Mártires del Siglo XX en España

Conversación con el hermano del Padre Narciso Pascual, quien murió mártir con 19 años y que será beatificado en Tarragona

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Todo acontecimiento bueno produce en quien lo recibe alegría, entusiasmo, esperanza. Y la beatificación del Hermano Narciso es un acontecimiento bueno para toda la Iglesia, pero de una manera especial, para su familia. Con este motivo nos hemos puesto en comunicación con el Padre Pedro Pascual Pascual, misionero paúl, actualmente destinado en el Santuario de Nuestra Señora de Los Milagros, provincia y diócesis de Ourense y, a la vez, hermano de sangre y de Congregación, del nuevo Beato Narciso Pascual. Con él hemos tenido esta interesante conversación.

 

 

+ Buenos días, Padre Pascual.

Supongo que estos serán unos días de profunda emoción para usted y para toda su familia. ¿Cómo lo están viviendo?

 

El primer sentimiento, que nos embarga a la familia, es el de dar gracias a Dios que ha tenido a bien, elegir a un miembro de ella para dar testimonio de su fe con la entrega de su sangre el día 6 de diciembre del año l936 en Guadalajara.

 

+ ¿Qué recuerda de su hermano?

 

Mi hermano Narciso entró muy joven en la Congregación de la Misión, Padres Paúles, precisamente en este Santuario de Los Milagros. De aquí pasó a Hortaleza –Madrid, para hacer el Seminario, el 26 de Noviembre de 1933. Yo nací en el año 1929 por lo que puedes comprender que mi imagen es lejana pero, a la vez, la suficiente como para conservar dos imágenes. Tendría yo tres años cuando se fue de casa y no volvió, porque murió lejos de Galicia.

 

La primera imagen es verlo sentado en el “escano” de la cocina. El escano era un mueble de cocina, que constaba de unos asientos amplios y cómodos, y de una especie de mesa, que se bajaba para comer y el resto del tiempo permanecía levantada. La primera imagen es Narciso sentado en ese escano.

 

La segunda imagen, cuando Narciso era postulante aquí, en Los Milagros. Venimos a verlo mi madre y yo y salió a recibirnos por la puerta del comedor de los colegiales. Estaba en la cocina y salió tal como estaba, con el mandil de cocinero. No me pregunten si era alto o bajo, feo o guapo. No lo recuerdo.

 

+ Y… desde esta última vez que le vio

¿cuál fue su recorrido en la Congregación?

 

Con la guerra ya en marcha Narciso aceptó tres destinos distintos en obediencia a sus Superiores: Cuenca, Valdemoro y Guadalajara. Algunos vecinos suyos, que estaban con él en Cuenca, regresaron a sus casas al empezar la guerra, pero él vio la voluntad de Dios siguiendo en la vocación, hasta tal punto que escribe a mis padres en estos términos: “Si me matan, muero por Cristo. Estoy dispuesto a todo, porque si morimos, morimos por la fe de Cristo y por nuestra amada patria, en defensa de su santo ideal y así nos salvaremos”. Y, lejos de tener angustia, intenta animar a la familia y especialmente a los padres a no tener pena por él.

 

+ Padre Pascual… usted me habló al principio de un primer sentimiento

¿cuál es el segundo?

 

El segundo y el tercero (ríe)… te voy a contar otros dos más. Mira el segundo es la alegría, porque Dios premió la fe de mis padres con el martirio de uno de sus hijos. El deseo de mis padres era que todos sus hijos fuesen Paúles y sus hijas monjas. De los seis hijos varones, que tuvieron, cinco pasamos por la Apostólica que entonces teníamos aquí, en este Santuario de los Milagros, muy cercano a la casa donde vivíamos nosotros, con la idea firme de convertirnos en Paúles bien Hermanos o bien sacerdotes. De los seis varones perseveramos Serafín, que dejó la comunidad al estallar la guerra, Narciso, los dos como Hermanos (en aquella época se llamaban “coadjutores”), y yo como sacerdote. De las tres hijas, una fue Hija de la Caridad.

 

Esta alegría de la familia la manifestaremos asistiendo los tres hermanos que quedamos y un gran número de sobrinos a la beatificación de Narciso el próximo día 13 en Tarragona. Dios y Narciso se merecen ese pequeño homenaje, aunque suponga sacrificio para nosotros. Pero lo hacemos con gusto. Los tres hermanos somos de edad avanzada: Dolores con 87 años, Pedro con 84, Antonio con 79.

 

+ Padre Pascual y… (me interrumpe riendo y dice…)

 

Sí, sí… el tercero. Mira el tercer sentimiento es de compromiso, intentar llegar lo más cerca posible de lo que fue Narciso. La Iglesia ahora le reconoce como digno de admiración, como beato, camino de la santidad reconocida oficialmente. Llegar a ser santos. Nos ha puesto el listón muy alto pero mi compromiso personal es trabajar todo lo que pueda para extender el Reino de Dios allí donde la obediencia me destine para los pocos años de vida que me puedan quedar. Y a mis hermanos les digo que sigan siendo buenas personas como lo fueron nuestros padres. De ellos se sirvió Dios para ser lo que somos.

 

+ Padre… ¿cuándo supieron de la entrega del Hermano Narciso?

 

Narciso murió el 6 de diciembre del año l936 en Guadalajara. Durante toda la guerra no supimos nada de su muerte o de su paradero. La única persona de la familia, que tenía asumida la muerte de Narciso, era nuestra madre. ¡Cuántas personas venían a consolarla con la noticia de que Narciso estaba en Rusia, en Alemania…! La respuesta de mi madre era siempre la misma: “La Rusia de mi hijo es el cielo”.

 

Con todo, cuando llegó la noticia, comunicada desde Zaragoza por mi hermano mayor, lloró amargamente. Era su hijo. Mi hermano José fue el que comunicó la noticia; se dirigió a Madrid, y en García de Paredes le confirmaron la muerte de Narciso en el año l936 en Guadalajara. E inmediatamente comunicó la noticia a mis padres. Era la víspera de la fiesta del Corpus Christi, cuando llegó la noticia.

+ Muchas gracias, Padre Pedro Pascual por compartir con todos nosotros sus recuerdos y estos momentos tan significativos para la Congregación de la Misión,

para su vida y la de su familia… ¿quiere dejarnos algún mensaje?

 

Sí. Quiero extender mi acción de gracias a Dios, a tantas personas buenas con las que me encuentro y que me desean todo lo bueno del mundo, a mí y a toda mi familia. Para ellos va mi súplica a mi hermano, el nuevo Beato Narciso.

Que él nos proteja a todos desde el cielo.

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