Carta del Obispo Iglesia en España

Crisis contemporáneas, por Celso Morga, arzobispo de Mérida-Badajoz

Crisis contemporáneas, por Celso Morga, arzobispo de Mérida-Badajoz

Queridos fieles:

Celebrábamos el domingo pasado la festividad de la Divina Misericordia en el Año de la Misericordia. El lunes celebramos la solemnidad de la Anunciación, la más grande e increíble misericordia de Dios. La misericordia de Dios se vuelca sobre la humanidad de la manera más escondida y silenciosa que pueda imaginarse. Solo una joven doncella conoce la noticia más sorprendente de la historia humana: la Encarnación del Hijo de Dios, un nuevo modo de amar aparecido en el mundo. Dios está enamorado de su criatura humana. Esta le responde con desobediencia y pecado, pero su Amor pasa por encima de todo ello. En vez de darle la espalda definitivamente, Dios intenta ganársela de una manera enternecedora: haciéndose niño en el seno inmaculado de María de Nazaret. ¡No hay palabras humanas capaces de describir la hermosura soberana de esta chifladura divina! El papa Francisco lo ha explicado reiteradamente acudiendo a la idea de un amor rebosante de ternura.

Es en este misterio de la Encarnación del Hijo de Dios donde aprendemos el valor de la vida humana. Por ello, la Iglesia ha unido la Jornada por la Vida a esta solemnidad y durante toda la semana se han celebrado actos en nuestra Archidiócesis para aprender a valorar siempre más la vida humana. Dios viene en medio de nosotros, necesitado de todo, como niño que ha estado en el seno de su madre durante nueve meses y, después, recién nacido, necesitado del amor de una madre, del calor de una familia. En este misterio grandioso de la Encarnación del Hijo de Dios, en el seno de una mujer, se ilumina el valor del amor conyugal y de la vida humana, el valor de cuidarla desde el primer instante y de educarla como misión propia de los cónyuges. Ellos son cooperadores del amor de Dios Creador, pero también sus intérpretes. Por eso, han de cumplir su misión con responsabilidad humana y cristiana, formándose un juicio recto, atendiendo tanto al propio bien personal como al bien de los hijos ya nacidos, o todavía por nacer, teniendo en cuenta todas las circunstancias que componen su vida. Este juicio lo han de formar los esposos personalmente ante Dios, conscientes que no pueden proceder a su antojo, sino que siempre deben regirse por la conciencia, la cual ha de ajustarse a la ley divina, dóciles al magisterio de la Iglesia, que interpreta auténticamente esa ley a la luz del Evangelio.

Una de las crisis más graves de hoy es haber hecho sospechosa esa ley de Dios, como si fuera contra la propia felicidad de la persona humana y de los cónyuges. De ahí nace otra de las crisis que provocan muchos conflictos y que es el machismo o el feminismo radical, que en su base sustituye la lucha de clases marxista por la lucha de sexos, atacando en su raíz la armonía y, por tanto, la igualdad y común dignidad de la mujer y del hombre como dos modos distintos y complementarios de ser persona humana. Otra de la crisis contemporáneas es la ideología de género, negando que haya una estructura natural en el ser hombre o ser mujer, sino que cada uno y cada una podría elegir sexo y todo lo que de ello se deriva y conlleva. Es la filosofía existencialista llevada al extremo: no hay esencia sino solo existencia cambiante y progresiva.

Frente a todo ello la Iglesia nos recuerda que no puede haber contradicción verdadera entre las leyes divinas sobre la persona humana, sobre el matrimonio y la trasmisión de la vida humana y el genuino fomento de la felicidad humana. La incansable misericordia de Dios nunca es un amor abstracto, impersonal sino que está en la base e ilumina toda la realidad humana. La misericordia de Dios nos envuelve completamente, esperando de nosotros una respuesta de amor.

+ Celso Morga
Arzobispo de Mérida-Badajoz

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