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Criterios del Papa Francisco para la reforma de la Curia Romana

Criterios del Papa Francisco para la reforma de la Curia Romana, a la luz de su discurso al comienzo del consistorio de cardenales sobre este tema (Vaticano, 12 y 13 de febrero de 2015)

Por el bien y el servicio de la Iglesia y su misión en el mundo, fortaleciendo la unidad de fe y la comunión del pueblo de Dios. El Papa Francisco destacó el importante trabajo desarrollado en estos últimos meses para elaborar la nueva Constitución Apostólica para la reforma de la Curia:

«La meta es siempre la de alcanzar mayor armonía entre los dicasterios y oficinas, con el fin de realizar una colaboración más eficaz en la absoluta transparencia que edifica la auténtica sinodalidad y la colegialidad»

«Queridos hermanos, ¡qué bueno, qué dulce habitar los hermanos todos juntos!» Con estas palabras del Salmo 133, el Papa alentó a alabar al Señor en la apertura del Consistorio, acogiendo en esta asamblea a los 20 nuevos cardenales.

Tras expresar su gratitud al Decano del Colegio Cardenalicio, a la Comisión de los nueve cardenales y a su coordinador, el Card. Rodríguez Maradiaga, así como al secretario del mismo C9, Mons. Semeraro, y su con bienvenida a todos «a esta comunión, que expresa colegialidad», el Obispo de Roma hizo hincapié en el significado de la reforma de la Curia Romana y en su misión:

«La reforma no es un fin en sí mismo, sino un medio para dar un testimonio cristiano fuerte; para favorecer una evangelización más eficaz; para promover un espíritu ecuménico más fecundo; para alentar un diálogo más constructivo con todos. La reforma deseada vivamente por la mayoría de los cardenales, en el ámbito de las Congregaciones generales antes del Cónclave, deberá perfecciona aún más la identidad de la misma Curia Romana. Es decir, la de coadyuvar al Sucesor de Pedro en el ejercicio de su supremo oficio pastoral por el bien y el servicio de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares. Ejercicio con el que se fortalecen la unidad de fe, la comunión del pueblo de Dios y se promueve la misión propia de la Iglesia en el mundo».

Determinación, colaboración y oración invocando al Espíritu Santo, que es la verdadera guía de la Iglesia, reiteró el Santo Padre:

«Ciertamente alcanzar tal meta no es fácil; requiere tiempo, determinación y sobre todo la colaboración de todos. Pero para realizar esto debemos, ante todo, encomendemos al Espíritu Santo que la verdadera guía de la Iglesia, implorando en la oración el don del auténtico discernimiento. Con este espíritu de colaboración comienza nuestro encuentro, que será fecundo gracias a la contribución que cada uno de nosotros podrá expresar con parresía, fidelidad al Magisterio y conciencia de que todo ello concurre a la ley suprema, es decir a la salus animarum».

(CdM – Radio Vaticana)

ESTE ES EN ESPAÑOL ÍNTEGRO EL DISCURSO DEL PAPA FRANCISCO
Queridos hermanos:
«Ved qué dulzura, qué delicia, / convivir los hermanos unidos» (Sal 133, 1).

Con las palabras del Salmo rendimos alabanza al Señor, que nos ha convocado y que nos da la gracia de acoger en esta asamblea a los veinte nuevos cardenales. Dirijo a ellos y a todos mi cordial saludo. Bienvenidos a esta comunión, que se expresa en la colegialidad.

Gracias a todos los que han preparado  este encuentro, en particular a Su Eminencia el cardenal Angelo Sodano, decano del Colegio Cardenalicio. Doy las gracias a la Comisión de los Nueve Cardenales y a Su Eminencia Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, coordinador. Doy también las gracias a Su Excelencia Marcello Semeraro, secretario de la Comisión de los Nueve Cardenales: es él quien nos presentará hoy la síntesis de la labor llevada a cabo durante estos últimos meses para elaborar la nueva Constitución apostólica para la reforma de la Curia. Como es sabido, esta síntesis ha sido preparada sobre la base de muchas sugerencias, también por parte de los jefes y responsables de los dicasterios como de los expertos en la materia.
La meta que se ha de alcanzar sigue siendo la de favorecer una mayor armonía en la labor de los diferentes dicasterios y oficinas, al objeto de contar con una colaboración más eficaz, en esa transparencia absoluta que edifica la sinodalidad auténtica y la colegialidad.

La reforma no es un fin en sí misma, sino un medio para dar un fuerte testimonio cristiano; para favorecer una evangelización más eficaz; para fomentar  un  espíritu ecuménico más fecundo; para alentar un diálogo más constructivo con todos. La reforma, vivamente deseada por la mayoría de los cardenales en el marco de las Congregaciones Generales  anteriores al Cónclave, habrá de perfeccionar aún más la identidad de la propia Curia Romana: la de coadyuvar al Sucesor de Pedro en el ejercicio de su supremo oficio pastoral por el bien y al servicio de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares; un ejercicio con el que se  fortalecen la unidad de fe y la comunión del Pueblo de Dios y se promueve la misión propia de la Iglesia en el mundo.
Ciertamente no resulta fácil alcanzar semejante meta: requiere tiempo, determinación y, sobre todo, la colaboración de todos. Pero, para realizar esto, debemos, ante todo, encomendarnos al Espíritu Santo, que es el auténtico guía de la Iglesia, implorando en la oración el don del discernimiento auténtico.

Con este espíritu de colaboración se inicia nuestro encuentro, que será fecundo gracias a la aportación que cada uno de nosotros podrá expresar con parresía, fidelidad al Magisterio y concienciación de que todo ello contribuye a la ley suprema, es decir a la salus animarum. Gracias.

(Original italiano procedente del archivo informático de la Santa Sede; traducción de ECCLESIA)



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