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Convocatorias, retos, celebraciones para 2016 – editorial ECCLESIA

Convocatorias, retos, celebraciones para 2016

            El nuevo año recién estrenado, 2016, llega en la Iglesia católica y desde la Iglesia católica bajo el signo de la misericordia. La convocatoria – gozosa realidad ya desde hace un mes- del Año Jubilar de la Misericordia es, sin duda, la principal de las citas del año, el mayor de sus reclamos.

La intuición del Papa, sin duda, inspirada desde lo Alto, de este año de especial gracia y de renovada llamada a la conversión y a la misión, no puede ser desaprovechada bajo ningún concepto. Sería una temeridad inadmisible. El Año Jubilar de la Misericordia debe, además, ser mucho más que un conjunto de actividades y de celebraciones. Debe ser –como afirmó Francisco el 8 de diciembre y como reflexionó ecclesia en su Editorial del su número 3.809- un tiempo, un año santo, para crecer en la convicción y en el ejercicio de la misericordia. ¿Cómo?: predicando con el ejemplo, estando pendientes no tanto de recibir misericordia, cuanto en dar y ofrecer misericordia, haciendo realidad el lema del año jubilar “Misericordiosos como el Padre”. Y es que si todos y cada uno -pastores y fieles, jefes y subalternos,  poderosos y débiles,…- somos misericordiosos con los demás, la misericordia llegará a todos y será más posible y más real el “sueño” de nuestro Dios, el Dios rico en misericordia, manantial inagotable de misericordia.

2016 será también mejor para todos si somos capaces de conjugar nuestros derechos con los derechos de los demás. Estos días se ha cumplido un año de la inaceptable e injustificable matanza de una docena de trabajadores de la revista satírica francesa “Charlie Hebdo”. Todo el mundo, casi todo el mundo, dijo hace un año querer ser  “Charlie Hebdo”. ¿Y cuál ha sido su respuesta al cumplirse el primer aniversario de la masacre? La viñeta de un “dios” armado con un kalashnikov y la leyenda «Un año después, el asesino sigue corriendo». Dicen que la tirada de este siniestro número ha alcanzado el millón de ejemplares. ¿Esto justifica algo? ¿La libertad de expresión puede amparar el insulto? Un año después de aquel horror yihadista inadmisible, ¿es ahora el tiempo de la venganza, del resentimiento, del insulto, del odio, de la provocación?

2016 ha llegado a España con un panorama político –y por ello también social y económico- marcado, de nuevo, bajo el signo de la incertidumbre. Y la sombra de la inestabilidad e ingobernabilidad planea sobre todo nosotros.  Ni ecclesia ni la Iglesia católica pretendemos tener la razón y la solución. Pero creemos, como afirmábamos inequívocamente en nuestro comentario Editorial del último número de 2015, que la fragmentación electoral, que la nueva pluralidad emanada de las urnas del pasado 20 de diciembre, llaman a la responsabilidad, al sentido de Estado, a la altura de miras, a la concordia, a la concertación, al pacto, al diálogo, en suma, a respetar los resultados de las urnas y a poner como prioridades el bien común de España, su unidad en la diversidad y su gobernabilidad y estabilidad.

El respeto que acabamos de invocar, referido a la libertad religiosa y creencias y el respeto a la voluntad de los ciudadanos, ha de plasmarse asimismo en las expresiones públicas y privadas de la vida y en el conjunto de sus actividades y convocatorias. En este sentido, no podemos por menos que deplorar algunas rancias manifestaciones de corte anticristiano que, en aras a una supuesta pluralidad, se han llevado a cabo en Navidad en algunos y destacados ayuntamientos de España a propósito de la decoración de sus calles, de la colocación de los Belenes y de la misma cabalgata de Reyes. Las tradiciones, creencias, gustos y preferencias de la mayoría de los ciudadanos han de seguir mereciendo todos los respetos, que algunos han vulnerado estos días injusta e innecesariamente.

Por último, no podemos por menos que referirnos a nosotros mismos, a ecclesia, sí. Y es que cumplimos 75 años. Nacimos el 2 de enero de 1941. Y el gran “regalo” de cumpleaños que pretendemos ofrecer a nuestros lectores es renovar nuestra gratitud y nuestro compromiso periodístico y eclesial por seguir dando lo mejor de nosotros mismos. ¿Cómo?: por tercer año consecutivo, seguimos manteniendo sin incremento nuestros precios; seguiremos renovando nuestros contenidos, colaboraciones y presentaciones; y, sobre todo, seguimos queriendo servir a la Iglesia como la Iglesia ha de ser servida. Y el resto, se nos dará, a  todos, por añadidura.

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