Congreso de Laicos

Congreso Nacional de Laicos: Un camino sinodal, por Javier Salinas

Inmersos en un cambio de época, con todos sus desafíos y posibilidades, el Pueblo santo de Dios está llamado a desarrollar una nueva etapa en su misión evangelizadora. Todos los miembros de este Pueblo, cada uno según sus dones y ministerios, tenemos una vocación común al apostolado (AA, 2). En esta línea, la Conferencia Episcopal Española, fruto del rico diálogo de la Asamblea Plenaria del mes de abril del 2018, ha convocado el Congreso Nacional de Laicos «Pueblo de Dios en salida», cuya organización ha sido encomendada a la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (CEAS).

Este Congreso cuenta con la participación de las diócesis, movimientos y asociaciones de apostolado seglar, con un objetivo común, en la línea del Magisterio del Papa Francisco: «Impulsar la conversión pastoral y misionera en el Pueblo de Dios». Es una nueva oportunidad que Dios nos ofrece para la renovación de la comunidad eclesial y para mostrar la fuerza salvadora del Evangelio y así dar razón de nuestra esperanza (cf. 1Pe 3, 15). Una hora del Espíritu de Dios que siempre suscita la respuesta de la fe y el amor, amplía nuestra mirada y orienta y acompaña nuestras decisiones en el camino de este tiempo que nos corresponde vivir.

Un Congreso que se ha desarrollado desde el principio como un camino sinodal, siguiendo la propuesta del Papa Francisco: «El camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio». En esta hora, como siempre, es fundamental volver a lo esencial del Evangelio, y también hacer visible que todos los bautizados tenemos una común misión. Por ello, el Congreso se ha pensado y se está realizando como un caminar juntos bajo la guía del Espíritu Santo, pues es quien nos lleva a reconocer lo que estamos llamados a ofrecer a nuestra sociedad marcada por gozos y heridas.

La sinodalidad constituye una dimensión transversal de todo el camino en el que se desarrolla el Congreso. Esta no es una palabra mágica, sino más bien un nuevo estilo de ser Iglesia y de realizar su misión apostólica. El Congreso no es un encuentro de expertos o grandes técnicos sino ante todo pretende mantener una conversación de todos aquellos que estamos implicados, pues sus participantes viven su vocación cristiana, que tiene su fundamento en el sacramento del bautismo. Desde ahí ofrecen múltiples respuestas para hacer realidad el ser propio de la Iglesia: evangelizar.

La primera etapa ha estado dedicada a la escucha de la realidad eclesial tal como la perciben los laicos y, al mismo tiempo, nos han ofrecido caminos para la misión. Fruto de todo ello es el Instrumento de Trabajo que se ha presentado y que ha sido realizado a través de grupos de laicos que siguen de cerca el desarrollo de este Congreso. Escuchar es una de las tareas más importantes de la hora presente. No se trata de ofrecer al laicado una serie de respuestas preconfeccionadas y recetas preparadas, sino dejarse interpelar y conversar sobre aquellas realidades que afectan a su vida y a su misión eclesial, en la Iglesia y en el mundo.

Ha sido un ejercicio de corresponsabilidad de los laicos que han participado en el camino, tanto en quienes han ejercido una misión más directiva y quienes en sus parroquias han dedicado tiempo a preguntarse qué podemos hacer para vivir hoy como cristianos, superando la tentación de mirarnos a nosotros mismos o de dejarnos abatir ante las dificultades que nos rodean. Un camino que, junto al esfuerzo personal de cada uno, a la puesta en común de los dones y experiencias de cada grupo, nos ha ofrecido la oportunidad de experimentar la presencia del Espíritu que siempre guía a la Iglesia y lleva a vivir de las dificultades como nuevas oportunidades para la misión, pues se trata de realizar el sueño misionero de llegar a todos. «Porque la sinodalidad supone y requiere la irrupción del Espíritu Santo» (Carta del Papa Francisco al Pueblo de Dios que peregrina en Alemania, 29 de junio de 2019).

Esta es la dinámica que conduce al Congreso. En él se continuará la conversación ampliando horizontes a través de las distintas ponencias y experiencias que deben llevar a los congresistas a responder a estas preguntas que han marcado el itinerario recorrido hasta el momento: ¿Qué actitudes convertir? ¿Qué procesos activar? ¿Qué proyectos proponer?

El tiempo de escucha se completa con la interpretación de la situación —a la luz de la Palabra de Dios y del reciente Magisterio de la Iglesia— a fin de descubrir los signos de los tiempos: cuál es la llamada del Espíritu en este momento. Este tiempo de interpretación tendrá en el Congreso un peso más intenso. Esta dinámica es incompleta sin pasar a la acción: elegir el camino a recorrer. Un momento en que en cada una de las diócesis, presidida por su Pastor, decidirán el camino a recorrer. El Congreso ha sido el inicio de un estilo sinodal de Iglesia, de caminar juntos, que desemboca en una renovación: no bastan los nuevos discursos. Entrar en las acciones con humildad y valentía.

El Congreso tiene una proyección hacia el futuro en el que los obispos de la Conferencia Episcopal tendrán su momento para una aportación propia, ejercicio de su misión magisterial, pues una Iglesia sinodal es también una Iglesia apostólica.

NOTA: (1) Francisco, Discurso en la Conmemoración del 50 aniversario de la Institución del Sínodo de los Obispos (17 de octubre de 2015)

+Javier Salinas

Obispo auxiliar de Valencia y presidente de la CEAS

Print Friendly, PDF & Email