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Cristianos en medio de la crisis, por Lluís Martínez Sistach, cardenal arzobispo de Barcelona

 Cristianos en medio de la crisis, por Lluís Martínez Sistach, cardenal arzobispo de Barcelona

Carta de Lluís Martínez Sistach, cardenal arzobispo de Barcelona para el domingo 18 de agosto de 2013

Por fortuna, son muchas las personas que tratan de encontrar una salida a la crisis en la que estamos inmersos. En esta tarea tienen una misión especial los laicos cristianos. De ellos dice el Concilio Vaticano II que “viven en el siglo, es decir, en todas y cada una de las profesiones y actividades y en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social, con las cuales está entrelazada su existencia”.

Resulta evidente, pues, que la condición secular propia de los laicos cristianos les confiere una especial vocación de presencia en el mundo. El carácter secular de los laicos –hombres y mujeres- se entiende en toda su riqueza si lo relacionamos con el hecho de que el Hijo de Dios, al hacerse hombre, santificó los vínculos y las actividades humanas.

El Concilio Vaticano II dice con toda claridad que, en el mundo, los laicos son llamados por Dios “a cumplir su propia misión, a fin de que, guiados por el espíritu del Evangelio ayuden como un fermento, desde dentro, a la santificación del mundo”. Se trata de una misión humanizadora y evangelizadora.

¿Qué pide esta doble misión a los laicos cristianos en este tiempo de crisis? Me parece que tanto el Concilio como los últimos Papas han dado indicaciones muy claras en este sentido, indicaciones que también encontramos en la doctrina social de la Iglesia.

En la encíclica Laborem exercens, Juan Pablo II mostró que “los socialismos tratan a los seres humanos como instrumentos de producción y no como a personas sujetos del trabajo. Por otra parte, los mercantilismos los tratan como una mercancía sujeta al mercado de la oferta y la demanda”.

Benedicto XVI ha dicho que las raíces de la crisis están en “el individualismo que oscurece la dimensión relacional del hombre y lo conduce a encerrarse en su pequeño mundo propio, a satisfacer ante todo sus propias necesidades y deseos, preocupándose poco de los demás”.

Ahora, el papa Francisco –tan sensible a los problemas sociales, desde su experiencia latinoamericana- dice que una de las causas de la crisis está en “una visión economicista de la sociedad que busca el beneficio egoísta fuera de los parámetros de la justicia social”.

Laicos cristianos muy sensibles a los retos que nos plantea esta hora hacen sentir también su voz, afortunadamente, entre nosotros. Hay quienes piden “un sistema económico alternativo completo que deje atrás tanto las experiencias de la economía planificada comunista como los excesos del capitalismo financiero fuera de toda regulación”.

La doctrina social de la Iglesia y las experiencias de los movimientos de inspiración cristiana me parece que ofrecen unos caminos válidos para superar la crisis. Recordemos algunos, como la lógica del don, de la gratuidad y de la comunión (expuestos por Benedicto XVI en la Caritas in veritate), el principio de subsidiariedad, el de la solidaridad, la necesidad de poner a la persona en el centro de los sistemas y de buscar una autoridad política mundial (ya pedida por Juan XXIII en la Pacem in terris) y, en especial, la necesidad de una economía del bien común, tan urgente en el contexto actual. Me parece que esta es hora de la creatividad por parte de los laicos cristianos presentes en nuestro mundo y conocedores de la complejidad de sus mecanismos.

 

+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona



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