Cartas de los obispos Última hora

Crisis, ocasión de crecimiento

En efecto, cuando la crisis pone ante nuestra mirada la realidad, la verdad de lo que realmente somos, y cuando al mismo tiempo conseguimos ver esa realidad interpretándola desde la Verdad sobre el sentido de la vida, entonces se nos abrirá un camino luminoso y cierto de crecimiento.

¿Cómo se realiza eso? El gran matemático Blaise Pascal, siendo todavía joven pero ya famoso, sufrió una grave enfermedad, quizá provocada por el exceso de trabajo. Es bien conocida su obra «Pensamientos», en la que él dejó plasmadas sus búsquedas y sus hallazgos en el terreno de la filosofía y de la fe. En este libro encontramos un capítulo, escrito a modo de oración en plena enfermedad, que tituló; «Para pedir a Dios el buen uso de las enfermedades». Nosotros podríamos traducir: Para pedir a Dios el buen uso de la crisis. Él viene a decir:

«Con esta enfermedad, Señor, me has despojado de mis capacidades (facultades) humanas; has dejado al descubiertoo mi desnudez. Entra como en casa de un amigo. Hallarás mis afectos; tómalos, tú los creaste según tu imagen; pero hoy esta imagen ya está obnubilada, porque fueron detrás de los deseos y satisfacciones de este mundo. Ahora te pido que me concedas un don: que solo te busque a ti, único bien, digno de ser deseado y amado. Solo eso me importa, delante de ti, como un anticipo de la mueerte, la hora de la verdad. Con esta enfermedad purifica mi corazón de los ídolos (tanto orgullo, complacencia y vanidad…) Así mi alma podrá pedir perdón por haber vivido las Bienaventuranzas al revés y entregarse a amar a Cristo absolutamente, con libertad, como lo único verdaderamente amable» (Blaise Pascal. Pensamientos. Barcelona 1983, 225ss.)

Pascal sabía que una crisis puede destruir la vida de una persona. Pero, según su fe, sabía que también puede hacerla crecer y salvarla. Esto era posible si lograba entender, interpretar, su enfermedad desde el sentido de la vida que había aprendido de su fe.

Por tanto, su punto de partida era hacerse esta pregunta: ¿qué sentido puede tener esta enfermedad, según lo que yo sé de Dios? Dios, el Dios de Jesucristo, que él buscaba constantemente y en el que él creía, es un padre que acompaña y educa a sus hijos, tomándolos de la mano desde el momento en que ellos sufren las consecuencias de sus errores y pecados. Estos errores y pecados, con palabras del propio Pascal, llegan a «borrar la imagen divina (inteligencia, libertad, amor), que ellos llevaban impresa desde la creación». El proyecto de Dios era, por ello, salvar a sus criaturas, conduciéndolos hasta que en ellas se reprodujera aquella imagen perdida. Concretamente ¿qué imagen? La de su Hijo Jesucristo, verdadero hombre, en quien vemos «recuperada», salvada, la humanidad y en quien reconocemos la verdadera imagen del Padre.

Entonces, ¿qué tenía que hacer? Volverse a Cristo, conocerle una vez más y amarle totalmente, como única medicina. Solo que Cristo le aparece como el hombre sufriente, totalmente abierto a la voluntad del Padre, abandonado a Él. De ahí que avabe su oración así:

«No te pido salud ni enfermedad, ni vida ni muerte, sino que dispongas de mi salud o enfermedad, vida o muerte, para tu gloria, para mi salvación y para utilidad de tu Iglesia y de tus santos… Dame o quítame, pero conforma mi voluntad a la tuya… y me disponga a cumplir los designios de tu providencia»

Una oración que desencadena toda una vida. Pero en definitiva una oración para amar como ama Cristo en la Cruz, donde sigue ofreciendo respuestas a cualquier ser humano en crisis y desde donde brotan tantos ríos de generosidad.

 

+ Agustí Cortés Soriano
Obispo de San Feliu de Lobregat

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