Opinión

Consagrados al Señor, por José-Román Flecha Andrés en Diario de León (3-2-2018)

 

Consagrados al Señor, por José-Román Flecha Andrés en Diario de León (3-2-2018)

El día 2 de febrero celebramos la fiesta de La Presentación del niño Jesús en el Templo y la Purificación de María. Como se nos dice en el evangelio de Lucas, José y María se acercan al Templo y, de acuerdo con la Ley de Moisés, ofrecen el Niño a Dios. No lo dejan allí, sino que al mismo tiempo lo “rescatan” mediante la ofrenda ritual de las tórtolas.

Estos datos evangélicos han dado motivo para dedicar este día a la vida consagrada. Claro que en un mundo como el nuestro es fácil que muchas personas se pregunten qué quiere significar ese título.

Pues bien, recordemos que ya en el bautismo hemos sido consagrados como miembros del Cuerpo de Cristo, sacerdote, profeta y rey. Esa consagración nos entrega el don de la fe y nos confía la tarea de anunciarla a todo el mundo con alegría y valentía.

Pero además, contamos en la Iglesia con hombres y mujeres que han escuchado la llamada a vivir la consagración bautismal de un modo más radical. Y han decidido vivir especialmente consagrados al Señor y al servicio del Evangelio. Es esa una vocación que viene del Espíritu Santo e incluye al menos cinco objetivos fundamentales:

  • Consagrarse totalmente a Dios.
  • Seguir a Jesucristo en la Iglesia.
  • Adoptar los valores evangélicos de pobreza, castidad y obediencia.
  • Vivir en la caridad el servicio al Reino de Dios.
  • Y anunciar con la propia vida la esperanza de la vida eterna.

Si quedan todavía algunos cristianos que no conocen estos modos de vida, habrá que hacer lo posible para que se produzca este encuentro y ese conocimiento. Hay que esforzarse en tender puentes más que en levantar muros. Ignorarse mutuamente en nada beneficia a la Iglesia ni a la misión que ha sido confiada a los consagrados con vistas al anuncio del Evangelio.

Así que, el acercamiento ayudará, por una parte, a todos los bautizados al ver enriquecida su vida de fe, esperanza y caridad, al conocer la vida consagrada y al participar en su misión de oración a Dios y de servicio a los hijos de Dios.

Por otro lado, las personas consagradas deberán acercarse a todo el Pueblo de Dios. Así descubrirán los dones y carismas que el Espíritu Santo derrama sobre los bautizados. Ellos dan testimonio en el mundo de la vida nueva que comporta el bautismo.

Además, la Jornada dedicada a la vida consagrada puede ayudar a las personas consagradas a dar gracias a Dios por su vocación. Y debe alentarlas a preguntarse si viven la “alegría del Evangelio”, a la que se refiere el papa Francisco.

Y finalmente, esta Jornada puede ayudar a todos los cristianos a unir su oración a la oración de los consagrados y de las consagradas. Pidamos juntos al Espíritu que la luz de la fe alumbre a todos los que miran a la Iglesia y a sus hijos, buscando en ellos un signo de esperanza y el compromiso del verdadero amor.

José-Román Flecha Andrés

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