos el diálogo interreligioso. No se puede dialogar con el mundo islámico, pero lo intentamos.

Tenemos unas prioridades en el ejercicio de la caridad. Lo primero el compromiso por la justicia y la paz. Son quejas cotidianas el que los jóvenes se marchan, las injusticias aumentan. Antes se iban a Centroáfrica a buscar diamantes, ahora se van a Sudán a buscar el oro. Otra prioridad es la promoción humana o desarrollo integral de la persona. Caritas diocesana y parroquiales con una doble misión, una atender a las prioridades más urgentes (hambrunas, inundaciones). Y el compromiso por la salud y la educación (hospitales, colegios, escuelas), porque el Estado no se ocupa de la zona rural. A veces envían maestros, pero no se quedan. Preocupación también por las vocaciones. Formación de laicos comprometidos, catequistas formados. Y los jóvenes que llaman a nuestras puertas quieren que la Iglesia trabaje con ellos y se ocupe de ellos.

Madrid, 23 de setiembre de 2019
José Manuel Coviella C.

Un congreso para reavivar la pasión misionera

Segunda mesa

Tercera mesa

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