Iglesia en España Nacional

Crónica de la clausura del Congreso Católicos y Vida Pública

En el XIV Congreso Católicos y Vida Pública bajo el título “Un nuevo compromiso social y político” (Del Concilio Vaticano II a la Nueva Evangelización). La conferencia de clausura corrió a cargo de Francesc Torralba Roselló, director de la Cátedra Ethos de ética aplicada. Universidad Ramón Llull. El título de su ponencia fue: Los desafíos de la Nueva Evangelización.

 

Empezó preguntando ¿cómo hacer llegar lo que creemos a nuestros conciudadanos?

Hoy, por lo general, se suelen articular diagnósticos muy apocalípticos, dijo. Y hay que mirar más a lo que Ortega llamaba “palpitaciones del tiempo” o “signos de los tiempos” como se mencionó en el Concilio Vaticano II. Es posible articular pasillos para hacer un vínculo comunicativo; hay que poner especial interés en saber dónde está el destinatario.

 

Recordó, en alusión al libro de Joseph Ratzinger  “Introducción al cristianismo” una pequeña historia (parábola) cargada de alegoría para los cristianos de hoy.  Se trata de una narración

parabólica de Kierkegaard sobre el payaso de la aldea en llamas, narración que Harvey Cox ha resumido brevemente en su libro “La ciudad secular”. Muchas cosas de nuestra vida, dijo, me recuerdan sobre la parábola del payaso de Kierkegaard.

 

En ella se cuenta, que en Dinamarca un circo fue presa de las llamas. Entonces, el director del circo mandó a un payaso, que ya estaba listo para actuar, a la aldea vecina para pedir auxilio, ya que había peligro de que las llamas llegasen hasta la aldea, arrasando a su paso los campos secos y toda la cosecha. El payaso corrió a la aldea y pidió a los vecinos que fueran lo más rápido posible hacia el circo que se estaba quemando para ayudar a apagar el fuego. Pero los vecinos creyeron que se trataba de un magnífico truco para que asistiesen los más posibles a la función; aplaudían y hasta lloraban de risa. Pero al payaso le daban más ganas de llorar que de reír; en vano trató de persuadirlos y de explicarles que no se trataba de un truco ni de una broma, que la cosa iba muy en serio y que el circo se estaba quemando de verdad. Cuanto más suplicaba, más se reía la gente, pues los aldeanos creían que estaba haciendo su papel de maravilla, hasta que por fin las llamas llegaron a la aldea. Y claro, la ayuda llegó demasiado tarde y tanto el circo como la aldea fueron pasto de las llamas.

El payaso cumplió a la perfección el encargo. Pero no fue creíble su mensaje. La indumentaria lo hizo increíble. Por eso es preciso pensar en el emisor (en nosotros mismos).

 

 

A) ¿Cómo hacer?

 

1) Deberíamos explorar la dimensión de nuestra llamada.

En cualquier ámbito. ¿Qué estoy llamado a hacer?  Qué deseas de mi ahora? ( S. Agustín). Ir a esos grupos para los que el cristianismo es indiferente y sabiendo cómo suscitar el interés en ellos; acercándose a esas personas que no conocen nada y cuando se lo enseñas se quedan sorprendidos; mostrarles que el Evangelio siempre es nuevo y su capacidad de llegar al interior del hombre es eterna. Tenemos que partir de que existe una vocación laical.

2) Tener audacia. Es decir capacidad de asumir acciones arriesgadas  Incluso en contextos hostiles. Salir de uno mismo.  Romper la endogamia.

3) Formación.  Exigencia de auto-formarnos.  No basta con el fideísmo. Proponer.  Poner delante; no imponer. Poner delante del otro a: Cristo. Explícitamente sin complejos y sin arrogancias. Sí es necesaria la formación auténtica en la fe, así como la honesta humildad ante la enseñanza de los teólogos que se dedican a esta ciencia y que la Iglesia ha formado para ayudar y enseñar al pueblo cristiano.

4) Humildad. Audacia vinculada a una de las virtudes cristianas: humildad, la madre de las virtudes. Humildad como ingrediente clave en la transmisión. No podemos dejar de reconocer nuestros pecados , nuestras limitaciones.

5) Desprivatizar  la experiencia de fe.  La privatización de la fe es por inseguridad,  por temor por vergüenza. Tenemos que estar orgullosos de formar parte del Pueblo de Dios.

Vivir con naturalidad lo que uno cree.

 

 

B). El mensaje

 

El mensaje no es nuevo. Tiene XXI  siglos. Es el mensaje es el Credo de Nicea.  Es la fe en la muerte y resurrección. Esta ahí el mensaje.  No somos creadores de mensaje.  Somos transmisores de  mensaje. Pero ¿cómo hacer ver que el mensaje de siempre es nuevo para cada ser humano?

Lo que hace valioso al cristianismo no es su historia sino la perenne actualidad y novedad del mensaje. El destinatario está cada vez más alejado de la “oralidad”.   Hoy son imágenes.  Es la época de la imagen. Ya se hizo ( con los retablos en las iglesias), pequeñas  catequesis a gentes que no sabían leer. No es nuevo.  Pero el destinatario es intolerante al discurso oral. No basta con la imagen.

Al final nos hace creíble el estar donde nadie quiere estar. Eso es lo que nos hace creíbles.  Presencia de la Iglesia en las áreas oscuras de la sociedad.  Pero no basta;  es necesario también la propuesta de  un mensaje que lleve sentido. ¿Cómo es nuestro destinatario ?

Con frecuencia, un destinatario lleno de prejuicios. Amurallado. Escondido en una jaula de prejuicios. ¿Qué hacemos con esos prejuicios?,  ¿dónde nacen?,. ¿por qué?, ¿qué canales generan esos prejuicios ?

Estamos en una sociedad de la información en  la que a todo el mundo le llegan datos y más datos. El esquema básico de lenguaje emisor-receptor se ve ahora hipertrofiado en el primer término, de modo que parece que todo el mundo es emisor de teoría, sienta cátedra, postula… y todo como por ciencia infusa.  Se impone un análisis de los sistemas educativos. Un análisis de los mass-media. También detectamos indiferencia. Indiferentes al mensaje se la Iglesia. Voces que no dicen nada. Hay que romper el caparazón de la indiferencia. Jesús con las parábolas rompe la indiferencia. ¿Cómo  romper la indiferencia.  Nietzsche reconoce que Jesús era un gran seductor.

Atender (mirada atenta) a los alejados. Fueron bautizados, pero ahora están alejados. ¿A dónde van?, ¿por qué se fueron ?.

Terminó su conferencia Francesc Torralba Roselló, reivindicando estos cuatro puntos:

 

1)Ser testigos creíbles. Coherencia

2)Aprender de los otros contextos culturales

3)Propuesta legítima y razonable de felicidad

4)Cultivo de la vida interior

 

 

Madrid.  19 de noviembre de 2012

José Manuel Coviella Corripio

 

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