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Rincón Litúrgico

Convertíos, reflexión homilética, por José-Román Flecha Andrés (26-1-2020)

“Convertíos porque está cerca el reino de los cielos” (Mt 4,17) Señor Jesús, el evangelio ha resumido el mensaje que tú repetías por las tierras de Galilea en una sola frase: “Convertíos porque está cerca el reino de los cielos” (Mt 4,17). Convertirse es un desgarro, que implica dejar algo a lo que nos sentimos fuertemente vinculados. Quien se convierte decide cambiar la escala de sus valores y preferencias. Convertirse significa abandonar esos lugares de refugio en los que encontrábamos un poco de seguridad.

Con ello abandonamos ideas fijas, metas que parecían necesarias y medios que creíamos imprescindibles. Para convertirnos necesitamos dejar una comprensión de nosotros mismos. Quien se convierte es porque ha descubierto que el ideal de la felicidad a la que aspira está en otra parte.

La conversión supone haber encontrado algo importante y valioso. No hay conversión si no hay una búsqueda y un encuentro con algo que nos atrae. O mejor, con alguien que nos propone la realización de nosotros mismos. Convertirse es descubrir el rostro y el corazón que Dios ha soñado para nosotros.

Tú, Señor, nos presentaste el ideal del reino de los cielos. En realidad no hemos de convertirnos para que llegue pronto, sino porque ya ha llegado y está entre nosotros. Contigo ha llegado el señorío de Dios, que nos ofrece una nueva dignidad personal y los planos para un nuevo diseño del mundo.

Ha llegado el reino del amor y por eso podemos dejar nuestra indiferencia y nuestra apatía, nuestros celos y nuestra orfandad. Estamos llamados a salir de nuestros burladeros y afrontar el riesgo de adorar al invisible. Es la hora de abandonar la esclavitud para poder soñar con la libertad del amor a Dios y el servicio a los hermanos.

Señor Jesús, ayúdanos a escuchar tu voz que nos invita a la conversión y muéstranos la fuerza y el amor del Dios que nos ofrece la paz de su reino. Amén.

José-Román Flecha Andrés

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