Firmas

Contemplad el mundo con la mirada de Dios

CONTEMPLAD EL MUNDO CON LA MIRADA DE DIOS

Este año, el lema para celebrar la jornada Pro Ornatibus nos da la clave para adentrarnos en un mundo que para muchos es, quizá, desconocido: Contemplad con la mirada de Dios. Contemplar supone un gran espacio de silencio, pensarían algunos, y realmente no se equivocan del todo, pero es una forma de vida que algunos eligen. Otros lo relacionan con la soledad y, ciertamente, es un aspecto muy importante a la hora de entrar en nosotros mismos, porque la soledad no solo consiste en no estar con nadie… La soledad es, en definitiva, saberse acompañado por el único Señor. Y aquí comienzo a adentrarme en este latido del contemplar, por lo que implica ese viaje al interior de nosotros mismos. Es, también, un viaje hacia toda la creación, hacia mi hermano; porque no podemos contemplar lo que no conocemos, igual que no lo podemos amar…

Por eso, hay que mirar todo lo que acontece, y es que es todo, porque todo cuenta en esta vida, sin descartar a nadie en la cotidianeidad de nuestras vidas. Viajar en cada instante a la bodega interior, donde somos realmente, en la entraña del alma. Fuera de nosotros mismos no podemos ser, pues es ahí, en el centro y mitad del castillo, donde habita el verdadero Rey donde habitamos nosotros mismos.

Considero que contemplar es mirar con la misma mirada de Dios. Es, entonces, donde surge la pregunta: ¿Cómo mira Dios? Y observando la naturaleza, la vida de las personas, un árbol que ya ha dado su fruto, un pequeño pájaro bebiendo agua, pasar una golondrina… Mirando lo que estaba alrededor, me llevó a responder a esa pregunta, y grito: ¡Eureka! Dios mira todo como es, sin añadir ni quitar nada. Él mira tal cual son las cosas: el sol es sol, la noche es noche… no hay otra cosa. Pero, en esa realidad, en ese tal cual son las cosas, está su amor, pues ama todo como es, porque Él lo ha creado. Y ahí la invitación a poder todos contemplar, amar la realidad como es, sin querer transformarla, o simplemente huir porque no me gusta.

Había pensado en las guerras, en tanto sufrimiento, y Dios esto lo mira con dolor, pero mira esa realidad tal cual es. Nosotros, como contemplativos, no podemos cambiar la realidad, todo lo que acontece, pero sí lo podemos ver con esta mirada de Amor, y muchas veces con dolor, porque para aquel que contempla no es ajeno el dolor del hermano… Y, si lo miramos de esta manera, podemos contemplar desde nuestro lugar, en cualquier lugar, porque el otro es creatura de Dios, y así como lo mira Dios, nos mira a cada uno… nos ama a cada uno.

Contemplar la realidad de nuestro interior al principio es duro pero, poco a poco, vamos amando lo que encontramos y, cuando lo llegamos a aceptar tal cual es, (¡hola, ese soy yo!), entonces ocurre el gran milagro de la justificación del otro, en todas las dimensiones, porque entendemos que todos tenemos un ser, del que muchas veces huimos o no somos conscientes, pero que no es imposible encontrar. Y podemos, a través de un viaje interior, llegar al mundo inimaginable del verdadero Amor que nos habita: de ese que se entregó en la Cruz y que ni siquiera en ese momento dejó de contemplar la humanidad y justificarla. O cuando dijo María: «Hágase…», y estuvo al pie de la cruz, sin dejar de amar y cambiar la realidad.

Entonces, cantamos con san Pablo que lo más importante es el amor, pero un amor verdaderamente entregado, en la soledad y el silencio de vida que muchos abrazamos. Y hay muchos otros que abrazan la contemplación desde la cotidianeidad, pero en todos lo propio es amar. Porque amar encuentra su sentido en las obras y no en un puñado de razones. Así, y sólo así, podemos decir que contemplar –mirar con la mirada de Dios– se resume en un verbo que, en Él, se hace Palabra: AMAR.

Yudis Isabel de la Santa Cruz

Carmelita Descalza de la Inmaculada Concepción (Talavera la Real, Badajoz)

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