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Creo en España

Sí, sí. Ya sé la frase de san Agustín de que creer se cree en Dios nada más.

Y la de aquel fraile que decía algo parecido: “yo creer sólo creo en Dios… y a duras penas…”

Pero yo sí creo en España.

Creo en el proyecto que en la historia lleva siendo nuestro país por amor de tantos y tantos hombres y mujeres. Como algo que fue ayer -más antiguo que las leyes-, algo que es hoy -más fuerte que las leyes-, y algo que debería ser mañana -aun a pesar de tantas leyes-. Pese a tanto egoísta político de un signo y de otro. Pese a tanto error histórico. Pese a tanta traición del hoy. Pese a tanta sombra y amenaza de futuro.

Y España como la conocemos. O mejor aún, como fue y como puede ser. Ni rota, ni quebrada, ni mutilada. La división es hija del demonio, que esa es su etimología. Una y no cincuenta y una. Su gente hace a España. Y sus campos, sus ciudades y sus pueblos. Su historia. Su cultura. Todo lo que va contra eso es puro egoísmo. Romperla sólo es muestra de egoísmo contra los más pobres. Y contra nuestros mayores. La peor de las traiciones.

Y me consta que decir algo así en estos tiempos que corren, donde por no querer ver lo que nos rodea tiramos de adjetivo de fascista a todo alrededor, es casi que tirarse piedras sobre el propio tejado de la credibilidad pública. Pero hay momentos en los que hay que decir en qué cree uno. Ayer celebramos a santo Tomás Moro. Y ahora frente a las afrentas toca decirlo: creo en España.

Así son las cosas. No hay que justificarse -pese a tanto manipulador, tanto fariseo y tanto sofista- ni en la búsqueda de la verdad ni en la defensa del débil, ni en la providencia divina ni en las tesis de los enemigos de todo lo sano: uno cree en España.

España como realidad capaz de articular glorias, vínculos y justicias. Unas heredadas – lo ya hecho- otras como posibilidad -no cercenar lo que pueda ser-. Las más como proyecto y destino como decía Ortega.

España como regalo recibido de quienes tanto soñaron con el bien, la bondad y la justicia antes que nosotros.

España como grito, como defensa de los débiles, como memoria de quienes más sufren, de quienes nada tienen sino un sueño y una esperanza común: la patria es el único patrimonio de los pobres. Aunque los ricos quieran apropiársela. Aunque los fanáticos sin fe ni creencia sólo quieran destruirla. España como identidad.

España como herencia. Como don. Y como proyecto. Siempre por hacer. Pero desde las raíces reales que existen. Ni en el aire, ni en falso. España como esperanza fundada. Como proyecto real. Desde el ayer al mañana a pesar del hoy.

España como solidaridad. Como justicia.

España como resistencia frente a quienes quieren destruir todo lo sano y hermoso y justo y bello.

Creo en España. Y no es aceptable que la destruyan.

Vicente Niño Orti, OP. @vicenior



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