Iglesia en España Nacional

Crónica de la celebración de los 25 años del compromiso ecuménico de El Espinar

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Crónica de la celebración de los 25 años del compromiso ecuménico de El Espinar

En este encuentro para celebrar los 25 años de nuestro compromiso ecuménico, hemos analizado la realidad de las “mediaciones” y las dificultades del “lenguaje religioso” dentro de las exigencias personales y eclesiales dentro de la doctrina de “la justificación por la fe.

 Hemos subrayado la necesidad de dirigirnos siempre hacia “Cristo Reconciliador» como camino seguro hacia la unidad que buscamos.

 Finalmente, estamos convencidos de que este camino exige de todos nosotros y de todas las iglesias un proceso continuado de amor y amistad sinceros y un esfuerzo insistente y humilde en la búsqueda de la verdad.

Nuestras Confesiones deben profundizar siempre en el respeto y amor mutuo junto con la búsqueda apasionada de la verdad.

Afirmamos que Cristo es un debe ser el ejemplo de nuestra reconciliación.

MANIFIESTO DE LOS 25 ENCUENTROS DE EL ESPINAR

 Al celebrar los 25 años de los Encuentros Ecuménicos de “El Espinar”,  hemos analizado y constatado que,  en este momento del camino,  es necesario resaltar el carisma de sanación y curación del ecumenismo,  porque lo ecuménico nos invita al encuentro, a la solidaridad, a la acogida al otro y al perdón. Pero también nos invita  a  mirar y caminar con decisión y convencimiento hacia una nueva oikoumene donde todas esas decisiones serán realizadas,  en la que es y será Jesús mismo el que todo lo sea y lo sea en todos.

Este camino hemos de entenderlo como un proceso continuo que va convirtiendo esta historia y nuestra casa común que es la tierra, en un lugar habitable donde pueda convivir toda la familia humana. Un lugar sin fronteras, ni siquiera las de la propia historia. Por tanto, necesita de nuestro compromiso y trabajo.

Nuestra sociedad, y hoy de manera urgente, necesita ver una auténtica reconciliación entre las diferentes confesiones cristianas. Necesitamos un profundo ejercicio de sanación, de aceptación los unos a los otros, de perdón; y en este ejercicio la Iglesia en general tiene mucho que ver y que decir,  pero también mucho que hacer.

Necesitamos urgentemente aprender a mirar con la mirada de Jesús. Acercarnos al sufrimiento de los otros, pero como lo hizo Él, sin juicios ni condenas, solamente con ese amor que todo lo soporta, todo lo cree, todo lo sufre…

Hay muchas heridas abiertas y sangrantes en nuestros días, en el mundo en general y en nuestro país en particular y no podemos ignorarlas y mirar hacia otro lado. No podemos ser ajenos a tanto dolor. Tenemos una buena noticia que proclamar y hacer realidad en el mundo, pero esa Buena Noticia sólo es una y hemos de proclamarla y hacerla realidad en la Unidad.

Ya es hora de que trascendamos muchos inconvenientes que son los que nos impiden, por un lado concretar y terminar, de una vez por todas, nuestro propio ejercicio de sanación, sanar los recuerdos, los sentimientos, nuestra historia.  Por otro, ser realmente instrumentos de sanación y reconciliación para el mundo.

Para continuar con nuestra misión de proclamar el Evangelio y construir el Reino,  reconocemos que hoy vivimos una progresiva descristianización y secularismo de nuestra sociedad. Al mismo tiempo, constatamos ciertas limitaciones en el progreso hacia la unidad. Nos damos cuenta, y aceptamos que la división de la Iglesia “va contra la voluntad de Dios”, es “un escándalo” y “daña la predicación” del mensaje evangélico (UR1)

Por tanto,  reafirmamos nuestra convicción de que es preciso continuar trabajando por la unidad de la Iglesia,  curando las heridas del pasado y reconciliando realmente la memoria histórica.

Para ello es necesario

  1. Concretar la misión de la Iglesia en:
  • la liturgia, que hace presente el misterio cristiano
  • la acción social, que exige hoy la lucha por la justicia, la paz y la integridad de la creación.
  1. Comunicar a toda la sociedad la realidad de la misericordia de Dios.
  2. Estudiar los aspectos negativos de la historia de nuestras confesiones para “curar las heridas del pasado”  y también sus aspectos positivos, para enriquecernos y compartir los dones que tan generosamente se nos han entregado.
  3. Insistir en potenciar la espiritualidad ecuménica, en el sentido del diálogo del Amor  y el diálogo de la Verdad.

Estamos convencidos de que este camino exige de todos nosotros y de todas las confesiones un proceso continuado de amor y amistad sinceros y un esfuerzo insistente y humilde en la búsqueda de la verdad.

Finalmente,  la mirada hacia “Cristo reconciliador” nos dará luz para concretar  nuestros compromisos ecuménicos en la Iglesia y en la sociedad.

COMITÉ ORGANIZADOR

Alfredo Abad – IEE

Angel Hernández Ayllón – C

Felipe Carmona – IEE

Gloria Uribe – C

Hector Vall – C

Juan larios – IERE

Mª José Delgado – C

Teófilo Moldovan – ortodoxo rumano

 El Espinar 4 julio 2015

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