Al abrir la puerta

Criterios de Solidaridad

Recordar que Aristóteles nos dice que el hombre es un animal político es recordar la profunda y constitutiva dimensión social del ser humano. No somos ermitaños solitarios que vivimos al margen de los otros. Es imposible para la persona constituirse en una república autónoma al margen de los demás.

Si eso es asumido por –casi- todo el mundo, comienza a plantearse las dificultades cuando pensamos en los otros. ¿Quiénes son los otros? ¿Los próximos, los cercanos, mi familia, mi región, mi nación? Recuerda a la pregunta que le hacen a Jesús y que da pie a la parábola del Samaritano, ¿quién es mi prójimo?

Se nos ha colado el egoísmo mucho más de lo que pensamos, y aunque esta pandemia y confinamiento global y nacional que hemos vivido-estamos viviendo- ha tenido grandes picos de generosidad, de empatía, de encuentro, de reconocimiento de los otros más allá de uno mismo, la cabra suele tirar al monte, el fuste torcido de la humanidad está ahí constantemente, y ese pecado original de egoísmo y sus tendencias, sale y vuelve a salir siempre.

Ahora que, así nos dicen todas las previsiones, vendrá una crisis de magnitudes grandes, que comienza a asomar ya con colas para comedores y bancos de alimentos y Cáritas, tenemos que recordar y recordarnos quién es el prójimo. Para no caer en el egoísmo estéril y suicida que deshumaniza.

La Iglesia tiene que ser, además de manos de ayuda, memoria constante y machacona –como la viuda importuna del evangelio- de la mutua responsabilidad social que tenemos. Tiene que ser voz constante que recuerde que lo humano está en la entrega, en el cuidado, en la donación y en el amor… porque lo humano es reflejo –imagen y semejanza- de la divinidad que es entrega, cuidado, donación y amor.

¿Quiénes son los otros pues? ¿quién es mi prójimo? Jesús termina la parábola, dándole la vuelta a la pregunta, lo cual –en exégesis poco ortodoxa seguramente- me viene a decir que el otro es al que me dirijo cuando actúo movido por la compasión, por la generosidad y no por el egoísmo.

No es pues éste o el otro. No caben lecturas ideológicas que reduzcan al prójimo a unos sí y otros no –inmigrantes, sólo nacionales, mi familia, los últimos…-. Lo que convierte al otro realmente en otro, es mi mirada hacia él, mi genuina y sincera mirada compasiva y de amor al otro. Se puede ser egoísta cuidando de mi familia y siendo un patriota y se puede ser egoísta cuidando de los pobres y defendiendo el fin de las fronteras. Se puede ser inmensamente generoso cuidando de mi familia y siendo un patriota, y se puede ser genuinamente generoso cuidando de los últimos y de los inmigrantes.

Jesús pareciera que por momentos supera las relaciones familiares o nacionales en sus mensajes de amor y compasión, y otros en los que cuida y exalta lo familiar y la identidad. Probablemente con todas las relaciones humanas podemos decir lo mismo.

No hay formas correctas y formas equivocadas de ser solidarios. Lo que si hay es un criterio central de ser solidario, compasivo y generoso: la ausencia de egoísmo en los reales por qués de hacer las cosas.

Fr. Vicente Niño Orti, OP

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