Firmas

Creer es fiarse de alguien, por José-Román Flecha Andrés (Diario de León, 24-11-2012)

“Yo no tengo fe”. A quien nos dice eso, podemos responderle que no es verdad. La fe en los demás es necesaria para poder vivir. Toda persona necesita creer y ser creída. Necesita fiarse de algo en lo que se apoya y de alguien en quien encontrar una referencia. Y, al mismo tiempo necesita ser vista como fiable. Si nadie creyera en nosotros nos volveríamos locos.

Ahora bien, esta relacionalidad de la fe es aplicable al ámbito sobrenatural. Necesitamos creer en Dios. Todos tenemos un absoluto que relativiza todo lo demás. A ese abosoluto le dedicamos tiempo y atención. Como los antiguos, también nosotros ofrecemos sacrificios a nuestro dios particular.

El creyente verdadero no es el que creen en algo, “porque algo tiene que haber”. El creyente cree en Alguien, al que venera como el fundamento de todo y de sí mismo. Lo reconoce como su origen y su destino. El creyente sabe y confiesa que Dios ha creído en él y qué él puede creer en Dios. Puede fiarse de Dios.

Muchos consideran a la fe como enemiga de la razón, cuando es su mejor aliada. Otros ven a la fe como la alienación del ser humano, cuando es el medio y el signo de la realización  de la vida personal y comunitaria. La fe es un don y una tarea. No es un botín adquirido de una vez para siempre: es un itinerario que hay que recorrer cada día.

En su  carta La Puerta de la fe, Benedicto XVI describe la fe apelando a sus efectos sobre la integridad de la persona, cuya vida queda renovada y purificada por ella: “La fe que actúa por el amor se convierte en un nuevo criterio de pensamiento y de acción que cambia toda la vida del hombre” (PF 10).

La fe es una respuesta a una llamada de Dios. La llamada a ser nosotros mismos y a salir de nosotros mismos. Esa renovación de la persona brota de la resurrección de Cristo yva unida al amor. El Papa escribe que “el corazón indica que el primer acto con el que se llega a la fe es don de Dios y acción de la gracia que actúa y transforma a la persona hasta en lo más íntimo”. (PF 10).

A veces se considera la fe como un mero sentimiento, íntimo, personal e incontrolable. Ya se sabe que el amor es más que un sentimiento: es un compromiso. Algo parecido dice el Papa con relación a la fe: “la fe implica un testimonio y un compromiso público. El cristiano no puede pensar nunca que creer es un hecho privado”.

En el momento actual se difunde por todas partes la idea de que es posible creer sin conocer ni mucho menos dar cuenta de las verdades que se dice creer. Como si la creencia fuera un acto meramente formal y sin contenidos. Según la carta La Puerta de la fe, “cuando se cree, se acepta libremente todo el misterio de la fe, ya que quien garantiza su verdad es Dios mismo que se revela y da a conocer su misterio de amor”. (PF 10).

En este año de la fe estamos llamados a preguntarse en quien creemos y por qué. Y, de paso, a procurar estudiar el qué y el porqué  de los que creemos.

José-Román Flecha Andrés

 

 

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Sobre el autor José Román Flecha Andrés

José Román Flecha Andrés, sacerdote, catedrático de Teología Moral, especializado en Bioética,

José Román Flecha Andrés

José Román Flecha Andrés, sacerdote, catedrático de Teología Moral, especializado en Bioética,

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