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Contra gula, sobriedad, por José-Román Flecha Andrés, en Diario de León (16-8-2014)

Contra gula, sobriedad, por José-Román Flecha Andrés, en Diario de León (16-8-2014)

Los refranes populares alaban con frecuencia la buena comida y al buen comedor. Pero algunos advierten contra los excesos en el comer y en el beber: “Gula y vanidad crecen con la edad”. “No peca de gula quien nunca tuvo hartura”. “Más gente ha matado la gula que la espada”. “Gula y gala pierden muchas casas”.

La buena comida conforta a la persona y la ayuda a mantenerse sana. Alimentarse es un derecho y un deber. Sin embargo, el placer de comer puede buscarse por sí mismo y determinar tal desorden que la persona pierda la compostura, la razón y la salud.

De ahí que la sabiduría popular alabe y proponga la moderación a la hora de acercarse a la mesa. Es cierto que la sobriedad en el comer y en el beber se aconseja casi solamente con el fin de preservar la salud o de evitar el derroche de la fortuna. Casi nunca se encuentra en el refranero alguna advertencia sobre los excesos en la comida y la bebida con la atención puesta en los bienes del espíritu o en la responsabilidad de compartir los alimentos con quien padece hambre.

San Juan de Ávila escribe que la meditación de la pasión de Cristo nos ayuda a mortificar las pasiones. En ese contexto se refiere también a la gula: “Y, viéndole vos con tantas deshonras que por vuestro amor pasó, se encenderá vuestro corazón a desechar de vos la afición de la honra; y su paciencia matará vuestra ira; y su hiel y vinagre será remedio de vuestra gula; y verlo obediente a su Padre hasta muerte de cruz domará vuestra cerviz para obedecer a su santa voluntad, aun en lo muy trabajoso”.

En un sermón recuerda el episodio bíblico de la serpiente de bronce levantada por Moisés en el desierto (cf. Núm 21,8) y presenta la mirada al crucificado como remedio de todas las pasiones, entre las cuales menciona también la gula: “Cuando te sintieres picado de la víbora con la gula, alza los ojos a Jesucristo hambriento en la cruz, y sanarás de esa llaga”.

De todas formas, el vicio de la gula hoy ha de ser visto, además, en el marco de las adicciones a la comida y la bebida, a las drogas y otras formas de esclavitud que impiden la libertad de la persona.

Sin embargo, en el momento actual, la reflexión sobre el pecado de gula ha de trascender el marco individual. Mientras el acaparamiento y el abuso de los alimentos caracteriza a los países más desarrollados, en muchos pueblos el azote del hambre es la causa más frecuente de la muerte.

El papa Francisco ha escrito que “nos escandaliza el hecho de saber que existe alimento suficiente para todos y que el hambre se debe a la mala distribución de los bienes y de la renta. El problema se agrava con la práctica generalizada del desperdicio”.

Muchas religiones proponen la ascética de la abstinencia y el ayuno como medio para el dominio personal, para el fomento de la generosidad y para el ascenso del alma hacia Dios.  En nuestra sociedad, la sobriedad es hoy una responsabilidad universal.

 

José-Román Flecha Andrés



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