Cristina Inogés
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Cristina Inogés: «Las beguinas llenan el vacío que se crea al suprimir el diaconado como tal»

Mujeres libres no atadas a un hombre en plena Baja Edad Media. Pero no eran monjas, sino otra cosa. El movimiento de las beguinas presenta todavía muchas áreas de estudio, y sobre ellas ha hablado la teóloga y colaboradora de ECCLESIA Cristina Inogés en «Cruzando Fronteras», el programa de Youtube dirigido por Fernando Cordero.

—¿Quiénes son las beguinas?
—Mujeres que aparecen a finales s.XII y duran oficialmente hasta finales del s.XIV, pero la historia nos demuestra que lllegaron incluso hasta el s.XX. Tienen una forma de vida elegida libremente sin estructura. Hoy, su espíritu perdura. Se las considera un movimiento reformador como los que hubo en la Edad Media. Su espiritualidad es riquísima y un tesoro que en la Iglesia no sabemos que tenemos, lo que es una pena.

—A veces aparece Hildegarda de Bingen como la primera beguina, ¿es cierto?
—Las catequesis de Benedicto XVI hablaba de místicas y beguinas, que no eran lo mismo. No todas las beguinas eran místicas, aunque casi todas las que escribieron lo eran. Benedicto XVI dedicó dos catequesis a Hildegarda, pero no es una beguina ni en su forma de vida ni en sus escritos teológicos. Ella es estrictamente cisterciense y siempre abandona el monasterio por razones pastorales o para construir uno propio. En la cumbre de su mística, habla de que el alma se asemeja a Dios. Las beguinas van un paso más allá: El alma «se aniquila en Dios para ser Dios», afirman. Lo que pasa es que su vida fue muy peculiar por ser muy inteligente, y eso sí sirvió a las beguinas como espejo.

—¿Cómo aparecen, quién las funda?
—No tienen una madre o padre fundador. La supresión del diaconado como tal crea un vacío en la atención a pobres y ellas aprovechan ese hueco. Es la Edad Media, donde hay guerras, cruzadas, peregrinaciones y una peste. Todo ello genera una gran pobreza, y queda abandonado el espacio que atendían diáconos y diaconisas. Las beguinas suplen ese ministerio acercándose a los pobres; de hecho, sus beaterios nacen como hospitales. Además, ellas en las ciudades, porque saben que allí hay mucha necesidad.

—¿Cómo se mantenían económicamente las beguinas?
—No pensemos en un beaterio como en un monasterio de hoy día. No hacían votos y se organizaban así por una cuestión práctica de seguridad. Vivían de su trabajo: unas cultivaban plantas, otras tejían telas, incluso algunas tenían granjas de su propiedad. No pertenecen a ningún movimiento mendicante: llegaron a existir más de un millón de beguinas, y hablamos de la demografía de la Europa Medieval. Que en un momento puntual unas cientos de ellas tuvieran que pedir no las convertía en mendicantes, aunque tuvieran buenas relaciones con estas órdenes.

La entrevista completa, en el vídeo

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