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Coria-Cáceres: manifiesto de la Delegación de Pastoral con Personas con Discapacidad

UNA IGLESIA CON TODOS Y PARA TODOS

     Esta delegación la promueve el obispo Francisco Cerro, y se crea gracias al fruto de las propuestas aprobadas en el XIV Sínodo Diocesano (2014-2018), y cuyas orientaciones y disposiciones entraron en vigor el 8 de Febrero del año pasado. Esta delegación nace con la vocación y la ilusión de que la inclusión y participación de la Persona con Discapacidad y su familia, se haga realidad en la Iglesia de la Diócesis de Coria-Cáceres haciendo resonar la voz de la iglesia en el entorno de la Discapacidad. Una Iglesia, que es ante todo Madre y maestra,  fiel transmisora del mensaje de Cristo, que está al lado de los más débiles y vulnerables. Una iglesia que acompaña y es acogedora. El Plan de actuación de la Delegación de Personas con Discapacidad de la diócesis está orientado a avanzar  en un modelo de convivencia que logre poco a poco ir eliminando todas las barreras arquitectónicas, sicológicas y cognitivas que dificultan el acceso a los templos, dependencias, a la Palabra de Dios, a la información, y a tener las mismas oportunidades que cualquier otra persona.

       No queremos un mundo y una iglesia sin nosotros, queremos un mundo y una Iglesia más nosotros, que sea,   que conozca, reconozca y respete nuestra diversidad.

        Las mujeres con discapacidad  conviven con situaciones de mayor riesgo de vulnerabilidad que el hombre con discapacidad.

Todavía hoy la plena inclusión de las Personas con Discapacidad, sea esta del tipo que sea, está  lejos de ser una realidad en el ámbito social y en la propia Iglesia.

Todos en potencia somos personas con discapacidad. La Discapacidad no es una enfermedad, es una situación que se tiene, no es algo que nos define.

Tener alguna discapacidad significa tener limitaciones, tener necesidades, pero también muchas capacidades,  “No somos un castigo de Dios, somos un don de Dios”.

Muchas de estas personas quieren encontrar su sitio en la sociedad y en la Iglesia.

La Persona con discapacidad merece el esfuerzo de todos los que integramos la Iglesia para ayudarlos a ocupar su lugar propio, el lugar que les corresponde, no sólo como meros receptores de la acción Pastoral, sino también como protagonistas de la misma.  Tienen una misión que Dios les ha encomendado; están llamados a Evangelizar.

La palabra integración existe porque existen barreras mentales que son un obstáculo mayor que las barreras arquitectónicas. Rompiendo las primeras se habrá conseguido romper las segundas.

Debemos cambiar términos: Discapacidad por capacidad; capacidad para realizar un trabajo que mejore nuestro entorno.  Cambiemos ayuda por autonomía, autonomía para desarrollar una vida plena,  autonomía para  tener una formación académica y laboral; autonomía para acceder a cualquier lugar, autonomía para   comunicarnos, para trabajar junto a otros, autonomía para aportar lo mejor de nosotros mismos. Cambiemos exclusión por inclusión social; inclusión en decisiones del ámbito eclesial, político, educativo, laboral, económico y cultural.

En el año 2015, la Asamblea general de la ONU aprobó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

La Agenda nos recuerda que los gobiernos deben  garantizar el derecho a la educación  en condiciones de igualdad; en el acceso a posibilidades de aprendizaje permanente que las ayuden a adquirir los  conocimientos y aptitudes necesarios para participar plenamente en la sociedad; en lograr el empleo pleno y productivo y garantizar un trabajo decente; en potenciar y promover la inclusión social, económica y política; o en  proporcionar acceso a sistemas de transporte seguros, asequibles, accesibles y sostenibles.

¿Cuántas personas con discapacidad se abren de nuevo a la vida en cuanto que son amadas?

NUESTRO MAYOR RETO COMO DELEGACIÓN ES LLEVAR LA PALABRA DE DIOS HASTA EL ÚLTIMO, ESTAR AL LADO Y TRABAJAR CON TODOS PARA CAMBIAR LAS ACTITUDES SOCIALES DE NUESTRO ENTORNO.

¡MUCHAS GRACIAS!

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