Editoriales Ecclesia

Consenso y serenidad educativa

El Gobierno español planea realizar la octava reforma educativa en 40 años. Probablemente antes del verano verá la luz la llamada Ley Celaá. Y por las tensiones y el ambiente crispado de estos últimos días, todo parece indicar que debemos redoblar nuestros esfuerzos y comprometernos más seriamente por encontrar el consenso y la estabilidad tan necesarios para una reforma de este calado. El artículo 27 de la Constitución sigue siendo el punto de referencia para el diálogo y el acuerdo. Tanto «el pin parental» como las palabras de la ministra de Educación sobre los hijos, que no son propiedad de los padres, son cortinas de humo que enrarecen el ambiente, desatan las pasiones más desafortunadas y enzarzan a los ciudadanos en debates demasiado encendidos y subidos de tono. Los hijos claro que no pertenecen a los padres ¡y mucho menos al Estado! Los hijos pertenecen a Dios y los padres tienen la primera responsabilidad sobre ellos. Y así como un sector de la población no quiere que se enseñe a sus hijos Religión, otro sector está en contra de perder el control de la educación de los menores y propone un instrumento que ayude a conocer las propuestas formativas que se hacen a sus hijos para implicarse en ellas o desautorizarlas. Lo que está claro es que los padres deben asumir el ideario del centro al matricular a sus hijos y el Estado no puede suplantar el derecho de los padres a elegir la formación moral que quieren para sus hijos. Ante esta situación, necesitamos calmar las emociones y encontrar el diálogo sereno y tranquilo entre los políticos, es la mejor de las educaciones que podemos ofrecer a nuestros hijos: el ejemplo. Pero, sobre todo, que este ambiente de crispación que transmiten los medios de comunicación no se cuele en nuestras casas.

Print Friendly, PDF & Email