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Cristianos en la política

En la tercera parte de su carta Octogesima adveniens (14.5.1971), el papa Pablo VI ofrecía algunas pautas sobre las actitudes de los cristianos ante la economía y la política.

1. Según él, la Iglesia no interviene ante los problemas sociales para apoyar una estructura, pero no se limita a recordar unos principios generales.

La doctrina social de la Iglesia surge de la reflexión sobre las situaciones concretas a la luz del Evangelio, para suscitar la voluntad de servicio y la atención a los más pobres (OA 42).

2. Esa reflexión exige instaurar una mayor justicia en la distribución de los bienes, en el plano nacional y en el internacional.

Hay que permitir a cada país promover su propio desarrollo, mediante una cooperación exenta de todo espíritu de dominio, económico y político. Y revisar la distribución de la producción, la estructura del comercio, el control de los beneficios y la ordenación del sistema monetario  (OA 43).

3. El Papa se refería a las empresas multinacionales, que pueden llevar a cabo estrategias sin control desde el punto de vista del bien común y conducir a una nueva forma de dictadura económica en el campo social, cultural e incluso político (OA 44).

4. Hoy es necesario un cambio de los corazones y de las estructuras.Las personas solo conseguirán la libertad por medio de un amor que las lleve a cultivar el hábito del servicio a los demás.

Sin ese hábito, solo se llega a un cambio de amos que, «instalados en el poder, se rodean de privilegios, limitan las libertades y permiten otras formas de injusticia» (OA 45).

5. Desde el punto de vista de la fe, la actividad económica puede ser fuente de fraternidad y signo de la Providencia divina, dar origen al diálogo y suscitar la cooperación.

La economía corre el riesgo de absorber las energías de la libertad. Por eso, es necesario el paso de la economía a una política que procure la realización del bien común, superando los intereses particulares (OA 46).

6. La política ofrece a los cristianos un camino serio y difícil para cumplir el deber de servir a los demás.

Si se dedican a la política han de ser fieles al Evangelio y  dar un testimonio de su fe mediante un servicio eficaz y desinteresado a la humanidad (OA 46).

7. Frente a una tecnocracia creciente, hay que inventar formas de democracia moderna. Para ello, cada persona necesita la posibilidad de informarse, de expresar su opinión y de comprometerse en una responsabilidad común (OA 47).

El Papa observa que hoy la libertad se entiende como reivindicación de la propia autonomía, en oposición a la libertad de los demás. Pero la verdadera libertad implica comprometerse y afanarse en una solidaridad activa. Solo entregándose al Dios que la libera, la persona encuentra la libertad restaurada en la muerte y en la resurrección del Señor.



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