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Conversión: curar el corazón, por Eusebio Hernández Sola, obispo de Tarazona

Conversión: curar el corazón, por Eusebio Hernández Sola, obispo de Tarazona

Queridos hermanos y amigos:

En este segundo domingo del Adviento toma el protagonismo en el Evangelio de hoy (Juan 1, 6-8. 19-28) la figura de San Juan Bautista. Es uno de los personajes que dan una tonalidad especial a este tiempo; junto a él también las figuras de los profetas del Antiguo Testamento, de un modo especial Isaías y sobre todo la Santísima Virgen María en la que nos centraremos el próximo domingo y en el último tramo del Adviento.

San Juan Bautista es un eslabón que une los dos Testamentos, es el último de los profetas que continuamente en el Antiguo invitan al pueblo a la fidelidad a la Alianza y es la vez el que presenta la Alianza definitiva de Cristo: “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1, 29). Juan Bautista es, como nos dice hoy el texto evangélico, el hombre enviado por Dios, que viene como testigo, para dar testimonio de la luz y para que por él todos vinieran a la fe.

La figura del Bautista nos invita en este tiempo de Adviento a escuchar su anuncio: en Cristo tenemos todos una esperanza para nuestras vidas. Él es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo; por lo tanto, ante todo lo que de negativo y triste hay en nosotros tenemos una respuesta y una luz que viene de Cristo y nos invita a la fe.

Esta esperanza es la que nos propone la primera lectura del profeta Isaías (61, 1-2a.10-11) y que se cumple plenamente en Cristo, ya que Él es el que ha sido enviado para dar la buena noticia a los que sufren y vendar los corazones desgarrados. ¡Qué necesario es hoy que tantas personas encuentren a quien cura los corazones y las vidas desgarradas! Por eso es importante que nosotros en este tiempo de Adviento, como Juan Bautista, podamos con nuestras vidas, palabras y acciones prolongar dentro de la Iglesia esta misión de Cristo.

Para poder proseguir la misión de Cristo necesitamos tener un espíritu de conversión, como siempre indica la figura de San Juan Bautista. La conversión que siempre supone un cambio de vida y de mentalidad, y realizar en nuestras vidas una opción por seguir los caminos del Señor llenos de confianza y de amor.

A veces la conversión puede parecernos dolorosa ya que supone una separación en nuestra vida de lo que es el trigo y la paja, de lo que es oscuridad y de lo que es la luz. Siempre cuesta desprendernos de nuestras falsas seguridades para ponernos con confianza en las manos de Dios; pero es algo que, lejos de frustrar nuestras vidas, le da un nuevo impulso y la llena de una esperanza que nada ni nadie nos podrá jamás quitar.

Espero que estos días que nos restan del Adviento sepamos todos reavivar la llamada que este tiempo supone para nuestras vidas.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona



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